El estercolero

noviembre 14, 2022

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En Honduras, entre unos y otros, políticos, gobernantes y todos los que tienen que ver con la conducción de los asuntos del país, han conseguido liquidar el caudal de ilusión y esperanza que hizo brotar en la nación hondureña el advenimiento de la democracia. De eso hace más de 40 años, después de muchos años de dictadura militar en que nuestro país regreso al escenario político con el poder civil encabezando el orden público, con la confianza de que todo nos iría mejor. Cuarenta años no han sido suficiente para que el sistema partidista madurara, porque si bien la reinstauración de la democracia resultó ser una gigantesca conquista colectiva, en la que tuvimos que ver de manera especial los medios de opinión pública, la ciudadanía ha visto con tristeza que muchos políticos dejaron de ver al país como un objetivo de Estado para convertirlo en una cueva de Alí Babá con más de cuarenta ladrones.



La responsabilidad es compartida entre los partidos, y aunque unos han metido las manos en el tesoro público más que otros, la mayor parte de la responsabilidad corresponde a los políticos abusivos que, pregonando un discurso anticorrupción, han llegado al extremo de la indecencia con la peor de todas las disposiciones atentatorias que es pisotear y desconocer las leyes, para convertir a Honduras en un país donde no existe el Estado de seguridad jurídica.

Nunca antes, desde que retornamos al orden constitucional se había dado la situación que un partido se apropiara por la fuerza de la junta directiva del Congreso Nacional. Ese proceso violento ha sumido al Congreso Nacional en un estercolero, arrastrando al resto del país en una corriente de irregularidades, porque en Derecho existe el efecto cascada, cuando un hecho que originariamente ha nacido en la ilegalidad convierte todo lo demás que encuentra a su paso en un contexto ilegal.

Aferrándose al clavo ardiente de la arbitrariedad y la fuerza bruta, el Partido LIBRE ha querido que toda la nación acepte como normal una elección completamente irregular (que ni siquiera sus más altos dirigentes reconocen como algo legal) desde el momento en que tuvieron el cuidado que la juramentación de la Presidente Xiomara Castro la hiciera una jueza de los tribunales de justicia, y no el diputado Luis Redondo, sabiendo que este hubiera transmitido su situación ilegal a la Presidente de la República, que a su vez hubiera quedado en la misma condición del ilegal presidente del Congreso Nacional.

Al elaborarse un mapa de la corrupción en Honduras, en estos momentos aparece en primer lugar el Congreso Nacional en un totum revolutum desde el momento en que es dirigido por una junta directiva que fue impuesta fuera del marco de la Constitución, presidida por el diputado Luis Redondo que en cada comparecencia parlamentaria apela a una munición verbal acusando de corruptos a todos los demás, mientras el encarna a la corrupción misma al ubicarse en el primer lugar del ranking con la más alta categoría, como es la usurpación de funciones.

No hay ningún argumento defensivo válido para justificar una usurpación de funciones, que es lo que sucedió en enero en el momento que se procedía a elegir la junta directiva del Congreso Nacional. Cuando se trata de violar la ley es como el embarazo de una mujer, está o no está embarazada, y si se trata de honradez, se es o no es honrado. Aquí el «sí, pero no», no cabe y no vale.

El discurso de la defensa a la agresión que se le hizo a la Constitución para imponer a la actual junta directiva, no funciona ni a corto ni mediano plazo. Los que sostienen que hay actos de la actual directiva que le dan el ropaje legal a los directivos usurpadores, deben saber que ninguna ley legitima en un cargo público a un delincuente que ha violado la ley para desempeñar funciones, porque la misma ley al final se encarga de destruir la ilegalidad y poner las cosas en su lugar. Todo lo que en Derecho se hace mal, solo se deshace como se hizo, es decir, repitiendo el acto hasta enmarcarlo en la legalidad.

A partir de la imposición de la actual junta directiva del Congreso, hecha de una manera brutalmente arbitraria, el escenario político hondureño paso a ser un estercolero. Y lo peor del caso es que hay personas que se empeñan en alegar que una arbitrariedad es legal cuando se hace en la fecha establecida para que se realice el acto con las formalidades requeridas por la ley.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 14 de noviembre de 2022.

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