El espejo colombiano

mayo 31, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los acontecimientos llenos de violencia que desde hace un mes sacuden a Colombia es algo que no debemos pasar de largo, especialmente por la causa que desencadenó la ola de confrontación que dejó de ser una protesta ciudadana común para convertirse en una marejada angustiosa que ha puesto al gobierno de aquel país en una encrucijada en la que todo intento de diálogo que proponen los organismos institucionales y extranjeros, es rechazado con iracundia y con un ánimo inflamado por el deseo de poner a ese país en una total ingobernabilidad, como lo han pretendido las fuerzas guerrilleras y los sectores de izquierda desde hace muchos años.



Colombia es un país admirable por el espíritu emprendedor y el enorme bagaje cultural de sus habitantes, debería estar en una mejor situación entre las economías del continente y del mundo, pero para su desgracia la guerra fratricida que de manera enconada han librado varios grupos guerrilleros durante décadas buscando apoderarse de ese país, más la entronización de las drogas en casi todo el territorio colombiano, provocaron un estancamiento del que Colombia ha venido saliendo poco a poco gracias a la fortaleza de sus instituciones en las que ha descansado la democracia de ese país, no sin antes sufrir el intenso acoso antidemocrático por parte de una guerrilla encarnizada y de un emporio narcotraficante que han hecho que el nombre de Colombia y la nacionalidad colombiana sean vistas de reojo en el mundo entero.

Sin embargo, como suele suceder, decisiones no bien pensadas por los políticos y los gobernantes, desmantelan la sostenibilidad democrática y la exponen al desequilibrio cuando las tradicionales fuerzas antidemocráticas que permanecen al acecho esperando las oportunidades para lanzarse en embestida a las calles, concitan a las personas que anidan cualquier tipo de resentimiento para convertirlas en enemigos a muerte del gobierno y del mismo país. Colombia no es lo que podría decirse un escenario del desencuentro social entre personas que no piensan lo mismo acerca de cómo deben dirigirse los asuntos del país Colombia hoy es un campo de batalla que se ha extendido a varias ciudades, obligando a las fuerzas del orden y a los militares a emplearse a fondo para enfrentar al vandalismo criminal que no tiene bandera reivindicatoria sino el afán de destruir todo aquello que tiene seña democrática.

Pero, ¿por qué y quién prendió la mecha de lo que hoy es una verdadera hecatombe social en Colombia? Fue una desafortunada iniciativa del gabinete de finanzas del gobierno colombiano, que introdujo una reforma tributaria para percibir recursos que le permitieran enfrentar el pago de nuevos préstamos con el FMI, destinados a costear programas de ayuda social para los colombianos más desposeídos. En apariencia la justificación es incuestionable, pero no procedía hacer la reforma tributaria en tiempos de crisis cuando la pandemia ha agravado las condiciones económica en todo el mundo. El presidente Duque de Colombia, cuya experiencia antes de llegar a la presidencia era la de ser un bucloso funcionario de las elites tecnocráticas de los organismos internacionales, no necesitó de muchos argumentos para prendarse de la iniciativa que obviamente fue propuesta por el FMI, a través del ministro de Finanzas. Los del FMI, que son expertos en provocar este tipo de enredos, son los grandes culpables de la hoguera gigantesca que hoy es Colombia, pero a los encopetados del Fondo no les importa mucho los incendios que provocan en estos países.

Llamamos la atención a los funcionarios hondureños que han empezado a hablar de un ajuste fiscal para el próximo año, pareciera que nuestros burócratas no han interpretado lo que está sucediendo en Colombia, un país con el que tenemos un parecido muy notable por las condiciones y circunstancias que nos rodean. En Honduras no hay ni habrá en varios años condiciones para introducir programas de ajuste fiscal, suficiente soga para el estrangulamiento social y económico nos han dejado la pandemia y los dos huracanes. Las autoridades tienen que trazar otra hoja de ruta para percibir recursos para enfrentar las obligaciones normales y la atención de los distintos programas sociales, el país tiene argumentos valederos para lograrlo, no solo es por la pandemia sino los dos huracanes que nos azotaron, que nos sirven para obtener recursos para recomponer la economía sin pensar en el estrangulamiento económico de la ciudadanía. Porque, cuando nuestra gente oye hablar de ajuste fiscal ya sabe que quieren freírnos con más impuestos.

Hablar de ajuste fiscal en estos tiempos es ponerle en las manos un reguero de pólvora con mecha corta a los desaliñados sociales, que se escudan en los diversos sectores, y que solo esperan la menor excusa para prenderle fuego a la mecha para hacer detonar la pólvora y poner a explotar a Honduras en otro incendio social. Por si no se han dado cuenta los burócratas, revisen el panorama colombiano desde ahora hasta 30 días atrás y verán que Colombia no sucumbe porque es un país fuerte con instituciones robustas. Pero Honduras no tiene fuerzas para resistir los embates de los antisociales, con todo lo que nos ha pasado somos un país tullido, igual que el cuerpo de una persona desmejorada al que solo basta empujarlo para que se derrumbe.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 31 de mayo de 2021.

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