El empresario y los beneficios

febrero 11, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La profesión de empresario en estos tiempos es de gran peligro porque además de los riesgos constantes que contrae realizar esta actividad, más que peligrosos son tiempos calamitosos, cuando el hecho de ser empresario en un país no solo acorralado por la pandemia sino doblemente azotado por sendos ventarrones cargados de agua que destruyeron lo poco que quedaba en pie, es un reto que pocos se atreven a enfrentar sin el temor a dos cosas: o quedar del todo en la calle o quedar loco de remate ante la imposibilidad de pagar los impuestos altísimos, los servicios públicos caros y deficientes, recogiendo como puede cada quincena para pagarle a los empleados y de remate reventar de los nervios al oír que los dirigentes sindicales y el gobierno se ponen de acuerdo para incrementar el salario mínimo.



Por el amor de DIOS, ¿es que acaso ni los dirigentes sindicales ni los funcionarios del Ministerio del Trabajo se dan cuenta del momento crítico que viven los empresarios? Este es el peor momento para subirle la presión a las empresas, que quizás, excepcionalmente unas pocas que hacen dinero en estos tiempos, son las que podrán enfrentar un incremento del salario a los empleados. La generalidad de las empresas deberá despedir personal para equilibrar sus costos, porque todo aumento al salario desajusta los presupuestos que en estos momentos están empobrecidos por los ingresos que han mermado sustancialmente a raíz de la comprensible situación económica que afecta a todos los sectores.

Cuando los dirigentes sindicales se ponen de acuerdo con los funcionarios de gobierno para incrementar el salario mínimo, creyendo que es la manera más eficaz para mejorar las condiciones de los trabajadores, es porque en el fondo consideran a los empresarios como enemigos, ignorando adrede que con esta necedad convierten la actividad empresarial en una iniciativa poco atractiva, siendo que tanto dirigentes sindicales como funcionarios de gobierno con estas negociaciones terminan cercenando la prosperidad y la libertad a que tienen derecho los empresarios que arriesgan capital y sacrifican meses de vida al sumergirse en las miles de preocupaciones que genera mantener una empresa con la relativa capacidad para enfrentar todas las obligaciones que asumen.

Si los riesgos y peligros que son los rasgos que diariamente deben enfrentar los empresarios, resultan poca cosa para dirigentes sindicales y funcionarios de gobierno, toda esta bruma de problemas que ha surgido en esta inédita época de pandemia, agregando un nuevo incremento del salario mínimo, acabará del todo con el poco espíritu empresarial que va quedando en el país. El corolario de esta triste realidad es que, cuando los empresarios vean que por todos lados se le cortan los caminos para evitar que, por lo menos obtengan los ingresos para poder cumplir con las obligaciones, se convencerán que ni los dirigentes sindicales ni los funcionarios de gobierno quieren que las empresas sigan operando. Porque en la inmensa mayoría de los casos, sin importar el tamaño de las empresas, casi todas están sobreviviendo en el filo de la navaja, en el que cualquier aumento de costos las expone a un desequilibrio que conduce a pérdidas.

La concentración de la opinión errónea de que todas las empresas se bañan de utilidades está muy mal calculada, quizás unas pocas empresas están muy bien solventadas en sus ingresos, todas las demás están nadando en las carencias y en los pocos ingresos que perciben, esta es la cruda realidad y no la que se imaginan los sindicalistas y los funcionarios de gobierno. Pero cuando el ámbito impositivo se apodera de la mente de los dirigentes sindicales y los funcionarios públicos, especialmente en un año electoral, los empresarios resultan ser personas antiéticas por querer tener un pequeño margen de utilidad en sus empresas para poder crecer y tener capacidad competitiva.

En el plano en que está nuestro país, sumido en una pandemia que no se sabe hasta cuándo durará y después de haber sido azotados por dos huracanes consecutivos, los empresarios están quedando calvos por el agobio que sienten al enfrentar los costos reales, las tantas cargas sociales y los impuestos que están en el rango de los más altos del mundo. Pero, el ideario que tienen sindicalistas y funcionarios es como para considerar a los empresarios como sujetos indeseables que «tienen que pagar más porque tienen que pagar más» a los trabajadores, les guste o no les guste.

Entonces el empresario que se mueve en la dinámica del sistema de pérdidas y beneficios, al verse acorralado por todos lados, tendrá dos salidas: o toma la salida extrema de suicidarse o dedicarse a otra actividad sencilla donde no tenga que enfrentar el estrés que es un calvario que también acorta la vida. Esta es la triste situación de los empresarios, que no tienen siquiera un chapulín colorado dispuesto a salvarles el pellejo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 11 de febrero de 2021.

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