El dinero no cae de los árboles

marzo 18, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La campaña que se desarrolla por la televisión, mostrando a emprendedores que a fuerza de trabajo tesorero han levantado empresas familiares donde cada miembro hace lo suyo, es un testimonio valioso que demuestra que las personas pueden salir avante, y que no necesitan ser dependientes de otros para vivir con decoro. El nombre es el más apropiado que pudieron haber escogido los creadores de la idea, “Rostros de cambio”, que son emprendedores tenaces, entre los cuales nos impresionó el escultor de piedra que comenzó su carrera en momentos de angustiosa necesidad, labrando y puliendo una piedra pequeña a la que dio la forma de un cenicero, que fue la pieza con la que inició una empresa en la cual trabajan él y su familia. La historia del joven que empieza fabricando muebles de madera rústica es impactante, porque comenzó a contra-opinión de su misma familia que dudaba que de ese menester pudieran vivir. Y finalmente, vemos a una compatriota, con una cara de optimismo que entusiasma, dedicada a la comida casera, trabaja desde las tres de la madrugada, junto a toda su familia, hasta consolidar una fábrica de comida casera que tiene demanda popular.



El mensaje de todos estos compatriotas, emprendedores, es que aquí nadie debería pasar penalidades, porque hay mucho que hacer para ganarse la vida, y que el dinero no está en los árboles para solo estirar la mano y volverse rico, como tampoco lo está en EEUU, o en otros países, países en donde son más los riesgos que existen para vivir, pero por la clásica creencia del oportunista que piensa que afuera los dólares están regados en la calle, mientras que aquí hay que sudar chorros para ganar en lempiras, es que mucha gente se contagia con el “escapismo” porque en el fondo a lo que más le teme es a enfrentar el desafío del trabajo duro, como lo hacen estos emprendedores que hoy figuran como los “rostros del cambio”.

En Honduras están pasando cosas que no pasaban, si bien el país tiene momentos de convulsión, hay una gran cantidad de sectores que cristalizan proyectos empresariales pequeños y medianos que traen prosperidad a la familia. Estos focos positivos de emprendimiento que se están mostrando en la campaña “Rostros del cambio” están demostrando que nadie puede cifrar expectativas económicas desde la indigencia, desde el cómodo “no hacer nada para no meterse en problemas”; cada uno de los protagonistas de “Rostros del cambio” no han tenido temor para salir de la incógnita y mostrarse como personas valientes, con pundonor, dejando atrás las debilidades, incluso los complejos del “no se puede” y hoy trabajan con ahínco, no para hacerse millonarios de la noche a la mañana, pero producen ganancias sin estar metidos en una guerra comercial, dando un servicio elemental como es la venta de comida, construcción de muebles de madera rústica, o tallando piedras para hacer objetos de distinta utilidad.

El asunto es no caer en la histeria de que las personas en Honduras se mueren de hambre porque no encuentran el trabajo que desean, donde se trabaje poco y se gane mucho, porque ese es el “sambenito” de una gran cantidad de compatriotas, unos que no han estudiado nada pero que quieren una chamba de 10 mil para arriba, y otros que han estudiado bastante y tienen hasta tres títulos, pero que en cada trabajo que han aplicado no los aguantan ni tres meses porque estudiaron para aprender a hacer nada. Ambos grupos forman parte de la clase inútil, donde están las personas que cuando les encomiendan una tarea, la hacen mal o no la saben hacer.

Aplaudimos a los hondureños referentes de “Rostros del cambio”, porque ellos nos llenan de entusiasmo, nos dicen que si todos los hondureños tuvieran su misma actitud, Honduras sería hoy un país lleno de emprendedores, que es el sector que fortalece la economía de los grandes países. Porque esta clase, formada por gente trabajadora, que no se arredra ni se desmorona, ni se echa para atrás cuando acomete un emprendimiento y sabe que hay muchos problemas que debe sortear, es el contingente humano que hace la diferencia entre la llamada clase inútil y la gente pundonorosa, que es la gente que trabaja, haciendo las cosas con honor y con orgullo.

Y no caer en la desgracia que propaga la izquierda, donde emprender iniciativas es un trastorno y lo mejor es vivir de la riqueza que otros han producido.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 18 de marzo de 2019.

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