El difícil camino de Biden

noviembre 9, 2020

Juan Ramón Martínez

Joe Biden, no las tiene todas consigo. Con un Senado republicano, se verá obligado a negociar para buscar acuerdos que permitan sacar a los Estados Unidos de la esquina en donde lo ha dejado el presidente Trump. Tampoco cuenta a sus espaldas con un partido demócrata unificado. Por lo menos se identifican dos facciones, diferenciadas no sobre sus visiones, sino sobre la velocidad de hacer las reformas que modernicen el capitalismo estadounidense que contrastan con las europeas. Las tesis de Sanders y el apoyo de Kamalla Harris les brinda a las reformas, atraen especialmente a intelectuales y a jóvenes; pero no son asimilables por la cultura de los estadounidenses de clase media, cuyos miembros han sido los más afectados en los últimos años. Afortunadamente, Biden es un centrista que se siente cómodo en esa postura y que goza de probada paciencia, para negociar y buscar acuerdos. Tiene muy buenos antecedentes como negociador y capacidad para reconocer los errores cometidos en su larga carrera en el Senado. Con sensibilidad para reconocer sus errores y con habilidad para evitar las posturas extremas. Y que, además, sabe que no puede reconstruir los daños provocados por Trump con la misma velocidad con que los produjo su antecesor, porque los republicanos no querrán su éxito; ni apoyarán a un gobernante que doblara la página de lo que hiciera su antecesor que actuó bajo la bandera republicana. Muchos ingenuos creen que los Estados Unidos está listo para emprender una veloz carrera que, haciéndole guiños al socialismo europeo, pueda neutralizar los factores que crean el resentimiento que hizo posible que un hombre como Trump se hiciera con el poder, para con él provocar posiblemente el mayor daño que se recuerda en los últimos cien años.



Biden sabe que Trump no es un accidente personal; ni un líder carismático que emerge por un acto milagroso que aterriza exitosamente en la política estadounidense y mundial. El fenómeno de Trump, no es inexplicable ni casual. Corresponde a un hecho en que la clase media ha sido descuidada y dañada, mientras los ricos han mejorado enormemente su condición y sus ingresos; y en que las clases trabajadoras han sido descuidadas y afectadas con las pérdidas de ingreso. De allí que no será raro que Biden le preste atención a temas que últimamente han sido populares, como el salario mínimo universal, la reconstrucción del Obama-Care y a los procesos para que otra vez, Estados Unidos, sea atractivo para la inversión, cosa que en sí misma es contradictoria, con salarios altos; pero que no por ello, inmanejable. De repente, una revisión de las políticas de comercio, entendiendo que no siempre se gana y que, en algunos momentos, habrá que ceder – cosa en que Biden es experto – se puede reconstruir el comercio global, para hacer frente a las amenazas del acelerado crecimiento de China. No tendrá que descartar la caída del sistema educativo y el hecho de que las políticas antiinmigración de Trump, han alejado los mejores talentos que antes estudiaban en las universidades estadounidenses. Y ahora, además, se nota que la mayoría de los jóvenes que hacen sus postgrados, son extranjeros que no se quedan viviendo en Estados Unidos, sino que regresan a sus países de origen. Para ello, requerirá una drástica modificación de atracción de talento del exterior y mejorar las universidades estadounidenses.

En el plano militar, Biden deberá reconstruir las alianzas con la OTAN, forjar acuerdos de ayuda y cooperación con la India y Pakistán, así como forjar un anillo de hierro alrededor de China, con Taiwán, Japón, Filipinas y Corea del Sur. Al tiempo de evitar la intervención rusa en la guerra de Siria, cambiando la estrategia seguida con Israel hasta ahora, para que Turquía, pueda operar como un balance fuerte en la zona. Finalmente, deberá volver al tratado de París y reconstruir el acuerdo con Irán del que Estados Unidos se retiró. En fin, en el plano geoestratégico Biden enfrentará la fuerza militar de Rusia, que amenaza a Europa y la forma de evitar que aquella haga causa común con China, piedra angular de la política estadounidense animada por Kissinger. Pero todo esto sin abandonar el avance de China con respecto a América Latina, retomando los arreglos de Obama con Cuba y asumiendo una posición enérgica con Venezuela, dándole a Centroamérica y a México prioridad para evitar que la inmigración ilegal afecte las relaciones con los vecinos más cercanos de los Estados Unidos.

Para todo esto, tiene que reconstruir el departamento de Estado, que Trump ha desmantelado, reuniendo a los expertos que, hasta Obama, le dieron a la política exterior de Estados Unidos una presencia menos distante que con Trump. Pero entendiendo que, este y el partido republicano no son la misma cosa; que hay un malestar creciente en la clase media estadounidense y que la virtud de Trump es aprovechar su disgusto. Diferenciando estas relaciones dinámicas, la figura de Trump no representa una posición ideológica y que sus ataques, deben evitarse que sean politizados. “ Estar contra

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