El destino de Trump y la vigencia del trumpismo

enero 11, 2021

Juan Ramón Martínez

Hay que diferenciar a Donald Trump del movimiento que aparentemente él encabeza; pero que, en realidad, es la fuerza que lo llevó a ganar la presidencia de los Estados Unidos. Aunque parece que esta es la causa y que el actual inquilino de la Casa Blanca es el efecto, sus destinos están necesariamente articulados. Mientras el destino de Trump es complicado, pero perfectamente previsible, el futuro de trumpismo es un enigma.



Trump está con la espalda a la pared. Todo el mundo, incluso sus más fieles defensores, coincide que él estímuló y animó el ataque al Capitolio. Y que, tal cosa es un delito, calificado como un golpe en contra del estado de derecho, que requiere obligado castigo. Varios gobernadores republicanos le han pedido que renuncie, sus principales asesores le han renunciado para no aparecer a su lado y sus más fieles aliados, los accionistas y comentaristas de las cadenas conservadoras, se han llamado al silencio y le han dejado solo. La Presidente de la Cámara de Representantes pide la destitución de Trump, mediante la aplicación de la enmienda 25 de la Constitución. Y la misma señora Pelossi anuncia que iniciará un segundo juicio político, que no solo incluye su destitución, sino que su encarcelamiento por los delitos cometidos.

La premio Pulitzer Anne Applebaum, le dijo anteayer al país que la “aventura de Trump terminó; pasará el resto de su vida ante los tribunales”. Con palabra firme, no le pronostica un buen futuro después de lo que ocurrió el pasado miércoles en el Capitolio. Dice que “Estados Unidos se ha librado – por el momento — de la suya, con Trump vencido en las urnas. Indicando que, si hubiese ocurrido lo contrario, Estados Unidos, lo que no dejar de sonar inverosímil, se ha librado de una deriva en la democracia, que habría sido ahogada por el totalitarismo, como ocurre actualmente en Polonia”. En una conversación vía correo electrónica con el periódico español, dice que “la aventura de Trump ha terminado. Pasará el resto de su vida ante los tribunales. Puede ser su final como figura política, pero no el “trumpismo”, que sigue siendo, un fenómeno apolítico. Su esencia, sigue diciendo, radica en que fabrica una alternativa a la realidad, aquella en la que cualquier dificultad o los asuntos con matices, se borran y permiten que la gente habite en esta construcción ficticia. Esto sería imposible sin varios medios de comunicación y redes sociales, sin esa cámara de eco creada por FOX NEWS y otras cadenas de extrema derecha, ni sin las teorías “conspiranoicas” que allí se promueven. Todo eso continuará existiendo, la cuestión es quién se ocupará de liderar el culto que deja sin herencia”.

Anne Applebaum, hace una comparación con lo ocurrido con el intento de golpe de estado en España. Para nosotros, el coronel Tejero de la Guardia Civil que se tomó el Congreso de los Diputados de España, se parece mucho con el disfrazado, con cara de animal, que se presentó como símbolo de la toma del Capitolio. De allí que, sin en aquella oportunidad, los españoles, los republicanos especialmente, no rechazan a los golpistas militares y les dan la espalda, la crisis española habría tenido un desenlace fatal. En cambio, en Estados Unidos – y esto no deja de sorprendernos – los republicanos no han rechazado, en forma sólida y contundente la toma del Capitolio. Applebaum cree por su parte que, ella ve, “un cierre de filas contra esa manera de hacer política. Pero me preocupa que un grupo de republicanos, entre ellos Ted Cruz o Josh Hawley, dos de los senadores que se opusieron a reconociera a Joe Biden como Presidente, todavía creen que hay en juego votos, entre esos millones que comulgan con la creencia de realidades alternativas”.

Si aplicamos esas reflexiones a nuestros países, con hondas y dolorosas raíces totalitarias, …que se alimentan en hogares destruidos o dirigidos en forma autoritaria por padres irrespetuosos–, dictaduras estrafalarias y asesinas, tenemos razón para estar preocupados. Los castigos que le impondrán a Trump, que no será benevolentemente tratado como se ha hecho en Honduras con Zelaya Rosales, que se le perdonaron las violaciones constitucionales y que se hace caso omiso de violaciones a la ley que a otras personas, conducen a la cárcel, pueden tener algunos efectos en Honduras, Guatemala, El Salvador e incluso Brasil. El problema es cómo detener el trumpismo – que opera en casi todos nuestros países, — en todos los niveles de la sociedad–, en vista que no hemos escuchado una declaración categórica de los partidos políticos democráticos censurando el ataque al capitolio y el irrespeto a las reglas de la buena política por parte de Trump, nos hace pensar que tenemos que enfrentar un futuro incierto. El ejemplo de Trump es fuertemente dañino para la democracia y pone en peligro, frágiles sistemas como el nuestro, en donde el autoritarismo convive con democracias parvularias, verdaderas caperucitas rojas que pueden ser devoradas por el lobo feroz. Es decir que Estados Unidos – incluso a costa de una segunda guerra civil – puede detener el trumpismo, en el mediano o el largo plazo. Pero las sociedades de Latinoamérica, tan tolerantes y complacientes con los dictadores, más bien han recibido una bocanada de oxígeno que comprometerá los procesos de crecimiento y fortalecimiento de sus frágiles sistemas democráticos. Porque en nuestro continente, lo que ha frenado a la dictadura, han sido las Fuerzas Armadas. Y en algunos casos, las hemos puesto al servicio del futuro líder autoritario, en vez de prepararlas para defender las constituciones. A nuestro juicio, la mayor amenaza del trumpismo la enfrentaremos en El Salvador y en Honduras, en donde los líderes democráticos son, la minoría; y quien controla el imaginario popular, son los “discursos” que manejan los líderes autoritarios.

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