El dengue y la indiferencia

julio 17, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El resurgimiento de epidemias como el dengue solo ocurre en países donde los sistemas de Salud están descalabrados, y la indiferencia de la población contribuye para convertir en crisis nacional el avance de cualquier enfermedad. Posiblemente la epidemia de dengue que hoy está azotando en nuestro país, en parte se debe a la desarticulación del sistema de Salud Pública, pero en gran medida la responsabilidad recae en esa indiferencia de las personas, que a veces mata más que los mismos efectos de la enfermedad, porque esa indiferencia vuelve más compleja la emergencia, a pesar de que los médicos de salud han estado haciendo llamados y advertencias en la forma más acentuada posible, y los medios de comunicación nos hemos convertido en portavoces incondicionales sabiendo que este es un momento dramático que puede dejar secuelas de graves consecuencias a Honduras, no solo en muertes lamentables de niños y adultos, que es lo que pesa más en la conciencia nacional, sino también en lo económico, por la cuantiosa inversión que debe hacer el Estado y los gastos en que incurren las personas para comprar lo necesario para atenderse y buscar alivio y curación.



En si la indiferencia también es una epidemia, porque resulta desconsolador que la gente responde de manera indiferente cuando a pesar de la inundación de noticia sobre el avance del dengue, son pocos los dueños de hogares y de solares baldíos que responden en forma activa para limpiar el entorno, chapear el solar no habitado y colaborar con las brigadas que están visitando los distintos vecindarios para rociar con el humo compuesto para acabar con el zancudo. Se ha repetido una y mil veces que se evite acumular llantas usadas en los solares y patios, porque estas mantienen humedad en su interior formando los criaderos del zancudo. A las personas que tienen jardines, donde hay plantas sembradas en maceteras de barro, de latas y otros depósitos de metal, se les recuerda que todos son perfectos criaderos de zancudos. Igual que son los fregaderos con sus depósitos de agua.

En fin hay que evitar todos estos pequeños o medianos reductos, artificiales o naturales, donde pueda almacenarse o concentrarse el agua por efecto del riego o de la lluvia, en todos estos casos el zancudo encuentra el hábitat ideal y se desarrolla en espera del momento propicio de encontrar una víctima para picar y succionar la sangre que le apetece. El zancudo aedes aegypti ha tenido mutaciones con la evolución de la especie, y con el tiempo ha desarrollado una agresividad tanto en la forma de desplazarse como en la transmisión de la enfermedad. El descuido de las personas facilita que el zancudo haga su trabajo en desmedro de la salud, dejando consecuencias que en centenares de casos han resultado mortales.

Los hospitales públicos del país están atendiendo al ritmo que les es posible a miles de personas que han sido afectadas por el zancudo, pero dada la enorme cantidad de pacientes las salas ya son insuficientes y si la población no sale del marasmo de la indiferencia, las cifras que se podrían contabilizar en la medida que transcurran los meses nos puede dejar un panorama trágico como pocas veces ha experimentado la nación frente a una epidemia. La indiferencia que ha mostrado la ciudadanía a pesar de los llamados y las advertencias, desconsuela, porque da la impresión que la gente cree que el dengue es pura ficción y que como invento de los medios y los médicos, solo es creíble cuando después de sentir la picada del mosquito se les empieza a desarrollar la fiebre, a doler las articulaciones y de remate a derramar sangre por las fosas nasales. Cuando la indiferencia contrarresta los avisos y las advertencias, la epidemia tiene el mejor espacio para desarrollarse y causar víctimas. ¿Cuántas personas, a pesar de haber sido picados por el zancudo, no tomaron siquiera la precaución de informarse que a la semana o las dos semanas al nomas sentir los primeros síntomas, fiebre y dolor en las articulaciones ni siquiera tomaron las sales minerales y el acetaminofén, y acudieron al médico cuando apenas podían moverse?

Si la gente sabe que ha sido picada por el zancudo, por descuido o por cualquier razón, lo correcto es que procure informarse viendo y oyendo a los médicos en los medios, leyendo los periódicos, para saber qué hacer en primera instancia, pero sin olvidar que aunque beba el Litrosol y tome el acetaminofén, es obligatorio acudir al hospital o visitar al médico más próximo. No es posible que los hondureños le concedan tanto beneficio al dengue tratándolo con indiferencia, porque al hacerlo estamos atentando contra nuestra vida y la de nuestros familiares.

La indiferencia ante una epidemia como la que nos ha provocado el dengue crea una brecha de lastre que solo es aceptable en una nación de indigentes, personas a las que la vida ya no les significa ningún atractivo. Es preciso que los hondureños salgamos de ese lamentable estado de complacencia con el zancudo, no le demos tregua, tratemos de eliminarlo evitando darles facilidades al zancudo para que se reproduzca en criaderos masivos de donde salen miles de nuevos transmisores.

Hay que reducir el impacto de esta epidemia cuanto antes; salga de su indiferencia, acabe con los reductos del zancudo, y si usted o algún familiar han sido picados por estos insectos, no se abandone, al primer síntoma tome la sal mineral conocida como litrosol y acompáñela con acetaminofén, ambos elementos están en todas las farmacias a bajo costo. Cuesta tan poco dinero con lo que usted salvará algo tan precioso como es la vida.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 17 de julio de 2019.

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