El COVID-19 no es una lotería

diciembre 17, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por el comportamiento desbocado que estamos viendo en muchos compatriotas da la impresión que actúan creyendo que el COVID-19 es una lotería que, como no la han comprado, no tienen la posibilidad de ganársela y salen a la calle desobedeciendo las advertencias sanitarias que son tan sencillas de cumplir y tan necesarias para salvaguardar la salud y la vida. Al actuar de manera irresponsable todos estos hondureños están perdiendo el instinto de conservación, que es el que ha permitido que el género humano haya llegado hasta el presente, sobreponiéndose a centenares de pestes, epidemias, pandemias y tragedias naturales y no naturales de todo tipo.



De la única manera que los hondureños podemos evitar que nos toque la lotería del COVID-19 es tomando todas las precauciones con disciplina, porque en estos precisos momentos hay un rebrote en casi todo el planeta, que conforme los pronósticos del eminente virólogo de Cambridge, Dr. Ravi Gupta, era algo de esperarse en la medida que las economías son reabiertas para buscar la necesaria recuperación. El Dr. Gupta pronosticó en junio que tendremos que vivir hasta finales del 2022 en un vaivén, en que los indicadores de contagio bajarán cuando se impongan las cuarentenas, y volverán a subir cada vez que las economías sean reabiertas, como efectivamente está sucediendo, hasta que las vacunas cumplan con efectividad inmunizando a la mayor parte de la población mundial.

La mayoría de los hondureños parecieran no querer darse cuenta que el virus permanece en todo el territorio nacional, que nos acecha a cada momento, muy especialmente donde hay aglomeraciones de personas, como la multitud captada el sábado anterior en el concurrido mercado de Comayagüela, donde una buena parte de la clientela anda desprovista de mascarilla y caminando en forma abultada sin ninguna clase de temor. Esta concurrencia masiva de personas en el mercado de Comayagüela confirma que las personas están dispuestas a desafiar al coronavirus al violar las advertencias y consejos que nos están repitiendo a cada momento el SINAGER y la Mesa Sectorial.

Cuando vemos estas aglomeraciones humanas en los mercados y en algunos centros comerciales, donde las personas campan sin ningún cuidado, sin guardar la distancia física debida y sin usar mascarillas, es porque han perdido la noción del instinto de conservación buscando caer en las garras del virus, que como se sigue demostrando tiene un alto poder de letalidad. Actuando de esta forma estos compatriotas se convierten en aliados perfectos de la propagación, en forma irracional, porque pensamos que todas estas personas que desafían al COVID-19 tienen familia, tienen padres, abuelos, tienen hijos y tienen amistades. Por lo tanto, al desafiar al COVID-19 de la forma imprudente como lo hacen, admiramos más a los animales que en todas las circunstancias de peligro que enfrentan toman sus precauciones para salvar la vida, incluso cuando deben enfrentarse a otras especies frente a las que son más fuertes.

Cuando las personas no ponen en práctica el instinto de conservación es porque han caído en los niveles más bajos del raciocinio, y es cuando decimos en forma comparativa que los animales usan más la cabeza que ciertas personas, que haciendo gala de un envalentonamiento irracional se exponen sin el menor remordimiento a resultar contagiados con el virus, convirtiéndose en una amenaza para sus padres, para sus abuelos y demás familiares.

El problema es que en Honduras es imposible aplicar las mismas medidas rigurosas que desde ayer han aplicado en Alemania, país que considerábamos un ejemplo de disciplina, pero que resultó ser todo lo contrario, los alemanes le dieron suelta al albedrío y hoy hay miles de contagiados y muchas personas mueren, por lo que, el gobierno ha cerrado los comercios en toda la época navideña. Lo mismo ocurre en Suecia y en Israel, donde por el alto nivel de educación se pensó que la gente por si sola era capaz de disciplinarse para no contagiarse, pero también allí la gente se descontroló en entusiasmo y hoy suecos e israelitas están súper contagiados.

Si los hondureños no acatamos las advertencias que nos hace el SINAGER vamos a tener la Navidad más larga y triste que es pasar encerrados desde la víspera de Navidad hasta el Día de Reyes. Si los indicadores de contagio siguen creciendo haciendo que los hospitales y los triajes resulten insuficientes, las autoridades, sin el menor remordimiento, deberán imponer un confinamiento en los próximos días, no les quedará otra salida para contener la propagación. Sería una verdadera lástima porque un confinamiento pondrá a la economía contra las cuerdas, aunque los únicos culpables, aparte del virus que es el generador del peligro, seremos los hondureños, por no actuar acatando las normas más elementales para cuidarnos de no resultar contagiados con el COVID-19.

De nuestra voluntad de acatar las normas sanitarias dependerá que no le concedamos más espacio de propagación al COVID-19, que sigue campante en Honduras, sin desaprovechar la menor oportunidad que le brindan los hondureños para entrar a sus cuerpos y contagiarlos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 17 de diciembre del 2020.

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