El coronavirus y la espiritualidad

marzo 18, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La celebración de un acto religioso por un sacerdote católico y un pastor evangélico invocando al Todopoderoso por la protección de los hondureños ante la amenaza de la pandemia, hay que verla como un acto de buena voluntad, como decía Inmanuel Kant, refiriéndose a que si hay buena voluntad no solo  se pueden corregir y perdonar errores, sino que, como escribió San Lucas, hasta montañas se pueden mover. En esto radica la expresión de que la fe mueve montañas.



En el momento de angustia que vive el mundo por el avance del coronavirus, hay que tener fe en los mensajes espirituales, y propiamente cuando vivimos la época de cuaresma tiene gran vivencia el pasaje bíblico de la resurrección de Lázaro, cuando Jesucristo al darse cuenta que su amigo Lázaro había fallecido, oyendo el llanto de sus hermanas Marta y María, acudió para ordenarle que se pusiera de pie y caminara. Ante el asombro de los presentes, Lázaro se levantó y pudo caminar en uno de los milagros más asombrosos citados en la Biblia.

En la situación angustiante, los gobernantes de cualquier país buscan a los líderes espirituales pidiéndoles que oren, en primer lugar para devolverle la calma a los pobladores, y si fuera posible para que los feligreses o seguidores se desahoguen de sus angustias, especialmente cuando los científicos pintan bastante mal el panorama, algunos creyendo que podría tomar hasta dos años controlar esta pandemia, de la cual, es más lo que se desconoce.

La angustia es un dolor, y lo que está produciendo el coronavirus es eso, el dolor de saber que la ciencia por ahora es impotente, ni siquiera sabe cómo se originó y que podríamos pasar más del tiempo del que se calcula para que se obtenga una vacuna, mientras los científicos comprueban que los daños secundarios que producirá la misma, no serán más letales a cierto plazo que la misma enfermedad, porque entonces el remedio sería más grave que la enfermedad.

Si bien los creyentes sabemos que llorar purifica, ante la pandemia antes de llorar debemos orar, rezar, y compenetrarnos que es fundamental atender todas las medidas de previsión que nos están llegando por los anuncios oficiales que se guían en los manuales de la OMS, porque como lo primero es salvar vidas, hay que seguir esas indicaciones paso a paso, de manera que podamos evitar el contagio del virus que es la forma de cortar la propagación masiva entre los hondureños.

Orar lleva a la calma, muchas personas que asistimos a una misa semanal, o los que se congregan en sus respectivas iglesias, sentimos un alivio espiritual, una descarga de calma, al oír la palabra de DIOS predicada por nuestro sacerdote o por los pastores de las distintas iglesias. En muchos países donde el coronavirus ya provocó muchas muertes y ante la incapacidad de los hospitales para atender a los contagiados, les ha quedado el recurso de refugiarse en la espiritualidad, para fortalecer el carácter humano en un momento en que hemos perdido la relación con las demás personas por las recomendaciones sanitarias de la OMS que prohíben el saludo de manos, los abrazos, los besos en la mejilla y otras manifestaciones afectuosas.

Hasta acudir a nuestra iglesia para rezar y pedir en oración al Todopoderoso figura entre las limitaciones que nos impone el protocolo sanitario de la OMS, sin embargo, no solo en la iglesia se puede rezar, lo podemos hacer en nuestra casa, como en los viejos tiempos en que nuestra madre nos hincaba para que de rodillas pronunciáramos las oraciones a la hora del Rosario, rezar el Padre Nuestro y la clásica oración a la Virgen María, madre de Dios, para que rogara por nosotros antes de ir a la cama.

Son muy pocas las personas que mantienen la necesidad de rezar, aunque todavía quedamos muchos que tenemos el coraje de creer, en una época donde la práctica del dogmatismo lleva a ciertas personas a apreciar más lo material que lo espiritual. Esta pandemia nos da la oportunidad de recobrar la condición humana, y es posible que el encerramiento domiciliario decretado por las autoridades nos brinde la ocasión de retornar a los antiguos tiempos cuando nuestra madre por la mañana, no nos permitía salir de la casa ni acostarnos a dormir sin antes rezar una oración.

Hoy, ante el avance de la peligrosa pandemia, somos muchos los que no podemos ocultar nuestro temor a la muerte, y aunque hay analistas que esgrimen razones para culpar del virus a las grandes potencias capitalistas que supuestamente quieren reacomodar sus potencialidades a expensas del sembrar el terror en el mundo, a todos la pandemia nos toca la puerta del miedo.

Y nos mantenemos desubicados, por momentos sin saber qué hacer, producto del miedo. Entonces es cuando el poder que hemos olvidado, el poder de la oración, nos puede devolver la tranquilidad. Ha llegado el momento de abandonar los pensamientos obsesivos, acatar las instrucciones de las autoridades y esperar que estas hagan lo mejor en beneficio del objetivo que se debe trazar una buena autoridad, que es salvar vidas.

Por ahora, las autoridades nos piden quedarnos en casa para contener la expansión del virus, y como buenos cristianos debemos acatar esa instrucción abandonando el ego que es un pésimo compañero de viaje.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 18 de marzo de 2020.