El caso Bolivia y las tiranías

noviembre 11, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La renuncia forzada del Presidente boliviano Evo Morales no es un caso aislado en un país donde han ocurrido 190 golpes de Estado desde su independencia hasta estos días, porque la historia de Bolivia se ha escrito por esa avenida, por haber surgido gobernantes con el mismo espíritu perpetuador de Evo Morales. Sin embargo, la salida del líder cocalero de la Presidencia ha sido una jornada histórica para los bolivianos, propulsada por la enorme presión que representa más de 2 millones de personas en las calles de las diferentes ciudades, a quienes ni los militares ni los policías han tenido el valor de enfrentar. Ni siquiera en Chile, donde unas 50 o 60 mil personas han protagonizado las protestas callejeras contra el gobierno de Piñera, se pueden comparar a la fuerza de más de dos millones de personas exigiendo la salida de Evo.



El análisis de este hecho se pierde cuando se cae en la nimiedad política de ponerlo como un mal ejemplo para la democracia, lo cual es un error que solo se puede cometer por miopía e ignorancia de la materia política, porque si de mal ejemplo se quiere hablar, la obstinación de Evo Morales de violar flagrantemente la ley, después de haberse celebrado un referéndum donde la mayoría de los bolivianos le dio un no rotundo a una nueva reelección en la que se empecinó Evo, fue el réquiem a una aspiración espuria, totalmente antidemocrática, que llevó al pueblo boliviano a lanzarse a las calles, enfurecido, como nunca antes lo había hecho hasta que el ex presidente, auto-coronado como aprendiz de tirano, tuvo que poner pies en polvorosa para escapar.

El caso de Evo Morales, como el de tantos otros dictadores con mentalidad de tirano, debe llamar a la reflexión a todos los políticos. Evo Morales, después de 14 años en el poder, creyó que el Estado boliviano era él, por eso intentó pisotear el resultado del referéndum y fue a nuevas elecciones con el ánimo de ganarlas a como diera lugar. Creyó que había castrado a los bolivianos y se equivocó.

Estos intentos de tiranizar a un país son propios de los políticos militantes de la izquierda radical que desde la égida del Socialismo del Siglo XXI, ven en el chavismo de Venezuela el modelo ideal para perpetuarse en el poder. La imagen de Hugo Chávez, mal copiada en la grotesca personalidad de Nicolás Maduro, es el faro “rojo-negro” que ilumina las mentes trasnochadas de los demás partidos de izquierda que escogen el camino de la tiranía para hundir en ese esquema a los pueblos que se dejan embaucar.

En realidad, como la democracia es tan débil por su permisividad con los sectores de izquierda, a estos les basta con hacerse los «demócratas» para colarse en las esferas de los organismos claves que tutelan los procesos electorales, y desde allí consolidar sus posiciones hasta apoderarse de sus mandos, para finalmente convertirse en los factores determinantes de los procesos electorales. Así ha sucedido en todos los países que hoy son baluartes como naciones comunistas, ejemplo: Cuba, Venezuela, Nicaragua y varios pequeños países caribeños.

Bolivia deberá entrar en un corto período de transición para que en el menor tiempo posible los ciudadanos de ese país elijan un gobierno verdaderamente democrático, y hasta es posible que el mismo Evo Morales tenga la oportunidad de postularse de nuevo, a pesar de haber sido un violador consuetudinario de la ley, porque la democracia, más que noble, es demasiado débil al consentir estas imperfecciones de darle concesiones a un líder de probada conducta antidemocrática.

No cabe la comparación entre el caso de Bolivia y Honduras, por más que los líderes de la izquierda hondureña pretendan hacer parangón entre uno y otro país, porque a raíz de la experiencia del 2017, Honduras se encausó en un proceso de reformas estructurales en materia electoral, creando con el consenso de las fuerzas políticas legalmente reconocidas, un nuevo Tribunal de Justicia Electoral y un nuevo Consejo Nacional Electoral, en los que se incluyó al Partido LIBRE, que por ser producto de un acuerdo político celebrado por el gobierno de Pepe Lobo, fue inscrito sin cumplir los requisitos que establece la Ley Electoral.

A partir del 2021, los hondureños elegiremos un nuevo gobierno, aunque quedan casi dos años en que el Congreso Nacional deberá retomar la discusión y aprobación de otras reformas, entre las cuales está decidir si se aprueba o no la reelección, y si fuera el caso, en forma continua o alterna.

La democracia hondureña está en marcha y se consolida. En las próximas horas el nuevo Partido «Salvador de Honduras» presentará su documentación para ser inscrito en el nuevo Consejo Nacional Electoral, lo que se da como un hecho, partiendo que los dirigentes de esta nueva entidad aseguran haber documentado debidamente a cien mil firmas que respaldan el nacimiento del nuevo partido. Que más ciudadanos hondureños surjan a la palestra política es un varapalo para los anti-demócratas que admiran a tiranos como Evo Morales, Nicolás Maduro, los hermanos Castro y Daniel Ortega.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 11 de noviembre de 2019.

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