El Brexit, el imperio no tiene segunda oportunidad

febrero 4, 2020

Honduras

Mientras Oriente se mantiene unido y busca recomponer las partes sueltas en un solo conjunto espacial, occidente sigue mostrando sus debilidades. Después de 47 años, el Reino Unido, deja la Unión Europea, en la cual nunca ha participado de forma total. Como los otros países.



Por ejemplo, nunca compartió la moneda común y tampoco las estrategias y responsabilidades del manejo del fenómeno de la migración. Ahora, consumada su salida de la Unión Europea, enfrenta un futuro incierto en que incluso, contrario a lo que dice su primer ministro, los próximos años serán duros y difíciles. Mucho más, que los que han pasado el Reino Unido en la última década. No solo los que resultan de su participación en el esfuerzo comunitario, como por la amenaza que representa por un lado, el desmembramiento de Irlanda del Norte y por el otro, la tentación de separación de Escocia la que algunos anticipan que terminará integrándose a la UE en el cercano futuro.

El Reino Unido es una potencia menor, venida a menos después de la II Guerra Mundial. Otrora reina de los mares, ahora tiene al frente a una Francia que no renuncia a sus pasadas glorias y la meticulosa dedicación de los alemanes que, re unificados, posiblemente serán por muchos años, la gran locomotora de la unidad europea. Aunque el Reino Unido todavía cuenta con el apoyo de Estados Unidos, este es un fenómeno pasajero que dentro de cuatro años y medio, será cuestionado cuando la primera potencia del mundo vuelva a liderar la globalización mundial y, especialmente el comercio internacional. Trump es una alteración de la política estadounidense, con fecha de caducidad.

El Reino Unido, continuará pues, disminuyendo su poder y su influencia. Su comercio ha perdido dinamismo y la arrogancia que les permitió enfrentar a Hitler en notoria desventaja, ahora no tiene en el escenario político interno un liderazgo extraordinario que movilizó el espíritu valiente de los británicos. El primer Ministro Jonhson tiene muy poco que ver con el Churchil de sus mejores tiempos.

Las potencias e incluso las naciones, solo en casos excepcionales, mueren de un día para otro. Gibbon escribió que los romanos nunca tomaron conciencia que su imperio se estaba desmoronando. Montgomery, en una clara inferioridad militar, por falta de equipos y soldados, discutiendo con el general Eisenhower, Comandante en Jefe de las Fuerzas, con cierta arrogancia, típica de los ingleses frente a sus primos los estadounidenses, le cuestionaba los planes de la derrota final de los alemanes durante la guerra mundial. Este con la  suavidad que caracterizaba a Ike, le tocó la pierna y le dijo: Monty, yo soy tu comandante. Ahora el Reino Unido que hasta el 31 de enero pasado era un par entre 26 naciones, tendrá en los Estados Unidos apoyo, cierto; pero estará siempre en condición de subordinado. Y en un inentendible proceso de solitaria declinación.

Por supuesto, tiene al frente para opciones y caminos. Puede convertirse en un paraíso fiscal para la Unión Europea, bajar los impuestos y atraer capitales. Y con ello, transformarse en una suerte de Singapur del norte; pero enfrentará los obstáculos arancelarios de la UE y de la competencia china. Además, no tendrá la mano de obra que necesita para tal esfuerzo, excepto que cambie su visión histérica frente a los inmigrantes, sin los cuales, la competencia será muy difícil.

Más bien, nosotros anticipamos que seguirán, como otros imperios, destruyéndose desde adentro, como lo han venido haciendo desde hace más de cincuenta años, sin que sus líderes se den cuenta que las arrogancias en la potencias declinantes solo tienen carácter de anécdota y nunca constituyen cursos de acción sólidos para fortalecer un cuerpo imperial dañado por la fatiga de los años y la falta de líderes para estar a la altura de las circunstancias. Por más que lo quieran, no podrán revertir lo que es una maldición cierta: los grandes imperios, nunca tienen una segunda oportunidad. Y mucho menos el Reino Unido.

 

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