El apogeo del fanatismo

agosto 4, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El fanatismo, que no es más que un sentimiento de inferioridad, lleva al extremo que hace desbordar las bajas pasiones en las personas, en cualquier actividad de la vida, porque quienes creen que solo los aficionados de los equipos deportivos son fanáticos es porque no ven como ciertas personas también se ciegan por el fanatismo político. Aunque es en el deporte donde vemos frecuentemente la exaltación de las pasiones, como ocurrió el domingo pasado en New Jersey, EEUU, en un cotejo futbolístico supuestamente amistoso entre los acérrimos rivales del balompié hondureño, Olimpia y Motagua. El entrenador del Motagua y algunos jugadores del Olimpia prendieron la fogata, agrediéndose en pleno partido y como los fanáticos de ambos equipos, casi todos son de mecha corta, al finalizar las acciones prosiguieron la gresca que habían iniciado el entrenador motagüense y algunos jugadores del Olimpia.



Ver aquel lamentable espectáculo en los alrededores del Estadio de los Red Bulls, protagonizado por hondureños, agrediéndose unos a otros, como si fueran antagonistas de países extraños, fue muy deprimente. Muchos de estos compatriotas posiblemente ya fueron identificados por la policía de migración y es casi seguro que vendrán en los grupos deportados que lleguen en las próximas semanas, si vemos las considerables redadas que hace la policía de migración en lo que va de este año. Pensaríamos que cuando los hondureños se encuentran fuera de Honduras y tienen la oportunidad de compartir entre compatriotas en un evento deportivo, habrían olvidado las rencillas que produce el amor desequilibrado por la simple camisa de sus equipos cuando estos juegan en Honduras. Pero, por lo que vimos el domingo, más bien parece que a estos hondureños la distancia les atiza el odio y dejan de pensar que son paisanos de un mismo país y que estando lejos de la patria en lugar de vivir en una confraternidad, donde se respeten y se ayuden unos con otros, tratándose del Motagua o del Olimpia, no es posible tal convivencia.

Este quizás es el más triste y destructivo de los fanatismos, porque el futbol por muy emocionante que sea como deporte, no es razón para que los seguidores se quieran matar entre unos y otros como vimos a los compatriotas en New Jersey. Qué pasará si el día de mañana estas mismas personas se encuentran en la calle en otra actividad, y de nuevo se les encandila la cabeza, es posible que quisieran terminar lo que comenzaron el domingo en los alrededores del estadio de los Red Bulls, y que hasta podría culminar en una tragedia. Este fanatismo penoso que los hondureños trasladan al extranjero es digno de estudio, y quizás pueda explicarse por su origen en nuestro país, donde las barras han sido copadas por personas que pertenecen a grupos antisociales, cuyo método favorito de dirimir sus diferencias son los balazos y las cuchilladas.

Sin embargo, en los últimos tiempos el fanatismo está en apogeo entre los hondureños, como una cultura destructiva que asoma la cara por diferentes lados. A raíz de un editorial reciente, donde comentamos el éxito del Vacunatón, un amigo televidente que consideramos es una persona educada y ponderado en sus actos, me felicitó por el comentario, pero con una coletilla final en la que me reclamaba no haber dicho en el editorial que el éxito del Vacunatón fue la donación de los tres millones de dosis por otro país. En realidad, la vacunación masiva en gran parte ha sido impulsada por la donación de 3 millones de vacunas Moderna por el gobierno de EEUU, aunque las autoridades hondureñas han adquirido con la Pfizer, 4.5 millones de dosis, lo que hizo posible entrar a la vacunación masiva.

Detalles como este nos permite apreciar el fanatismo político, que en este momento deberíamos enterrarlo para hacernos un solo haz de voluntades en la lucha contra la pandemia. Este tipo de expresiones no son una casualidad, la nación entera sufre una especie de trastorno que al propagarse se transforma en fanatismo, porque en una situación tan agobiante como resulta ser la pandemia del COVID-19, analizando la crítica de la razón pura kantiana, en vez de dejarse llevar las personas por la pasión, las filias y las fobias, que en este tiempo se convierten en el motor de la política hondureña, debería de hacernos meditar que si hay momento que demanda que los hondureños nos unamos es este, porque estamos enfrentados a un enemigo invisible, que no perdona las imprudencias, los descuidos y la indiferencia de las personas que piensan que el virus no se meterá con ellos.

A poco que meditemos, los hondureños nos daremos cuenta que hay demasiado trabajo que hacer como para fundirnos en el fanatismo, y que aun cuando el gobierno ha cometido fallas en plena pandemia, no es razonable debilitar las fortalezas que le quedan a la sociedad hondureña que ha sido golpeada por la pandemia y los huracanes, por lo tanto, lo que procede es dejar a un lado por el momento las rencillas y animadversiones políticas, y adherirnos al cordón sanitario que debe ser toda la sociedad hondureña en contra del COVID-19, con los hábitos obligatorios de usar la mascarilla, mantener la distancia física y el aseo permanente de las manos.

Pensemos bien, este no es momento para arrogarnos una superioridad moral por creernos con el derecho a desmoralizar a las autoridades que en las últimas semanas están haciendo un gran esfuerzo por multiplicar la vacunación, inoculando a cuanta persona puedan, mientras existan suficientes vacunas en los frigoríficos de Salud Pública. Lo más grave de todo y que merecería la condena y la repulsa sería que las autoridades se hubieran quedado de brazos cruzados.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 4 de agosto de 2021.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *