El amor por los tiranos

enero 29, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Nadie que tenga un juicio democrático en el mundo, puede defender a gobernantes que son dictadores declarados y confesos, por ende, tiranos en el ejercicio del poder. Decir que la de Venezuela es una democracia ejemplar es aceptar que se está tirado de los cabellos y que hay tuercas mal ajustadas en esa maquinaria maravillosa que es el razonamiento. Muchos intelectuales hondureños que pernoctan en la izquierda cavernaria, se pierden al manifestar una admiración por un dictador consumado como Nicolás Maduro, que ha cometido crímenes de lesa humanidad, y por los cuales ya se le  levantó un expediente en la Corte Penal Internacional.



El historiador Mark Lilla, explicando este extraño cariño que los intelectuales de izquierda le profesan a dictadores como Fidel Castro, Maduro y Ortega, le denomina “tiranofilia” o amor por los tiranos, lo cual se debe a que las posiciones políticas basadas en los intereses y perspectivas de grupos sociales con los cuales los personajes se identifican, los lleva a perder la razón para declararse fervientes seguidores de los tiranos. Pero no solo Mark Lilla ha hecho este tipo de observaciones, otro distinguido profesional de la sicología, el Dr. Steven Pinker, en una de sus obras se refiere a este fenómeno de enamoramiento que ha hecho que los tiranos disfruten del apoyo de reconocidos intelectuales.

Gabriel García Márquez se deshacía en elogios para el tirano Fidel Castro, con lo cual logró ganarse el cariño del dictador cubano, mientras Castro era señalado por asesinatos en masa de ciudadanos cubanos que disentían de sus ideas. Por este enamoramiento de García Márquez con Fidel Castro, empezó la ruptura de la amistad con su colega, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien después de militar en células marxistas en Perú, renunció a su admiración por Fidel al constatar personalmente la represión brutal desatada por el régimen de Castro contra miles de cubanos.

Los intelectuales de izquierda en Honduras y en muchos países de caracterizan por detestar a su propia nación, a su país, y en cambio se permiten fantasear con los enemigos de la democracia, que son enemigos del país. Estos intelectuales tiranófilos, como los denomina el historiador Mark Lilla, se manejan en un afán ofensivo contra su país, y no se les ocurre otra cosa que aprovechar sus trabajos y sus espacios donde se proyectan a la sociedad, para vivir venerando a los tiranos. En el ambiente democrático hondureño, encuentran cabida en las páginas de opinión de los periódicos, y con frecuencia ilustran su amor por los tiranos. Por ejemplo, leyendo esas columnas vemos que para uno de nuestros más distinguidos intelectuales Nicolás Maduro es una especie de héroe, al que hay que imitarlo al grado de ver como hacemos para que Honduras siga la ruta de la Venezuela destrozada por ese tirano.

No hay nada más ofensivo para los hondureños que haya personas obstinadas en querer convencernos que si hay ejemplo donde debemos poner la vista para imitarlos como modelo de gobierno, es el de Maduro en Venezuela. Estos intelectuales de izquierda, casi se inmolan en cada uno de sus artículos, por convencernos que los hondureños debemos simpatizar con los esfuerzos destructivos del tirano venezolano Nicolás Maduro, en un exceso de tiranofilia que los retrata como enfermos del pensamiento.

Dos escritores, Thomas Sowell y Paul Hollander, llegaron a creer que la mayoría de los intelectuales no se sienten apreciados por los sectores de la democracia y de allí se desprende su desprecio por la democracia, desprecio que trasciende al ciudadano común, y eso explica que los tiranos en cambio, aprovechan esta situación y se derriten en atenciones con los intelectuales, como pasó con Fidel Castro y Gabriel García Márquez.

Pero también está la voluntad de poder que existe en la mentalidad de algunos intelectuales, que al no ser bien aceptados por los gobiernos democráticos, y ver que los tiranos les reconocen sus méritos, terminan derretidos expresando una constante admiración por los dictadores.

Cuando usted lea las columnas de algunos de nuestros apreciados intelectuales de izquierda, manifestando su afinidad con los dictadores y tiranos, ya sabrá la razón de esta preferencia. Y la razón que explica esta conducta de los intelectuales es una: es considerar que sus méritos son mejor apreciados por los tiranos, de allí les proviene su tiranofilia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 29 de enero de 2019.

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