Contra viento y marea

enero 6, 2017

Asumir el compromiso de servirle al país no es una tarea fácil, especialmente cuando de por medio se expone la vida del servidor y de su familia, especialmente cuando en el trabajo que toca realizar corresponde a tiempos difíciles donde todas las formas de salvaguardar la vida pasan por tener que desconfiar hasta de la propia sombra que acompaña a la persona. Y el asunto es que, para poder realizar el trabajo extremadamente complejo y peligroso no solo es cuestión de sobrevivir sino de garantizar la vida del entorno familiar.

La misión de depurar la policía hondureña es a nuestra manera de ver las cosas de nuestro país, la misión más delicada que una persona pudo asumir, y a quienes se les propuso tuvieron que haber sopesado con todos los dedos de frente que un ser humano puede tener, lo peligroso que resultaba para él y su familia. Hasta llegamos a pensar que alguno de los comisionados pudo9 haberse arrepentido de haber aceptado la tarea, y puesto que no fue una decisión que tomaron en pocos segundos, estimamos que la consulta familiar fue la que finalmente  los llevó a decidirse a involucrarse en un trabajo que nunca antes se le propuso a alguien.



Depurar la policía hondureña es una misión sin parangón que no se ha visto en otros países en los últimos años, por lo tanto los comisionados al aceptar el compromiso sabían cómo podían comenzarlo, pero ni siquiera se imaginaron como podían terminarlo. Porque la depuración no termina, está en su parte medular, y aunque no toda la policía está contaminada, la comisión más que un simple trabajo, está librando una pelea que requiere tener un altísimo espíritu de compromiso con Honduras, pelea en la que tienen en contra a centenares de agentes y oficiales a los que hace años se les manchó la epidermis con tinta de diferentes colores, especialmente de color blanco y verde.

Pero no menos cierto  es que, también  los comisionados tienen de su lado al sector mayoritario de agentes y oficiales de  la policía, que hacen su trabajo de guardianes del orden público con mucho orgullo y la frente levantada, a pesar de que viven abochornados por la conducta de sus compañeros que decidieron aprovecharse de su condición de autoridad para servirle a los patronos del mal.

Los comisionados encargados de la depuración policial están peligrosamente expuestos en esta pelea, y sin embargo ninguno de ellos hasta ahora ha tirado la toalla, señal que están dispuestos a seguir adelante con la misión que les encomendó el gobierno, contra viento y marea, lo cual significa que, en el lenguaje de la comunicación, aunque los tres saben que tienen un dolor de cabeza que manejar, toda una nación desea fervientemente que salgan airosos y que no fracasen, porque de su éxito depende que los hondureños en pocos años podamos sentirnos seguros y confiados de tener una policía en que la que encontremos la salvaguarda de nuestra seguridad y la de nuestros bienes.

Que son muy  pocos los que quieren su fracaso, porque aunque uno no quiera, siempre hay piedras en el camino, aunque creemos que  en la línea del horizonte del viaje que aceptaron iniciar, los comisionados depuradores no están metidos en un acantilado ni están en el borde de un precipicio, aunque en el devenir diario de ellos les está obligado a tomar todas las precauciones y previsiones posibles.

Deben saber los depuradores que no todo el cuerpo policial los considera sus enemigos, ´porque la mayoría de integrantes del cuerpo policial está  anhelando que toda aquella gran mancha oscura que salpica por igual a justos y pecadores, sea limpiada por completo, lo cual solo será posible con el trabajo de un organismo integrado por ciudadanos valientes, como han demostrado ser los comisionados depuradores, que lleve a excluir de la policía a todo aquel agente u oficial que no quiera cumplir la ley y que lejos de aferrarse al apego de la honestidad, se han pasado del lado del mal para buscar el enriquecimiento ilícito.

Usted amigo televidente, que anhela como lo deseamos todos los hondureños, vivir en una Honduras tranquila y segura,  desde lo íntimo de su pensamiento, seguro que  además de apoyar, admira el trabajo valiente de los miembros de la comisión depuradora. Y que, mientras los miembros de esta comisión,  contra viento y marea, se mantengan firmes en la misión que les pidió hacer el Estado, podemos mantener la confianza que pronto la luz eliminará las sombras, para tener la mejor policía que un pueblo puede anhelar, que es una policía confiable, absolutamente confiable. Gracias a que hay hondureños valientes que han aceptado hacer  el trabajo más difícil y peligroso, contra viento y marea. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 6 de enero del 2017.

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