El paradigma de la desvergüenza

diciembre 16, 2016

Aclaro que en lo personal me había hecho la promesa de no volver a abordar el caso del ex director del Seguro Social, Mario Zelaya, porque la gente, con o sin razón, podría pensar que los periodistas bajo cualquier pretexto nos ensañamos con los personajes que, una vez caídos en manos de la Ley y la justicia, son una especie de árbol caído. Y hacer leña de los caídos corresponde a la innobleza de no respetar los elementales principios de la dignidad humana. Toda persona que está en el corredor donde la justicia lo mantiene detenido tiene sus derechos preservados, que de acuerdo al debido proceso deben ser respetados, hasta tanto no exista una sentencia condenatoria o absolutoria del juez que conoce la causa. Como profesionales del derecho, conocedores de las garantías procesales del detenido o indiciado, conocemos nuestra obligación de llegar hasta donde el periodismo, por muy agresivo que sea,  puede llegar sin transgredir las normas.

Pero, en  el caso de Mario Zelaya, es que el mismo hace trascender  sus derechos en una dirección que moralmente no le está permitido. Y es el hecho de asumir una conducta en la cual destila una frescura que irrita a quien lo escucha. Verlo desfilar con una sonrisa de oreja a oreja, lleno de una frescura que no denota el mínimo de arrepentimiento por su mala conducta, al derrochar, por un lado, y saquear por el otro, los dineros de los derechohabientes del Seguro Social, responde a una actitud provocativa.



Hace pocos días lo mirábamos desfilar hacia los tribunales y en un breve encuentro con los reporteros el señor Mario Zelaya le ofreció a la prensa una sonrisa que denotaba el aplomo que solo una persona feliz puede irradiar. Y de remate, les regaló bendiciones a reporteros y camarógrafos. Ante lo cual no pudimos contenernos para preguntarnos: ¿cómo puede una persona en tal situación lucir una esplendidez de gente feliz, si destruyó su vida, la de su familia, destruyó su entorno de amistades, y ante la nación se forjó la peor imagen que puede tener un hombre, como la de saquear una institución noble como el Seguro Social, solo para satisfacer su banalidad personal?

Cuando le vimos y le oímos repartir bendiciones con una sonrisa llena de felicidad, no acertamos a entender su actitud, llena d desvergüenza, como que si el daño provocado a la nación es algo pequeño e insignificante. Y de remate, algo que le habrán hecho creer sus abogados, que sus pecados son fáciles de salvar y que, por todo lo que ha sufrido en su imagen, pronto estará en la situación de poner de rodillas a quienes hemos creído en los señalamientos que le ha formulado la comisión investigadora, los fiscales y pronto los tribunales.

Pero, a pesar de la promesa de no volver a ocuparnos de su conducta como punto de análisis, su forma de tratar a los reporteros y la frescura de regalar bendiciones, me hizo ver que esta actitud de Mario Zelaya no responde en ningún momento a la ingenuidad ni a un posible estado de locura temporal. El que reparta sonrisa y bendiciones, parece ser su patrón personal de comportamiento, haciéndose aparecer como un posible ganador en los distintos juicios que le esperan. No se en que niveles de optimismo lo ubican sus abogados, pero si le han inyectado un extremado falso optimismo, sus razones tendrán sus defensores, pero por las investigaciones que se han hecho de parte de los fiscales y los organismos civiles como la CNA y ASJ, a Mario Zelaya le han atado todos los cabos de responsabilidad en el saqueo descomunal del Seguro Social, y por lo que se ve, hay responsabilidades imputadas que sobrepasan los centenares de millones de lempiras. Y que puede ser mayor la suma derrochada y saqueada por lo que, a estas alturas, Mario Zelaya, lejos de aparecer sonriente y muy despreocupado, debería lucir cabizbajo, avergonzado, al reflexionar que todo el daño que la causó a su familia, a su esposa y sus hijos que hoy viven apenados del esposo y padre, que los hundió en la verguenza por sus malas acciones, no tendrá como revertirlo sino hasta el día que el DIOS creador del universo lo quite de la faz de la tierra.

Hasta entonces, quizás su familia le podrá otorgar el perdón que solo la desaparición física le puede beneficiar al  más desalmado de los  individuos, que sin ninguna pizca de pudor los bañó del cieno en que él se daba la gran vida de placeres. No se puede franquiciar la desvergüenza como lo pretende hacer Mario Zelaya. Por lo menos sabiendo que ha sido el protagonista principal del más descarado saqueo hecho al Seguro Social, en perjuicio de miles de personas derechohabientes del Seguro Social. Excepto que el individuo a estas alturas, estuviera completamente desquiciado, fuera de sus cabales, sintiéndose un ángel, un ángel del mal, capaz de regalar bendiciones, aún sabiendo que la gente lo considera un verdadero demonio. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 16 de diciembre de 2016.

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