Esta política hondureña tan revuelta

diciembre 8, 2016

Esta política hondureña tan revuelta como casi siempre pasa, no nos permite al resto de los hondureños ver las cosas buenas que nos están pasando aquí y en el resto del mundo, pero esto sucede porque Honduras sigue siendo una nación enteramente democrática,  donde hay conspiraciones en diferentes niveles, conspiraciones divertidas, inocuas, conspiraciones de mentiritas  pero al fin conspiraciones, porque en el fondo los que piensan en un sentido que no responde a su  interés, son francotiradores, que, como decía Neruda, van  a votar en las elecciones,  convencidos de que no están  apoyando a la democracia, pero que deben votar, en favor o en contra o en blanco, no para ayudar a consolidar la democracia, sino para pasar inadvertidos de lo que verdaderamente son, enemigos de la democracia.

Pero también gracias a los conspiradores es que hemos podido darnos cuenta que Honduras tiene una sociedad mayoritariamente democrática, y que somos todos los hondureños que pensamos en el marco de las libertades los que tenemos el derecho a decidir nuestro destino. Y que los hondureños nos estamos dando cuenta últimamente, cuando las instituciones han comenzado a funcionar,  que hemos vivido secuestrados por unas élites corruptas que han actuado como si fueran verdaderas castas. Lo del Seguro Social, donde un cuerpo administrativo encabezado por Mario Zelaya y un equipo de secuaces se robó más de 6 mil millones de lempiras, es una prueba que cuando hay libertinaje para dejarle a un movimiento de un partido político que se despache con la cuchara grande para tomar una institución noble como el Seguro Social, como su caja fuerte para saquearla, el país entero se convierte en un embeleco donde el manejo de asuntos administrativos delicados, como el Seguro Social, termina siendo un embuste por la inescrupulosidad de ciertos políticos.



Por fortuna, aparte de estos manejos oscuros, y de los revoltijos de la política criolla, también están ocurriendo cosas buenas para Honduras, como el hecho de que un organismo mundial reconozca los primeros avances del Estado hondureño en materia de transparencia, cosa que nos debería de alegrar a todo hondureño bien nacido, porque significa que como país estamos ganando confianza internacional, un valor que no cae del cielo ni se obtiene como premio que se compra en la lotería, sino que lo gana el país cuando las autoridades que nos gobiernan toman  decisiones correctas y congruentes al manejar la cosa pública como lo exigen las normas legales y las normas morales. Porque los niveles de transparencia lo dan los buenos manejos del Estado, algo irrebatible, conforme lo exigen las auditorías internacionales que son los calificadores de los países. Contrario sensu, un país que se enreda en el manejo de los negocios de Estado, que irrespeta a los ciudadanos, que conculca las libertades civiles y políticas, y que pretende conformar a los habitantes con baratijas, es un país jaula, que no podrían resistirlo los habitantes, ni aunque mentalmente estuvieran castrados, porque un país en esa situación autoritaria es un polvorín.

Si Honduras estuviera en una condición así,  no tendría ningún reconocimiento internacional de prestigio como el que se le ha otorgado  en Francia, lo que es un demostrativo palpable que hemos  salido de la precaria situación en que nos sumió el desgraciado evento político del 2009. Solo se le premia a una nación por sus avances en transparencia, cuando ante la vista del mundo, después de haber sido escrutada por evaluadores calificados, demuestra ser una nación descontaminada del miedo y los prejuicios, que son los males que encadenan a un país  para sumirlo en una condición nefasta.

Este reconocimiento internacional que pone a Honduras como país que avanza en la consolidación de su democracia, gracias a sus altos niveles de transparencia, no es un reconocimiento espurio, sino todo lo contrario, es una certificación de buena conducta que solo se otorga al país que se rebela y abandona las situaciones caducas y los revoltijos de esta política catracha,  rompiendo por medio de la transparencia,  los viejos  candados que la mantuvieron por mucho tiempo como una nación estafada y sumisa,  porque la sociedad hondureña  no tenía valor de salir de esa miserable postración.

El filósofo John Looke decía que la palabra clave es confianza. Una verdad axiomática, porque  nadie que no sea confiable es digno de ser tomado en cuenta, ni para cooperarle, ni para invertirle, mucho menos para ponerlo en un primer plano mundial dándole el crédito más honorable del que se puede enorgullecer un país: como es figurar entre los países transparentes del mundo. Bienaventurado este reconocimiento que enaltece a Honduras y a los hondureños. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 8 de diciembre de 2016.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *