Dos períodos de progreso

septiembre 25, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

A pocas horas de que la rectora Julieta Castellanos cumpla con su segundo período al frente de las autoridades de la UNAH, se puede afirmar categóricamente que han sido dos períodos en que se ha establecido una nueva era en la máxima casa de estudios de nuestro país. Han sido dos períodos decisivos que marcaron un rumbo que hizo ganar a la principal universidad hondureña sitiales que antes estaban muy distantes por el retraso que ha llevado Honduras en el campo educativo. Y como establece la ley, la rectora Castellanos termina su segundo período dando paso a un nuevo rector que deberá cumplir con una etapa interina hasta que los estudiantes hayan decidido su representación, para entonces elegir al nuevo rector en propiedad.



La rectora Julieta Castellanos, aparte del conflicto que tuvo que enfrentar con un grupo de choque formado por quién sabe si estudiantes o elementos extraños a la universidad, deja una estela satisfactoria producto de una gestión en la que tiene muy bien ganada un profundo reconocimiento de los diferentes sectores de la sociedad, por los logros indiscutibles que convirtieron a la UNAH en un agente positivo de transformación.

Podemos calificar los hechos decisivos del conflicto desatado por las tomas de las instalaciones universitarias en los últimos meses, como acciones propias de elementos distorsionadores de la vida universitaria que al final fracasaron, por haber perdido la batalla jurídica, aunque ganaron la batalla de la propaganda que obtuvieron de algunos medios y personajes de opinión pública, que, aunque viven en el ámbito nacional demostraron no estar interesados en el fondo del conflicto, quizás por sus inclinaciones ideológicas, o por una mezquindad producto de no haber logrado sus propósitos particulares en las dos gestiones de la rectora Castellanos.

Lo extraño del caso es que los organismos de derechos humanos, tanto nacionales como extranjeros, parecieron compartir la doctrina intoxicada de los elementos encapuchados, que no escucharon ninguna razón, no quisieron atender la solución emanada desde el Congreso Nacional y se plantaron con su falsificación de la realidad, cosa que fue aceptada por el CONADEH y la representante de derechos humanos de la ONU.

Quedarán seis o más meses de rectoría ejercidos en forma interina, hasta que se elija al rector en propiedad, pero tardará cierto tiempo para desmontar la patraña de los encapuchados, que mantuvieron tomadas las instalaciones universitarias a manera de código de venganza para reivindicar a sus camaradas del SITRAUNAH, que fueron enfrentados con decisión por la rectora Castellanos, como una de sus primeras acciones para poder establecer la autoridad democrática en la UNAH.

Como los encapuchados no ganaron nada, es bien sabido que estarán inconformes hasta tanto no se elija a alguien de su ideología, por lo que, quien asuma en forma interina la rectoría deberá estar dispuesto a lidiar con las inconsecuencias de este grupo de radicales, cuyo objetivo no es luchar por la mejoría de la UNAH, sino por imponerse y apoderarse de la conducción de la máxima casa de estudios, cuyo presupuesto general es el objetivo que persiguen los miembros del partido político que está detrás de esta operación.

En cambio, quedará como buen precedente una gestión efectiva, eficiente y ejemplar de la rectora Julieta Castellanos, que sin descuidar la administración de la UNAH, tuvo que lidiar los últimos meses con la acometida de este grupo de radicales que desde el inicio de sus hechos violentos demostraron un interés implacable de causar todo el daño que fuera posible, no solo en contra de las instalaciones físicas de la UNAH, sino también en contra de la vida académica en que los grandes perdedores fueron los miles de estudiantes de escasos recursos.

En cambio cada ley, cada medida, cada gestión de las autoridades universitarias que rectoró Julieta Castellanos estuvieron destinadas a impulsar la reforma universitaria, lo cual se logró en gran parte, pudiendo calificarse en su conjunto como la reconstrucción de la principal casa de estudios, lo que puede exaltarse sin el temor de que alguien lo refute como una exageración.

Algún día será menester obligatorio estudiar cómo la UNAH comenzó su reestructuración académica por el avance de la reforma, que dio lugar al nacimiento de una universidad moderna y orientada a ser un centro educativo superior destinado a trabajar por la superación y el progreso de Honduras. Entonces se verá cómo la UNAH dejó de ser un proyecto agotado, donde un sindicato que actuaba como una banda delictiva, sin el menor reparo se consideraba como dueño del tesoro universitario, en medio de la ausencia casi absoluta de una autoridad que fuera capaz de enfrentarlos. Hasta que llegó Julieta Castellanos y los puso en su lugar.

La cuestión de fondo, más allá de las tomas violentas de los encapuchados, es si el nuevo rector podrá enfrentar intelectual y políticamente al grupo de radicales apoyados por el Partido Libre, que es quien está detrás de tanto estrago cometido en contra de la universidad y los miles de estudiantes.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 25 de septiembre de 2017.

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