Dos países con un mismo destino

julio 12, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Las guerras son episodios fallidos entre dos o más países, son herramientas políticas mal usadas por los gobiernos cuando no son capaces de resolver sus propios problemas internos y apelan al desencuentro con otro país para hacer creer a los suyos que otros son los culpables. Pero siendo cosa del pasado, una guerra no debe servir de argumento para rememorar ni alimentar proezas, ni tragedias, porque una guerra es una efeméride que no lleva más que a arrastrar recuerdos que no construyen sino que distancian y destruyen el porvenir.



Honduras tuvo en el pasado desencuentros con Guatemala, con Nicaragua y con El Salvador, afortunadamente son hechos que han quedado en el pasado y que aunque forman parte de la historia de los tres países, no deben representar un motivo de inspiración para construir el futuro, porque nadie gana nada rememorando los acontecimientos conflictivos que solo daño produjeron a las partes.

En la geografía centroamericana, Honduras y El Salvador son dos países que desde siempre se caracterizaron por mantener afinidad casi en todos los aspectos. La forma de hablar, el lenguaje utilizado, las costumbres y las relaciones entre familias que vivían en uno y otro lado, nos hicieron desde que nacimos en condición de Repúblicas en el istmo centroamericano, los dos países que más congeniaban. Ir y venir de un país a otro era la costumbre más común. A eso se debió que miles de salvadoreños vivían en Honduras, como miles de hondureños vivían en El Salvador.

El infortunado conflicto del 69 nos dividió y reanudar las relaciones hasta ponerla en el punto de la normalidad costó muchos años, pero se consiguió al final, con el fallo de La Haya, mediante la solución del conflicto de frontera. De ese tiempo para acá, las relaciones entre Honduras y El Salvador han llegado a un punto que pareciera que entre los dos países no pasó nada, porque afortunadamente el tiempo que es el peor enemigo de la discordia o el bálsamo más efectivo para curar los golpes del pasado, hizo que los empresarios salvadoreños y los empresarios hondureños, dejaran a un lado aquella diferencia para volver a reencontrarse, mediante sus actividades empresariales y comerciales, con los públicos usuarios y consumidores de uno y otro país.

Los empresarios salvadoreños perdieron el temor y volvieron a invertir en empresas de toda índole en Honduras y a su vez, empresarios hondureños hicieron lo propio y se atrevieron a entrar al mercado salvadoreño. Hoy los salvadoreños han invertido en hoteles y toda clase de comercios en nuestro país, mientras los empresarios hondureños han incursionado en El Salvador adquiriendo bancos, financieras de pensiones, distribuidoras de combustibles, tiendas y medicamentos populares. Si revisamos el mapa actual de los dos países nos encontramos miles de hondureños buscando oportunidades en El Salvador y miles de salvadoreños conviviendo en Honduras. Así es como estuvimos antes del 69 y como debimos haber permanecido siempre, de no ser por aquel infortunado desencuentro ocurrido por la incapacidad de los gobernantes de los dos países.

Hoy tanto Honduras como El Salvador están sumidos en igualdad de circunstancias enfrentando problemas sociales de la misma índole, situaciones que solo pueden ser enfrentadas con la fuerza de la unión de ambos países y el apoyo internacional de EEUU, porque en los dos países existe una presencia antisocial muy poderosa, nutrida con gran cantidad de recursos que proviene del negocio de las actividades ilícitas. Y tanto Honduras como El Salvador deben apelar a los mismos sistemas defensivos que proveen las fuerzas armas y la policía para poder salvaguardar la seguridad de las personas y sus bienes. Por desgracia, en ambos países hay sectores políticos que trabajan favoreciendo a las organizaciones antisociales, por lo que es una obligación para autoridades salvadoreñas y hondureñas, unir sus fuerzas para poder salir avante en esta guerra no convencional que los gobiernos libran contra esas fuerzas tan irregulares que están dotadas de mucho capital que captan de sus negocios ilícitos.

Tanto el gobierno de Honduras como el de El Salvador deben entender que divididos, separados, caminando cada cual por su lado, serán débiles y flacos, fáciles de caer vencidos frente a las organizaciones antisociales. Ambos países se necesitan uno del otro, en este momento crucialmente histórico, donde los antisociales han ganado espacios cuantiosos que los pone, en determinados puntos de cada país, con una supremacía alarmante, que les permite actuar con más poder que las mismas autoridades.

Tanto el actual presidente de El Salvador, como el Presidente de Honduras, deben tener la suficiente cordura y la serenidad necesaria del caso, para entender que cada quien por su lado hará de su país un territorio débil a merced de los que buscan imponer un orden criminal como nación. Es un mapa complejo y difícil de leer, pero que se puede percibir y entender bien, con la ayuda de expertos de la geopolítica, que explican a la perfección el peligro a que están expuestos tanto Honduras como El Salvador.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 12 de julio de 2019.