¿Dónde está y quién es nuestro enemigo?

septiembre 28, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En su obra “Huracán sobre el azúcar” el escritor francés Jean Paul Sartre, al hacer un examen en La Habana, Cuba, en todas direcciones, se preguntaba: ¿dónde identificar a los individuos cuyo objetivo central era destruir nuestras ideas, nuestros principios y nuestras obras? Muchas veces en medio del fragor una campaña política los aspirantes de uno y otro partido pueden crisparse al grado de no controlar las emociones y eso les puede afectar en el comportamiento. Porque les sobreviene una obnubilación que les impide distinguir, como cuando se está en medio de una espesa niebla en que uno no sabe si va por la derecha, por el centro o a la izquierda, ¿quién es nuestro enemigo principal?



Hay que seguir el debate que se desata en los medios televisivos para unir los hilos y saber quién es quién, y hacia dónde dispara cada aspirante en la campaña. En el actual panorama político hay tres instituciones que, en escala de posibilidades, están situados aspirando a ganar el poder de dirigir los destinos de Honduras a partir de 2018. El Partido Nacional con su candidato JOH, que aspira a ser reelecto por otro período más, el Partido Liberal con Luis Zelaya, un aspirante con las características del antipolítico, y LIBRE con su candidato Salvador Nasralla, con las características de un impolítico y a la vez antisistema.

Entre los tres hay una tirantez propia de los aspirantes que defienden su respectivo terreno sin concederse ni una pulgada de tregua. Nada más que, hay una sola condición que hace afines a liberales con nacionalistas, y es el hecho de que ambos partidos son proclives a la defensa del sistema democrático, no así LIBRE, que es un partido antisistema y antidemocrático, apegado a la doctrina marxista y por lo tanto partidario de un sistema autoritario en el que no existen las libertades.

Pero, aunque entre los tres partidos hay diferencias, entre liberales y nacionalistas siempre ha existido el denominador común de defender la democracia, mientras que LIBRE, un partido de extrema izquierda, es lo contrario, y siempre está haciendo lo imposible por torpedear la democracia, y de aquí en adelante moverá lo que deba mover por impedir la celebración de las elecciones. Su último movimiento ha sido el disparate de solicitar una postergación de las elecciones, siempre enmarcado en la aventura de ensuciar las aguas para crear el delicado momento en que pueda conseguir algo del evento, sabiendo que su candidato no tiene posibilidad alguna de ganar la presidencia.

Y como ya se sabe que LIBRE no trabaja por defender la democracia sino por destruirla, la responsabilidad de evitar este objetivo queda en manos de nacionalistas y liberales, que son los que al final se disputarán el beneficio de los electores, para mantenerse en el poder, unos, y regresar al poder, los otros. Pero en medio del anhelo de conseguir su objetivo, tanto liberales como nacionalistas, no deben perder de vista que frente a ellos está LIBRE, un partido que nació para acabar con el bipartidismo, destruyendo a los dos partidos históricos, como me lo confesó cierta vez Patricia Rodas.

La prioridad en esta tarea, de LIBRE, es destruir al Partido Liberal, trabajo que Mel Zelaya comenzó en el 2008 y que logró parcialmente, al dejar profundamente dividido y fragmentado a los liberales, situación de la que aún no se han podido recuperar del todo, al haberse llevado Mel Zelaya una buena parte del liberalismo para fundar el Partido LIBRE. Con esa porción de su caudal, el PL quedó en desventaja frente a su antiguo adversario, el Partido Nacional, aunque de sobra es conocido que, no son los nacionalistas los que tienen en su mira destructiva al PL, sino LIBRE, cuyo futuro está cifrado en que, en algún momento los liberales que han quedado fieles a su partido y a su bandera, se cansen y decidan formar parte de la membresía de Libertad y Refundación.

Esta es le lectura correcta que se desprende de la aspiración de Mel Zelaya y del alto mando de LIBRE. Su crecimiento solo se basa en destruir del todo al PL, porque su cálculo es de tener un partido de más de un millón doscientos mil afiliados, que lograría en el momento en que todos los liberales decidan unirse a LIBRE. Este es un criterio extremadamente reduccionista, que es la esencia del análisis político de los ideólogos de LIBRE, que saben que LIBRE no tiene de donde nutrirse sino es de las bases del liberalismo.

Cabe aquí la pregunta, parodiando a Jean Paul Sartre: ¿dónde está y quién es nuestro enemigo principal? Quien está desesperado por ganar la recta final para llegar al poder a costa de destruir por completo al Partido Liberal, es LIBRE. Porque sabe que su fuente nutricia solo está en el liberalismo. El enemigo natural del PL es LIBRE, porque este sabe que sin la destrucción del PL, en LIBRE nunca habrá futuro.

Ahora bien, los nacionalistas para cumplir su sueño de ganar otro período, hábilmente buscan dividir a los liberales, pero su negocio no es destruir al PL, porque en el juego del columpio democrático, históricamente el nacionalismo depende del PL para sobrevivir, y a los liberales les pasa lo mismo. Ambos partidos son democráticos, a ninguno le conviene destruirse uno al otro, en cambio LIBRE piensa como lo hace un partido totalitario, quiere destruir a los dos partidos históricos, para quedar dominando el escenario por completo, en condición de partido único, que es característico en un sistema totalitario.

Considerando este análisis, cualquier escalada de tensión provocada por LIBRE no lleva el fin de aporrear sino de destruir por completo al PL, para comenzar. Y continuar luego su obra destructiva eliminando al PN, para quedar dominando como partido único. Entonces, vale que liberales y nacionalistas se hagan eco de la interrogante de Jean Paul Sartre: ¿dónde está y quién es nuestro enemigo principal? Sería una catástrofe del absurdo, que a estas alturas, liberales y nacionalistas no hayan identificado al enemigo común.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 28 de septiembre de 2017.

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