Dividir, no sumar para perder ¡esa es la cuestión!

marzo 20, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Con el actual Consejo Central Ejecutivo, el Partido Liberal se ha instalado en la antítesis de su memorable plataforma filosófica: sumar, unir y vencer, para transformar, que pasó a mejor vida. Hoy, con el pensamiento más atrofiado que nunca antes le habíamos visto a una autoridad del Partido Liberal, el Central Ejecutivo bajo la dirección de Luis Orlando Zelaya Medrano, se empecina en hundir a este otrora glorioso partido. Decir que nadie que no porte el carnet liberal se puede considerar liberal, es la idiotez más estúpida que se puede usar como presión para que liberales y no liberales corran al Central Ejecutivo a tramitar su carnet para sentirse liberal.



En su famosa obra “El ser y la nada”, el filósofo Sartre decía que es imposible pensar en el NO SER, porque el ser existe y el no ser es pura abstracción. Traemos a colación este pensamiento filosófico de Sartre, por esta actitud de los miembros del Central Ejecutivo y muy especialmente de su presidente, porque pedirle a los liberales que vayan al Central Ejecutivo por su carnet para sentirse y considerarse liberales es de lo más insensato que se puede hacer, el colmo de la constancia por querer seguir hundiendo a lo que queda del Partido Liberal.

En estos tiempos de la invasión de la infotecnología, de los cambios de mentalidad por las nuevas generaciones que están más prendidos de los anti que de los pros, salir con esta “bayuncada” de exigir un carnet para demostrar la simpatía por un partido, es retroceder en política a la época de las cavernas. En estos tiempos cuando ya no puede hablarse de una militancia dura, porque los jóvenes y aún miles de adultos, ya no se aferran a una bandera o a un color, y prefieren seguir más a candidatos y propuestas que a banderas y partidos; llegar a la barbaridad del “carnetismo” es de lo más bayunco y torpe que se les podía ocurrir a los cabezotas del Central Ejecutivo.

Qué hacer con estos ciudadanos que han perdido el juicio haciendo cosas que nada tienen que ver con la formación política del liberalismo, que no concibe restricciones, porque en el liberalismo lo que prevalecen son las libertades. A ninguna persona se le puede encasillar con rejillas mentales ni siquiera se le puede restringir con la exigencia de un documento, sea cédula o carnet, para que compruebe su militancia, porque para votar por un candidato no se requiere que el elector milite en el partido que postula al candidato. Más bien, lo que a un candidato y a su partido les preocupa llegado el momento de las elecciones, es esa gran masa de ciudadanos indefinidos, que ocultan su preferencia y que pueden definir el triunfo o el fracaso de un candidato.

En las elecciones del 2017, los liberales le decían a don Luis Zelaya que la encuesta Keller, la más seria de las encuestas políticas, lo situaban a él en una lamentable tercera posición, de la cual nunca pudo despegar y el alegato de don Luis era que “esa encuesta estaba pagada por Juan Orlando”. No hubo manera de hacerle entender que en política el terco que se hunde en sus dogmas jamás puede ser un buen líder. Y esto que, fuimos numerosos los ciudadanos, entre mujeres y hombres, los que intentamos convencerlo que las encuestas que le levantaban sus asesores andaban extraviadas. El resultado electoral del 2017 no nos extrañó, de antemano el encuestador Keller nos anticipó que el candidato liberal nunca pudo despegar, su discurso y sus argumentos fracasaron en el momento en que quiso apropiarse del discurso anticorrupción de Nasralla, lo cual hizo que muchos liberales mas bien apoyaran a Nasralla.

Hoy, el empecinamiento de Luis Zelaya Medrano está despedazando el hermoso lema filosófico liberal de “sumar, unir y vencer, para transformar”. Con la antítesis que usa Zelaya Medrano, los liberales están más divididos que nunca, con lo cual el PL con las ideas de Luis Zelaya ya no suma, y como institución política continúa cuesta abajo, directo a nuevos fracasos electorales, incluso a quedar en una ubicación todavía más  precaria que lo convierta en otro partido minoritario.

Sumarse a Nasralla, en una alianza oportunista para conseguir cuotas de poder, sería el tiro de gracia para el Partido Liberal. El Partido Liberal, en una alianza de esta manera, no alcanzaría ninguna cuota de poder, pero sin duda que perdería, y  lo perdería todo, porque sería la primera vez que los liberales irían de cola, buscando un pedacito de poder, arrastrados por un antiliberal, en una paradoja salvaje que exhibiría la pobreza y la debilidad a la que Luis Zelaya ha llevado a un partido glorioso.

Dividir, no sumar para perder, esa es la cuestión que Luis Zelaya le ha significado al Partido Liberal.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 20 de marzo de 2019.

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