Distribución de tarjetas de identidad

agosto 2, 2021

Juan Ramón Martínez

Aquí de todo hacemos una dificultad, una controversia o una discusión interminable. Parecemos que siendo una sociedad de desocupados, no sabiendo cuales son nuestras responsabilidades y tareas, frente a objetivos ignorados, para no aburrirnos, hacemos de toda una discusión, una infantil. Un berrinche. El mejor ejemplo es la entrega de las nuevas tarjetas de identidad. Aunque el lugar más normal para ir por ellas, el Registro Nacional de las Personas (RNP), uno de los tres partidos, Libre, se opone a ello, porque en el personal de la institución citada no tienen empleados. Para que se dediquen a vigilar a los de los demás partidos (Nacional, PINU, Democracia Cristiana y Liberal), no tienen seguridad que a sus partidarios no se les negara el documento que además de cédula electoral para el ejercicio del voto, es un documento general de identificación. Es decir que hacen de una supuesta anticipación de la conducta de sus adversarios la base para crear una dificultad aparentemente insalvable y, además, para construir un mecanismo de desprestigio de una institución que, aunque ellos son miembros de la misma, hay la obligación de conservar. Cumpliendo aquello que, aquí, en vez de construir confianza, aumentamos la desconfianza; y en vez de consolidar instituciones que las sostengan, más bien las destruyen. Convirtiéndose en fieles divulgadores de aquello que, la única manera de hacer política es aumentando la desconfianza, creando fosos de diferencias entre grupos, sectores y partidos de cuyo acuerdo depende el desarrollo del país. Es decir, se tornan en enemigos de Honduras, tan solo para experimentar el placer de llamar la atención por el ejercicio del desacuerdo.



Ningún político serio puede hacer esto. Y, menos aquellos que están convencidos que por este medio, se obstaculizara el proceso electoral y al crear vacío en la continuidad institucional, se pueda crear una situación favorable a sus pretensiones de “refundar a Honduras”, como si ellos, fueran los más singulares ciudadanos para sustituir a los patriotas que, en su momento, fundaron Centroamérica, crearon el Estado de Honduras y la República.
En honor a la verdad, la tarjeta de identidad es un producto que nace del Censo Electoral. De forma que, si se acepta esta afirmación que es tan exacta que no necesita demostración, la tarjeta de identidad solo es útil para el ciudadano fundamentalmente, por lo que la defensa o custodia de la misma, es suya. No necesita que nadie haga el papel de guarda espalda o “wachiman”, porque representa lo más importante para probar que es él, y no otra persona, quien la porta. Y cuando se trata de usarla como tarjeta electoral, nadie podrá usarla porque ni las fotos y mucho menos las huellas, coincidirán, de forma que no podrá ejercer el voto, aunque porte un documento que no es suyo.
Hace falta que se tome conciencia de estas cosas. Asumir que todos debemos ser parte de la solución y no del problema. Muchas dificultades atravesamos, para que ahora vengan a obligar al RNP a que busque nuevos fondos y organice brigadas especiales que, en un primer momento de repente, estaban justificadas. Pero que ahora que no hay fondos suficientes, carecen de sentido y lo más económico es utilizar la misma red institucional que se ha encargado de su diseño, edición y publicación.

Agregar una diferenciación absurda, entre la nueva y la vieja, de forma que una se contraponga a la otra, carece de sentido en un país pobre como Honduras. Lo que se debió hacer en vez de crear una nueva tarjeta de identidad, a la que un partido cuestiona, con el apoyo de otro de oposición porque creyendo que, haciéndole daño al partido oficial, Honduras sale ganando, es darle una vigencia a la Tarjeta de Identidad. De forma que manteniendo el mismo sistema, como ocurre en los países más desarrollados y por ello de más recursos, el ciudadano acude a renovarla. O como se hace con la licencia de manejo automotriz. Así se evitarían los problemas infantiles de la desconfianza, las aglomeraciones y las peleas entre políticos que ponen en entredicho su madurez emocional, su compromiso con Honduras y el obligado respeto a la ciudadanía.

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