HONDURAS: ¿es posible la disciplina fiscal en año electoral?

abril 4, 2017

Hay otros temas más preocupantes en Honduras, como la falta de empleo y las cuentas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), la compañía más grande del país y la más desastrosa

Tegucigalpa, Honduras

Después del largo asueto aprobado por la administración pública con motivo de la Semana Santa, el gobierno de Honduras deberá rendir cuentas a una nueva misión de evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La administración Hernández Alvarado hizo buenas migas con el Fondo luego que le costó casi un año deshacer el entuerto de gobiernos anteriores, que se comprometieron a programas que luego no cumplieron.



No obstante, este año, el presidente y su equipo enfrentan su reto principal, guardar la disciplina fiscal en un año electoral.

Típicamente, el gobierno desata los controles el gasto público en año electoral y ahora que el propio mandatario es candidato presidencial, con mayor razón hay preocupación por una posible y desbocada campaña de inversión en busca de subir los méritos políticos del gobernante.

Hasta hoy, pese a un programa de bonos que paga deuda con más deuda y algunos manejos no muy claros del Presupuesto Nacional, el gobierno consiguió estabilidad en sus números, hay un crecimiento moderado pero sostenido de la economía, la devaluación se mantiene controlada y la inflación no es un problema serio.

Hay otros temas más preocupantes, como la falta de empleo y las cuentas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE),  la compañía más grande del país y la más desastrosa.

Como parte del plan de recuperación de la ENEE  el Estado hondureño contrató un consorcio que tiene como misión la reducción drástica de las pérdidas técnicas de la empresa y comenzó un proceso de adelgazamiento de la burocracia en la institución que ya puso a miles de empleados en la calle.

Hasta ahora, sin embargo, las iniciativas a favor de la ENEE apenas lograron contener la sangría financiera, y se dice que falta mucho más para poder revertir los procesos de pérdidas y convertirlos en ganancias.

Los planes que el país acuerda con el FMI son elaborados por hondureños, los compromisos adquiridos son propuestos por nuestro gobierno y se convierten en obligación una vez que el directorio del ente internacional los aprueba Crecimiento con estabilidad siempre es la meta, y en ambos sentidos el Fondo se mostró moderadamente optimista respecto a Honduras en sus últimas evaluaciones.

En un año de alto interés político como éste, el Fondo continúa presionando por el control del gasto y el equilibrio presupuestario, así como por incentivos para la inversión.

En el mismo período, el gobierno necesita mostrarse como promotor del desarrollo a base de grandes inversiones que conspiran contra las políticas de estabilidad financiera, de modo que el secreto es encontrar el punto que equilibre ambos intereses, una simetría tan sutil que casi nunca se deja capturar.

 

 

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