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Un diálogo con exclusiones no es diálogo

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Aunque un diálogo en el aspecto formal del idioma es una conversación entre personas que alternativamente manifiestan sus ideas y afectos, y hasta pudiera suceder que los interlocutores apenas se presten o no se presten atención, en política, el dialogo es un valioso instrumento para solucionar conflictos y hasta para zanjar crisis. El diálogo entre personas y grupos de opiniones e ideologías distintas y aparentemente irreconciliables, al final busca llevar a las partes a la comprensión mutua. En el diálogo entre políticos, el moderador debe ser una persona con la suficiente intuición de arreglador, con una formación filosófica de pensamiento esencialmente no dogmático, de manera que pueda conducir las conversaciones entre las partes lo más alejado posible de la controversia para buscar el entendimiento. En pocas palabras, un buen conductor de un diálogo es por excelencia un amable componedor entre las partes en conflicto.

En cualquier caso un diálogo tiene por excelencia la condición de ser incluyente, un diálogo que comienza con el paredón de excluir a una o dos partes, pierde la esencia natural del arreglo y de entrada se llama al fracaso. Vamos por partes, porque además de diálogo político hay otras clases de diálogos, como el diálogo de la lengua donde las partes discuten qué términos son ofensivos, cuáles son los vulgares y si es posible mezclar entre los vocablos correctos, los ofensivos y vulgares. Está también el dialogo del amor por el que se enlazan los enamorados cuando se cortejan para conocerse y formar un proyecto de vida. Está el diálogo de los muertos, que es propiamente una figura literaria en la que diversos personajes ilustres se encuentran en los infiernos y constatan sus propias vanidades mundanas que en vida no les sirvieron de mucho porque fueron aniquiladas por la muerte.

Y aunque usted no lo crea, también existe el diálogo de pistolas, que es el que surge cuando las personas llegan a perder la cordura para caer en el abismo de las edades primitivas, cuando la gente arreglaba sus asuntos a punta de pistola, o sea, que agotada la racionalidad del pensamiento todo lo arreglaban sacando la pistola. Muy bueno sería que el diálogo iniciado en Honduras caminara por la ruta del entendimiento, pero para ir por este rumbo es preciso que todas las partes entiendan que un diálogo en las circunstancias actuales debe incluir a todos los sectores, sin descartar a ninguno.

Si es un diálogo entre políticos no debe faltar ninguno de los actores del escenario político, y aunque alguno se auto-excluyera, el moderador o conductor y el resto de participantes deben hacer hasta lo imposible por convencerlo y llevarlo de la mano a la mesa de conversación. Nos pareció increíble que se diga que el Partido Liberal, junto a los representantes de Salvador Nasralla, se opone a la participación del Partido Nacional en la mesa de diálogo. Aunque anoche, un apreciado dirigente liberal como es José Alfredo Saavedra nos aseguró que había una mala interpretación de los nacionalistas.

De primera intención me pareció descabellado que los dirigentes liberales se opongan a la participación de los nacionalistas en el diálogo nacional, siendo que los liberales, históricamente por representar a esa grandiosa corriente universal de libertades plenas que es el liberalismo, han sido fieles defensores conforme su pensamiento, de no excluir a nadie, por lo que no pueden ahora estar viendo el mundo al revés. Caso contrario los seguidores del partido de Nasralla que son muy dados a identificarse con el anarquismo y el caos, de los cuales es común esperar este tipo de actitudes excluyentes, porque lo más alto de su liderazgo alimenta y promociona todos los días toda clase de disparates en nombre de su accionar personal, pretendiendo no darse cuenta de la trampa que encierran estas actitudes políticas que acaban produciendo esclavitudes mentales en las personas.

Es completamente descabellado excluir a un instituto de derecho público como es el Partido Nacional del diálogo, esto correspondería a una ideología maligna cuyo propósito visible sería torpedear el diálogo para evitar que las partes del conflicto se avengan por medio de acuerdos para conseguir objetivos sonados como son las diferentes reformas electorales que tanto urgen a los mismos sectores de oposición.

La política no es algo cuántico, sino más bien el arte del entendimiento para lograr la mejor convivencia y el mayor bienestar posible de los pueblos, en la que deben haber numerosas avenidas con muchas soluciones para resolver los conflictos y los desencuentros entre los sectores. Bueno sería que liberales y nasrallistas entiendan que un dialogo tunco o un diálogo manco solo servirá para engangrenar el cuerpo político que es Honduras. Y por amor a Honduras, si es que lo tienen, deben acudir a la mesa del diálogo sin pretensiones excluyentes absurdas.

Sobre todo los liberales, que deben hacer honor a su militancia en esa hermosa corriente que es el liberalismo universal, la gran plataforma que es plena de libertades y que, entre sus características está la del respeto a la libertad, a la igualdad y la fraternidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 5 de julio de 2018.