Desobediencias mortales

marzo 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Decía el psicólogo cubano Ángel María Velásquez que toda crisis provoca distintas tentaciones, y una de las más frecuentes es la de escapar, huir del peligro, pero cuando la crisis es provocada por una pandemia en que los protocolos sanitarios recomiendan aislarse por completo para evitar la propagación del mal, la huida no funciona porque cuando las personas desobedecen la orden de la cuarentena que manda no salir de la casa, el virus encuentra el terreno que anda buscando para echar raíces. Está pasando en Honduras, hay una gran cantidad de compatriotas que no están acatando la disposición de quedarse en casa y salen desbocadas a los mercados populares a comprar. No han querido escuchar los comunicados del gobierno donde se autoriza a pulperías y abarroterías a vender a los habitantes de los vecindarios. Muchas personas deambulan por los mercados sin siquiera comprar nada, pareciera que se escapan de sus casas para estirar las piernas desafiando las advertencias sobre el cuidado sanitario que todos debemos procurarnos en estos días.



El hecho es que mientras las cifras de contagio y de personas muertas en distintos países crece de una manera alarmante, en una escalada hacia un pico que parece interminable, muchos compatriotas que a lo mejor han decidido no ver ni escuchar ni leer noticias, salen campantes, empeñados en mirar para otro lado y vivir en su propia realidad como si nada estuviera pasando. Lo malo de esta desobediencia es que quienes burlan el toque de queda y se van a los mercados o a otros lugares, solo aumentan el drama de la posibilidad de que pronto tendremos muchos contagiados que serán muchas personas inocentes que resultarán afectadas por obra de los irresponsables que se escapan de la cuarentena.

Como decíamos hace algunos días, si hay algo que aunque con dolor deberíamos entender, es que en esta pandemia hay que practicar a plenitud la reciprocidad, hasta el punto de que somos dependientes y responsables los unos de los otros. Es decir, de nada sirve que yo me cuide si usted no se cuida, o a la inversa, que usted se cuide y yo no me cuide. Un pequeño gesto de responsabilidad es guardar consideración a los nuestros, a los amigos con los que nos reunimos, y a los compañeros de labores con los que compartimos. Esto tiene un valor enorme por el bien de todos.

Pero la frivolidad y la ignorancia de creer que, como el virus no se puede ver por su tamaño microscópico, puede provocar cuando menos lo esperemos, mucho dolor, y tirar por tierra los enormes esfuerzos que están haciendo las autoridades del país para evitar la propagación del virus, esfuerzos que quedarán pulverizados por la terquedad de la gente de desatender la cuarentena y el toque de queda con la excusa de salir a comprar más barato a los mercados populares. Entonces, como no hay un millón de policías para frenar a tanto desobediente que deambula por las calles, no queda otra medida que proceder a militarizar los mercados, solo de esta manera ni los mercaderes locatarios podrán incurrir en la irresponsabilidad de abrir sus puestos ni la gente podrá aglomerarse en esos lugares. No queda de otra, ante la necedad solo queda la fuerza de la autoridad para evitar la propagación del virus.

De este verdadero huracán pandémico que se abate sobre el mundo, ninguno va a salir por su propia cuenta y en cambio los que quieran hacer las cosas a su capricho les harán grave daño a muchos inocentes que están cumpliendo las disposiciones de la cuarentena al pie de la letra. Saldremos adelante con el concurso de todos, con la comprensión de que, siendo recíprocos, yo me cuido pero tú también te cuidas, con la conciencia, la responsabilidad, la paciencia, la seriedad y la disponibilidad para acatar las reglas que dictan las autoridades, haciendo este gran sacrificio es que podremos obtener la victoria que a va ser muy dura al final de esta larga como dramática jornada, que no sabemos cuánto va a durar.

Interpretando al sicólogo cubano Ángel María Velásquez, es normal que en esta época de cuarentena por el coronavirus, surjan la impaciencia y la rebeldía en algunas personas que siempre creen tener razones para alegar que su indisciplina y su desobediencia son justas porque el hambre aprieta cuando las tripas tiemblan. Pero nadie se muere por no comer un día, ni dos, ni tres ni una semana, los ayunos son recomendados para ganar salud. Y porque mucha gente ahora come más de lo necesario es que el mundo y Honduras, particularmente, está llena de gente gorda, obesa, que come como si padeciera el mal de la gula.

Se impone una acción rigurosa de las fuerzas de seguridad, policías y militares, para militarizar los mercados, y evitar las aglomeraciones humanas, porque se trata de proteger la vida tanto de las personas desobedientes como de las personas inocentes. En esta hora grave, hay ciertos derechos que es una terquedad invocarlos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 23 de marzo de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *