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El desembalse a la tranquilidad

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando ocurre una inundación es urgente hacer compuertas para que ceda la presión de las aguas, de manera que se produzca un desembalse natural por el que puedan salir las aguas y todos los residuos que pueden provocar daños, como cuando ocurre un siniestro aluvión, que es capaz de partir caminos y hasta amenazar con destruir las carreteras. Ni más ni menos es lo que está pasando en Honduras, después del evento electoral, en que pudiéramos entrar a una larga etapa de intranquilidad, donde los hondureños podemos escoger entre dos caminos a transitar: A) o abrimos un dique para que se escape la riada de cólera que amenaza con llevarnos cuesta abajo y nos pudiera dejar con un país partido, totalmente roto y además desmoralizado. B) O preferimos quedar atrapados en un muro de contención, en medio del llanto por el desacuerdo de los políticos intransigentes, desoyendo el clamor del pueblo pueblo, es decir la ciudadanía que votó y que exige responsabilidad a los políticos, para que, una vez conocido el resultado oficial de las elecciones por parte de la máxima autoridad electoral, el país retorne a la normalidad para continuar la vida normal.

No se puede buscar salidas a los momentos de crispación si los líderes políticos del país se empecinan en que las cosas deben hacerse como ellos quieren y no en base a como lo establece la ley. Una actitud cerril en momentos de intranquilidad es un golpe contra Honduras, porque las victorias políticas se justifican cuando los políticos colocan el supremo interés nacional por encima de los suyos, pero cuando es a la inversa, lo que nos aguarda es el colapso nacional. Y esperamos que, de uno y otro partido en contienda, no exista un ánimo tan oscuro, en que la ciudadanía termine por desencantarse del todo con los políticos; eso sería grave para la democracia, porque cuando la población entra en un estado de desconfianza hacia sus dirigentes políticos, la democracia está expuesta a quedarse huérfana de credibilidad popular.

En Honduras hay una buena parte de nuestra población que prefiere quedarse estática y no mover un solo dedo cuando vienen las épocas electorales, este es un sector nada referente por lo enigmático que es cuando se trata de elegir autoridades, pero también está consciente de que, el país necesita ser bien dirigido y sin embargo, no hace nada por expresar su opinión con su voto. En cambio, los hay quienes se desviven por tomar partido y estar presentes en el momento de elegir a sus autoridades.

Así es la vida en democracia, y quien aseguró hace muchos años, que entre los sistemas políticos para vivir, era el menos malo, fue Winston Churchill, aconsejando a los pueblos del mundo, que había que cuidarlo, como se cuida la niña de los ojos, o la más fina criatura que ha nacido de nuestros mejores afectos. Por la grandeza que representa la democracia para los hondureños, es que llamamos a los dirigentes políticos, a la cordura y al buen juicio, no permitiendo que se nos escape la grandiosa oportunidad que nos queda para seguir viviendo en este hermoso sistema de libertades, donde todavía podemos respirar y suspirar el aire que queremos.

El desacuerdo entre políticos es un asunto de individuos, que se pueden equivocar pero que son responsables de las decisiones que toman. El resto de la ciudadanía, que apoyamos la política, pero que tenemos los pies afuera de los asuntos políticos, quedamos a la expectativa esperando que los políticos puedan llegar hoy, mañana, pasado mañana o en el último minuto, a un razonamiento lúcido que les permita entender que sus intransigencias no los llevará a tener éxito. Porque mientras en el país las instituciones estén vigilantes de que los políticos no se salten las trancas para asaltar el poder, podemos caer en un momento delicado que durará algún tiempo, pero no todo el tiempo.

Se han realizado elecciones conforme un proceso electoral, vigilado por una inmensa observación internacional, que, igual que opinamos la mayoría de hondureños, sostiene que solo termina en el momento en que se cuenta hasta el último de los votos. Antes de este momento, nadie se puede considerarse victorioso como nadie debe darse por vencido. Es el TSE el que brinda el resultado oficial.

Que después de estas elecciones se nos viene un período donde hay que reformar muchas cosas en el sistema electoral hondureño, estamos de acuerdo con los que creen que esto es urgente, que son los sectores de izquierda. Con lo que no estamos de acuerdo es el camino que se ha escogido en estos momentos para expresar su desacuerdo y hacer sentir sus presiones. No es por medio de la violencia como se consigue la paz y la tranquilidad que necesitamos los hondureños que trabajamos para poder vivir y desarrollar nuestro país. Posiblemente ambos sectores, los democráticos y los antidemocráticos, queremos el bien de Honduras, en lo que discrepamos es en la forma de asumir las riendas del país.

Y proponerse este objetivo sembrando la intranquilidad como ruta para lograrlo, es una rotunda equivocación. Por el bien de Honduras, si eso es lo que buscan los políticos, les excitamos a que no se equivoquen y no tengan que lamentar sus errores, echándole la culpa al país y sus instituciones. Unámonos en una sola ruta que es la que nos conduce a la pedagogía democrática, en la que los ciudadanos clamamos por vivir en un país tranquilo y en paz, y esto depende de un comportamiento de altura cívica de los políticos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 1 de diciembre de 2017.