Desazón electoral

julio 26, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando los electores deciden repartir sus votos al momento de acudir a las urnas, y de forma intencional optan por no apoyar a un candidato, disgregando el sufragio para que ese candidato no llegue a obtener una mayoría contundente, está practicando una participación que busca dispersar los resultados. Por supuesto que al elector no se le puede obligar a que apoye a determinado candidato, aunque su preferencia no esté enfocada hacia el ciudadano que ofrezca las mejores credenciales para gobernar al país, por su mejor visión, por sus condiciones éticas y por su mayor experiencia en el manejo de los asuntos públicos.



El elector es soberano, puede hacer con su voto lo que le venga en su santa gana, incluso puede tomarse el esfuerzo de acudir a las urnas y al momento de escribir en su papeleta, puede expresar las sandeces más desconsideradas e impropias, como se ha visto al momento del escrutinio. Partimos de que el ciudadano hondureño ya no quiere desperdiciar su voto, o mejor dicho, que ha aprendido que su papeleta electoral tiene un gran valor y un enorme poder para aportar una cuota a la voluntad popular. Nadie ni nada le hará cambiar de opinión al elector respecto a un candidato, aunque para eso está la campaña electoral, en la cual los candidatos y sus asesores mediante una divulgación inteligente pueden incidir en el último momento en la voluntad del elector. Todo es asunto, como decía el gran Demóstenes, de persuadir y convencer con el discurso.

En estos momentos empieza a escucharse el debate sobre la conveniencia o inconveniencia de una segunda vuelta electoral, aunque los argumentos que hemos escuchado carecen del peso razonable, y los que se atreven a pedir esta reforma electoral no exponen el porqué de pedir la segunda vuelta, no han dicho ni un solo argumento de peso para ver las bondades de una segunda vuelta electoral. Solo hablan de que la segunda vuelta electoral es necesaria en Honduras. Pero no explican el porqué. Y en todos los asuntos y en todas las cosas que se buscan introducir como cambio de hábito en la vida, lo fundamental es el porqué.

Los liberales que no andan muy afortunados en su discurso hablan de la segunda vuelta pero sin dar un porqué que convenza, Nasralla y los de LIBRE también se pronuncian por la segunda vuelta. Hasta el PN, para no quedarse atrás y evitar que le digan que es el partido ultraconservador, también dice que no rehuye una segunda vuelta. Y sin embargo, no son pocos los expertos en temas electorales que aconsejan que para una democracia robusta, conviene un gobierno establece producto de una elección, donde el triunfador es el candidato que gana por mayoría simple o mayoría absoluta, según sea el respaldo que obtenga en la elección.

Creer que un candidato debe tener el respaldo de la mayoría absoluta de los electores del padrón electoral para que el Presidente que asuma el poder lo haga con la mayor representatividad, es una falacia que usan los embaucadores profesionales, los que andan desaforados por asumir el poder del país a toda costa, sin importarles la forma como lo consigan, aunque para lograrlo sea a través de un gobierno más atomizado, donde las minorías reclaman más de lo que les corresponde. Los gobiernos de segunda vuelta resultan ser menjunjes políticos, casi todos son gobiernos débiles por las disputas que hay entre el candidato ganador y los demás que le apoyaron para ganar la segunda vuelta.

En España, aunque no se trata de una segunda vuelta electoral, el candidato del PSOE ganó la mayoría parlamentaria con el respaldo del ultraizquierdista partido PODEMOS, y no puede formar gobierno, porque PODEMOS que es minoría quiere casi la mitad del gabinete. Y como el PSOE no acepta, y el tiempo pasa sin que España tenga un gobierno formado, lo que puede suceder es que haya nuevas elecciones.

Situaciones muy similares pasan donde hay gobiernos de segunda vuelta, porque esta clase de gobierno, con muy raras excepciones, es una auténtica desazón electoral, porque como es lógico el candidato que aporta la mayoría de votos es el presidente, y tiene el derecho a mandar. Pero los otros partidos minoritarios que le apoyaron a ganar la elección de segunda vuelta se creen igual de ganadores y con derecho de igual cuota de poder, es entonces cuando el gobierno se fragmenta y se debilita para gobernar y tomar decisiones. Un gobierno en tales condiciones no es el mejor gobierno.

Los estadounidenses son sabios en materia electoral, crearon el sistema democrático más atinado y cuasi perfecto, gana la simple mayoría, aunque sea por un modelo distinto donde los votos que cuentan son los de los delegados al Colegio Electoral. En Europa los gobiernos de segunda vuelta son de lo más inestables, algunos son tan inservibles que duran poco tiempo y lo que está sucediendo en España es el mejor ejemplo de la desazón electoral, que resulta ser un gobierno de segunda vuelta. Las segundas vueltas solo dejan gobiernos destinados a la inestabilidad y a la ingobernabilidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 26 de julio de 2019.