Democracia y dignidad nacional

junio 27, 2021

Nery Alexis Gaitán

El retorno al sistema democrático se dio a principios de la década de 1980, cuando se redactó una nueva Constitución y Roberto Suazo Córdoba asumió la presidencia de la república. En la actualidad, esta Carta Magna es la más longeva que hemos tenido a lo largo de nuestra historia.



Y el sistema democrático, aunque es muy joven y no es perfecto, es el único que tenemos. Y es una prioridad defenderlo a toda costa. Lo mismo que a nuestra Constitución, que es la columna principal de nuestra convivencia pacífica, que es el camino del desarrollo.

Todo hondureño de bien, debe poner sus acciones al servicio del bienestar común y el fortalecimiento de nuestra democracia, y el respeto hacia la Constitución y las leyes. ¡Sagrado deber de todo ciudadano que ama a su patria!
Los políticos, por lo general, no están a favor del bienestar común; solamente les interesa llenarse los bolsillos con el dinero del pueblo; y continuar disfrutando de las mieles del poder lo más que se pueda. Por eso nuestra historia está llena de actos continuistas; enamorados del poder, los que mandan se resisten a dejarlo y para ello recurren a lo que sea: origen de las guerras fratricidas que hemos sufrido.

En nuestra historia reciente, el ansia de continuismo de José Manuel Zelaya Rosales, creó la peor crisis política que los hondureños hemos sufrido en los últimos tiempos. Todo se reducía a que influenciado por los seguidores del socialismo del siglo XXI, quería continuar en el poder. Su ardid fue la instauración de una cuarta urna como una simple consulta que no era vinculante, pero la realidad era otra.

El 26 de junio de 2009, Zelaya publica en el Diario Oficial La Gaceta, número 31,945, fechado el 25 de junio, el Decreto Ejecutivo PCM-020-2009, “Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente” en donde queda en evidencia que la consulta de opinión sí es vinculante y llama a establecer una Asamblea Nacional Constituyente, y por ende, a eliminar los tres Poderes del Estado, el sistema democrático representativo y el Estado de Derecho.

Lo que ocasionó su salida del poder; desde tiempos antes había perdido la presidencia por sus continuas violaciones a la ley. La sucesión presidencial fue correcta, solo disentimos en que se le haya sacado del país -no en bata, iba de traje y se cambió en el avión-, y no fue puesto a la orden de los Tribunales como era lo correcto.

No está de más recordar el descalabro en que se convirtió el gobierno del Poder Ciudadano: medidas populistas para engañar a la ciudadanía; el narcotráfico y el crimen organizado echaron raíces en nuestro suelo; actos de corrupción por todos lados; cuando los sacaron del poder, días antes saquearon todo el efectivo posible; recordemos la huida de la exministra y el abandono de millones de dólares en un hotel de la zona sur; etc., etc.
Y luego la intentona de Mel de volver al país, y lo ridículo es, que en vez de haberlo juzgado por actos de corrupción, lo premiaron con un partido político. A partir de esta época se genera una lamentable violencia política en nuestra tierra.

Pero justo es recordar la actitud digna que tuvo Micheletti al frente del gobierno. Hugo Chávez pagó una campaña millonaria en contra de los hondureños para que Manuel Zelaya volviera al poder; influencia que llegó hasta la OEA, pero Micheletti mandó para su casa con “bonitas palabras” a Insulza. Lo mismo hizo con Hugo Llorens, el embajador gringo, que llegó a “ordenarle” al Presidente Micheletti que tenía que entregarle el poder nuevamente a Zelaya. ¡Fueron nefastos para Honduras estos dos individuos!

Estos momentos de dignidad nacional, jamás se nos deben olvidar, porque en el fondo Michelletti resistió todas las presiones, por el bien del pueblo hondureño y su democracia.

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