Democracia, populismo y liderazgo

diciembre 11, 2017

Honduras

El TSE ha dado a conocer el resultado final de las elecciones del pasado 26 de noviembre, respaldado por una contundente observación internacional, que aclara cualquier duda que pudo haber surgido. Demás está reconocer que dos sectores anunciaron con mucha anticipación que no reconocerían el resultado final, por lo que su posición reincidente en este sentido hacía previsible que mantendrían su negativa a reconocer el resultado. Después de revisar todas mis reflexiones frente a este proceso electoral, puedo confirmar que lo que hubo fueron tres factores enfrentados en esta elección: democracia, populismo y liderazgo. Es decir, hubo un careo constante entre la democracia y liderazgo frente a la demagogia y el populismo.



Hubo en el ambiente una pulsión inquietante y antidemocrática, cargada de tentaciones totalitarias, por un lado y simplismo releccionista por el otro. En todo el espacio que antecedió al momento en que JOH habló de reelegirse, los partidos de oposición jugaron una posición taimada, muy interesante, en que no asomaban del todo la cabeza para oponerse a la reelección. Decían casi de una manera inaudible que la reelección era inconstitucional, pero cuando llegó al momento clave para oponerse, corrieron todos a inscribirse en el TSE sin oponerse de una manera rotunda a la reelección. Y hubo un líder de oposición, el ex presidente Mel Zelaya, que celebró la reelección, gritando a todo pulmón que se inscribiría para vencer a JOH en las urnas.

Entonces toda esta pantomima barata que han armado a partir del día de las elecciones, es eso, pura pantomima, porque todos en el fondo querían enfrentar a JOH, porque sabían que en el camino surgiría un amplio sentimiento antireelección, que buscarían aprovechar para ganarle a JOH. Que no vengan ahora con pamplinas, alegando ilegalidad, porque en el momento que debieron oponerse no lo hicieron, más bien se acobijaron en la reelección porque, y esto tenía sentido, creyeron que la reelección sería el acabóse del líder nacionalista.

Y lo cierto es que al final, viendo el comportamiento de unos y otros, hubo un amplio sector que apoyó la reelección y otro también bastante amplio que la rechazó. Y fue una diferencia mínima, pero diferencia al fin, la que determinó que aceptaban la reelección de JOH por otros cuatro años. La empatía manifestada por quienes apoyaron la reelección, supone ahora que Honduras queda dividida casi en partes iguales y que JOH debe procurar un gobierno en el cual busque reunificar a la familia hondureña, que es lo que le garantizará la gobernabilidad a su segundo período, que es un hecho, por tener un contundente reconocimiento internacional.

Podríamos advertir desde ahora que el manejo del tema económico debe ser examinado con cuidado por JOH. Las quejas e incomodidad del sector empresarial son inocultables, porque no son pocas las empresas que están tirando la toalla, por la dureza fiscal que las tiene por el camino de la amargura y que en gran medida pasó parte de la factura en el voto.

Cuando en el país los empresarios se quejan por la dureza fiscal y no son pocos los que se declaran insolventes para afrontar la pesada carga en que se convierten las obligaciones de diciembre, el gobierno debería pensar en algunos paliativos que le permitan a las empresas cumplir sus obligaciones con sus empleados, en primer lugar, y tener un trato especial que permita pagar las obligaciones tributarias de fin de año. No se puede pensar que con empresas “emproblemadas” se puede contribuir con el crecimiento económico que anhela el gobierno para Honduras. Son las empresas, con su desarrollo y crecimiento las que contribuyen a que el país se supere y tenga mejoes cifras que reflejar. La democracia implica la existencia de una clase dirigente con la altísima responsabilidad de preservar los principios esenciales de un crecimiento económico que derrame por igual, tanto a los que asumen los riesgos de fundar y sostener empresas para crear empleo, como para los hondureños que a través del empleo obtienen los ingresos para el sostén de su familia.

El gobierno de JOH en su segundo período, debe acabar con ese malentendido que tiene arisca a la empresa privada, producto de la dureza fiscal, que no permite que las empresas tengan un alivio para poder respirar y mantener su ritmo de crecimiento para seguir produciendo y garantizando los puestos de trabajo. Hay que acabar con otro malentendido muy inconveniente: que es el de prejuzgar a los empresarios, considerándolos opositores por el hecho de pedirle al gobierno que elimine el 1.5 %, una albarda sobre aparejo, que resulta ser un sobre impuesto que está por encima de todos los impuestos ya existentes. Y como de por medio hay grandes empresas, algunas de estas pueden seguir la ruta de las empresas golondrinas, es decir, levantar su nido para empollar sus negocios donde mejor trato les ofrezcan.

Para no darle oportunidad a la demagogia y al populismo, el liderazgo con que JOH asumió el desafío que se impuso al buscar un segundo período de gobierno, debe orientarlo a dar por terminada la fractura entre el gobierno y la empresa privada. Porque al gobierno se le vendría un serio problema si para inicios del próximo año tuviéramos que contemplar el derrumbe de muchas empresas que se declaren insolventes para seguir operando.

Por eso pensamos, que con el liderazgo que ha demostrado JOH, el mayor reto que se le avecina en su segundo período es el de garantizar el crecimiento económico procurando un trato fiscal justo para las empresas. En este asunto ningún gobierno puede jugar a los dados retando a la empresa privada con dureza fiscal. La última reforma fiscal de Donald Trump radica en darles un tratamiento excepcional a los empresarios, porque Trump por lo menos sabe, que sin empresa privada fuerte, no hay país fuerte posible. Y ni siquiera DIOS juega a los dados, tratándose de hundir a quienes crean los puestos de trabajo para nuestra gente.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 11 de diciembre de 2017.

 

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