Del grano a la paja

junio 26, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los estudiantes de la Facultad de Derecho de nuestra generación del 71 recordamos al más estricto profesor que tenía la Escuela de Leyes del Alma Máter, el fallecido abogado Alejandro López Cantarero, que cuando hablaba parecía que mascullaba las palabras, es decir, hablaba con los dientes y no repetía lo que explicaba. Lo evocamos porque le gustaba pronunciar frases de esencia civilista, en aquella asignatura de Derecho Civil 1 donde ingresamos más de 80 estudiantes y apenas unos 18 aprobamos la asignatura. Un querido compañero de curso estuvo cuatro trimestres queriendo pasarle la clase al abogado López Cantarero y como en la cuarta vez no lo logró, se irritó tanto que terminó poniéndole una bomba casera en una ventana de su casa cerca de la quinta avenida de Comayagüela. Pues bien, el abogado López Cantarero, pronunció cierta vez una frase que me tomé el cuidado de apuntarla en mi libro que contenía el Código Civil. Decía el temido abogado López Cantarero que «el Derecho ha hecho correr ríos de tinta», con lo cual debíamos entender que existiendo la ciencia de la hermenéutica jurídica cada abogado tiene sus opiniones, a veces muy cuerdas y coherentes, otras veces disparatadas y dislocadas, aunque digan que son expertos en las distintas ramas del Derecho.



Con el lío que se ha armado alrededor de la puesta en vigencia del nuevo Código Penal, que ha servido como un distractivo en medio de la pandemia, hemos disfrutado las opiniones de los llamados expertos en materia Penal, algunos con opiniones interesantes, otros con ideas que no enriquecen pero que por lo menos nos permiten disfrutar el momento. En el proceso normativo del nuevo Código Penal, como decía el recordado compañero de aula Víctor Lozano, «no hay vuelta de hoja», el proceso ha seguido el curso legal hasta desembocar en la puesta en vigencia el nuevo Código Penal. Queda ahora que transcurra la actual legislatura para que, los interesados en que se le hagan reformas al nuevo texto, en la siguiente legislatura puedan ejercer su derecho de petición a las reformas.

En este nuevo estamento penal trabajaron profesionales serios en la materia, con el apoyo de asesores extranjeros, cuya presencia era conveniente porque las nuevas corrientes penalistas vienen de Europa, partiendo de Alemania, España, Italia y Francia, donde la evolución de las sociedades las ha llevado a profundizar en las reflexiones, sobre el derecho de los reos que aunque pierdan ciertos derechos al ser condenados, mantienen sus derechos humanos, que es la base donde los expertos han revisado las más antiguas como rigurosas disposiciones penales que daban por muerto en vida a un condenado por actos criminales. Antiguamente una persona que era condenada por un hecho criminal era sumida en prisión casi con el presagio de muerte por los numerosos años de cárcel.

A pesar de que las actividades delictivas se han vuelto más peligrosas, al aparecer el concepto de los derechos humanos los expertos coincidieron que aun el más peligroso de los criminales, tiene derecho como persona a que la sociedad le brinde la oportunidad de rehabilitarse. Por eso es que, cuando los jueces alemanes empezaron a hablar de la medición de la pena según fuera el impacto del delito, pesaban más las atenuantes que las agravantes. Esos conceptos pronto llegaron al derecho anglosajón, especialmente a EEUU, país donde todavía hay Estados que mantienen la pena de muerte en contra de las críticas que formulan los expertos en derechos humanos. Las penas se han ido revisando y las condenas las dan los jueces con una nueva mentalidad humanista en materia penal.

En Honduras, donde andamos con un atraso muy severo en casi en todos los órdenes, a muchas personas les ha parecido que la nueva formulación del Código Penal es un retroceso, por lo que irracionalmente y con exagerada ignorancia bautizaron al nuevo estamento penal como el código de la impunidad, una calificación inexacta que responde a sectores interesados, tanto en el aspecto político como económico, porque el nuevo código si bien establece la balanza justa y correcta en las penas de algunos delitos, a su vez abarca otros que no contemplaba el anterior código, como el contrabando, un delito que desde hace muchos años ha sido parte de la actividad comercial y que consiste en el tráfico de mercaderías en forma clandestina en perjuicio de la hacienda pública.

Como alrededor de estos asuntos se orquestan campañas por los interesados, el público que ahora es fácil de alienar por las redes sociales, donde casi todo lo que se transmite sin firma responsable está alejado de la verdad, termina por creer todo lo que es falso, a fuerza de que se le dispara a mansalva un concepto que resulta ser todo lo contrario. Esto es lo que ha sucedido con el nuevo Código Penal, que fue sometido a un debate de cuatro años, donde participaron desde timbucos hasta calandracas. Pero, como el negocio de los que hacen oposición es llevar todo al terreno de la impunidad, con este argumento movedizo quieren dominar la mente del público de a pie, que no le interesa profundizar como es en verdad el asunto, dejándose arrastrar hasta el territorio de los que viven de la distorsión.

Usando la expresión popular podemos decir que se ha hablado mucha paja, incluso sobre el último hecho protagonizado por un grupúsculo de diputados ambiciosos de poder, que han rayado en lo ridículo al querer formar una directiva paralela espuria para dislocar el orden del Poder Legislativo y evitar la entrada en vigencia del nuevo Código Penal. Pero, como a todo punto falso se contrapone un lado fuerte, yendo al grano el nuevo Código Penal al ser publicado en el Diario Oficial La Gaceta ya es la nueva ley penal de nuestro país, que, ha sido adaptado por imperativo jurídico y humanista al nuevo concepto de los derechos humanos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 26 de junio de 2020.