Hay que defender la democracia

septiembre 27, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La democracia no debe ser atacada. Es una deslealtad contra el país de quienes por puro interés ideológico apuestan por su causa sabiendo que exponen el futuro de Honduras cuando se lanzan de manera agresiva contra las instituciones democráticas, que pueden tener sus errores, porque ni siquiera las instituciones son perfectas, pero son ellas que sostienen el sistema que nos permite vivir en libertad.



No tenemos la sensación que entre los grupos y partidos de izquierda existan puntos en común con el sistema democrático, porque lo que más vemos en su proceder  es un repudio a las libertades, a través de acciones manifiestas que atentan contra la democracia. Lo hemos visto en la UNAH, donde el radicalismo de los jóvenes encapuchados es una conducta de los grupos de extrema izquierda radical, actuaciones que al ser defendida y justificadas por diputados del Partido Libertad y Refundación, denotan su procedencia y orientación.

Por ahora, estamos transitando hacia  los últimos dos meses en que los hondureños acudiremos a una elección inédita por el factor de la reelección, y aunque los resultados solo se sabrán el propio día de la elección, es menester obligatorio trabajar por salir  más fortalecidos, asegurando que las elecciones se celebren con total transparencia, de manera que quien obtenga el triunfo sea por haber obtenido el respaldo de la mayoría de los electores.

Es obvio que hay diferencias abismales entre los partidos que por tradición son democráticos como el Partido Liberal y el Partido Nacional, y los nuevos partidos emergente como el PAC, Alianza Patriótica, la DC y Vamos. Los otros, Libre, Faper y UD son partidos meridianamente de extrema izquierda  o izquierda, aunque en algunos de ellos exista cierta afinidad para identificarse en lucha por asumir el poder siguiendo consignas internacionales. Los perfiles ideológicos de los partidos de izquierda son tan diferentes que ninguno de ellos ha tenido complejos a la hora de unir sus fuerzas para conseguir sus fines, especialmente Libre, en el que se ubican los extremistas de izquierda, que se identifican más con Venezuela y Cuba, dejando a un lado a Honduras.

La institución matriz que vela porque el proceso electoral garantice la libre participación de los electores en el evento electoral y que éste a la vez sea un acto transparente, es el TSE. En el convergen los delegados de tres partidos por lo que no es procedente sospechar que los magistrados, que representan a los partidos políticos, se presten por apoyar a unos y afectar a otros, porque entre ellos cuidan los intereses de sus representados de todos aquellos posibles incidentes calificados de peligrosos por su contenido extremista.

En el TSE, hemos notado la unidad entre los magistrados para evitar cometer errores que pudieran poner en precario el proceso electoral, que es imprescindible mantener fuera de los alcances de los interesados en ensuciar el evento para alegar supuestos fraudes. Nadie le hace un bien a la democracia ensuciando desde ahora el proceso electoral, se pueden hacer todo tipo de reclamaciones y los magistrados del máximo tribunal electoral están en la ineludible obligación de atenderlos y subsanarlas si ese fuera el caso. Pero una cosa son los reclamos justificados y otra son las alucinadas acusaciones que hace el candidato presidencial de Libre que ha andado en EEUU desesperado por desacreditar las elecciones. Una actitud enfermiza como la del candidato de Libre, Salvador Nasralla, es además de extremista y peligrosa por atentatoria contra la democracia. Es más, hay que sospechar que el candidato de Libre y su máxima dirigencia se han separado del deber patriótico de defender los intereses de Honduras, porque al difundir un discurso absolutamente falsario que se esparce en el extranjero, desgalillándose con la mentira de que hay un gran fraude montado contra él, en lo personal, para arrebatarle un triunfo que está en los cuernos de la luna, se coloca en la posición apátrida de hostigar y maltratar a Honduras.

Se supone que una persona que busca el poder es para hacerle el bien a Honduras, pero quien se dedica a hacer una actividad propagandista contra el evento electoral, que es la plataforma en que se sostiene la democracia hondureña, actúa como un claro enemigo de nuestro país, por el que no vale la pena tener la mínima consideración para beneficiarlo con el voto. El mismo Partido Libre se está exponiendo a obtener un respaldo exiguo del electorado el próximo 26 de noviembre, porque, por muy sectarios que sean los militantes de este partido, saben de antemano que este candidato es un individuo que juega más a su excesivo narcisismo que al interés político de alcanzar el poder para el bien público.

Y no hay que estar muy al tanto de las interioridades y de los juegos internos de Libre, para darse cuenta que al propio coordinador, Mel Zelaya, le cayó el veinte y darse cuenta que poner a Nasralla de candidato fue el peor negocio político que ha hecho, porque muchos de Libre no votarán por Nasralla.

A nosotros estas interioridades de los partidos nos salen sobrando, por lo que apostamos es por instituciones como el TSE, cuya misión es fortalecer la democracia y al que en todo momento le exigiremos que evite cometer alguna barbaridad, porque el precio a pagar sería comprometer el futuro democrático de Honduras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 27 de septiembre de 2017.

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