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Luis-Orlando-Zelaya

Decencia política

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La política es una caja donde puede haber muchas sorpresas, aunque lo único que no puede ser sorpresivo es la conducta de una persona, especialmente cuando se trata de un ciudadano que aspira a dirigir los destinos del país. Ningún político que se precie ser decente con el partido que le abre las  puertas para colmar sus aspiraciones, puede jugarle con la vileza de causarle el peor de los efectos dañinos, sabiendo que por las circunstancias de sus actos lo que corresponde es dar un paso al lado para no perjudicar al partido.

Un partido político, si bien se fortalece por el trabajo de un conjunto de personas y de agrupaciones internas, por sobre todo requiere de líderes con entereza moral, que lo conduzcan atrayendo a miles de ciudadanos que crean en sus ideas, que lo respeten por su trayectoria, y en cierta manera que lo admiren por sus acciones y sus hechos. Cierta vez, Modesto Rodas Alvarado, me confió que tenía temor de no llegar a la presidencia de la República porque, de acuerdo a una teoría del líder José Angel Zúniga Huete, el liberal que no tenía trayectoria o tuviera una mala trayectoria, estaba condenado a no ganar la presidencia. Y pasó así, Rodas Alvarado no fue presidente, pero no porque no tuviera trayectoria, porque la tuvo, y muy brillante, sucede que la muerte le sorprendió antes de que se produjeran las primeras elecciones en los años 80.

Villeda Morales fue un gran líder, lo fue Suazo Córdova, Azcona del Hoyo, también Carlos Roberto Reina, igual que Carlos Flores. Juan Manuel Gálvez es recordado como un buen presidente, Callejas fue un gran líder y últimamente los nacionalistas han respaldado a Pepe Lobo y a JOH. Todos ellos llegaron a ser presidente de Honduras porque generaron confianza con sus actuaciones y sus hechos. Ninguno de ellos tuvo un listón inmoral que les empañara sus aspiraciones, todos en su momento tuvieron un perfil que les hizo ganar la confianza y simpatía de los electores.

Cualquier aspirante presidencial debe cuidar al máximo su conducta familiar, aquel que es acompañado de la mala dicha de pelearse con la autora de sus días es una persona marcada por lo que Rodas Alvarado y ‘Changel’ Zúniga llamaban “mala trayectoria”, que en política son aquellos comportamientos individuales que lastran el prestigio de un candidato. Una persona que busca una alta figuración en la política, y que comete el flagrante error de entrar en conflicto con su progenitora, queda marcado de por vida ante sus correligionarios y el resto de la ciudadanía como alguien que no tiene ninguna condición para asumir con éxito una campaña política para buscar la conducción del país. Puede que ese aspirante, porque su ceguera o miopía es tal que no le permitan ver la crudeza de sus errores, se empecine en mantenerse en sus propósitos, en todo caso será porque vive para hacerse trampas el mismo y porque no le importa quedar en solitario, fabulando con sus escasos seguidores en una trama fantasmagórica, la destrucción de un partido político histórico.

Podría darse este caso en Honduras, porque la persona ha perdido toda condición de decencia política, y porque está decidido que así como acaba el mismo con su corta carrera política, no le importa terminar con la enorme trayectoria histórica de un gran partido como el liberal.

Tenemos que decir esto porque, alguien que por sus hechos conflictivos familiares ha roto las relaciones con el ser más apreciado que tenemos las personas, como es la madre que nos dio la vida, debería saber que al caer en esa situación se convierte en un ser que carece de la ejemplaridad necesaria para ser un líder admirado, en el que los electores puedan depositar su confianza para elegirlo para el cargo más importante que es el de conducir los destinos de la nación.

En una situación tan lamentable, cualquier persona que caiga en el infortunio de distanciarse de su progenitora, no le queda más que retirar su logotipo personal de la membresía de su partido para dejar su espacio a cualquier otro aspirante, que sin tener un problema mayúsculo familiar, por derecho tiene todas las posibilidades para ganar una elección.

Los liberales tienen que reflexionar mucho sobre su situación actual, ningún político que caiga en las telarañas de la confrontación familiar tiene la posibilidad de reinventarse como si fuera un mito o un sujeto soberano, capaz de sobrevivir al desprecio popular para creer que sigue siendo una carta de triunfo. Y aunque la razón le asistiera por ley, el asunto es que al disputar en público asuntos económicos que un buen hijo no llegaría a disputarle a su progenitora, alguien que es lastrado por el deshonor de pelearse con su madre, es un difunto en política.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 7 de marzo de 2019.