Decencia política e inconsecuencia

marzo 25, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Estas elecciones primarias recién pasadas nos están dejando un legajo de lecciones, quizás por la naturaleza de las mismas, producto de la combinación de delirio y abismo que existe en algunos de los aspirantes que han quedado refocilando llamaradas de groserías contra su mismo partido, lo cual es un monumento a la inconsecuencia, partiendo de que en política se gana y se pierde y que, para ambas situaciones hay que estar preparados. Esta semana los aspirantes a designados presidenciales del movimiento La Esperanza de Honduras que postuló al diputado Darío Banegas, comparecieron en una conferencia exponiendo en un comunicado con una claridad política meridiana admirable, varios puntos esenciales: que respetaban y aceptaban los resultados oficiales ofrecidos por el CNE y por ende excitaban a los hondureños y especialmente al líder de su movimiento a mantenerse en esa línea y apoyar al precandidato liberal que había recibido el mayor respaldo del electorado liberal.



Los aspirantes a designados del movimiento La Esperanza de Honduras, Diana Nohelia García, Sagrario Prudoth y Marco Antonio Garay, son merecedores de toda la admiración porque con su buena actitud de una manifiesta decencia política, representan lo contrario a la inconsecuencia que hemos visto en varios aspirantes desaforados, que respiran fuego como dragones, buscando incendiar el buen suceso con que se desarrollaron y culminaron las elecciones. Mientras los observadores internacionales de la OEA fueron pródigos en felicitaciones al proceso electoral, en reconocer el comportamiento de los hondureños al acudir a las urnas y alabar el trabajo del CNE, los resentidos con los resultados porque no obtuvieron el respaldo suficiente para ganar son los que vomitan veneno, envalentonados en una posible alianza que por lo disímil de sus integrantes tiene pocas probabilidades de éxito. Porque, nada se puede esperar de una pequeña grulla donde los integrantes actúan como alacranes y escorpiones, capaces de matarse entre ellos con su propio veneno.

En política se debe actuar en forma consecuente con las ideas que se defienden, no hacerlo puede conducir a dos rutas: el fracaso o la tragedia. El político cuyo método de trabajo gira alrededor de la destrucción no genera confianza en el electorado, y este lo percibe de inmediato, sin importar su nivel educativo. Los resultados de las elecciones primarias ofrecieron un hallazgo contundente: nuestra gente, por lo que sea, no se deja arrastrar por los discursos virulentos, llenos de odio, de pura esencia acusatoria. Si esta tendencia venenosa que ha puesto de moda Salvador Nasralla y que mal ha copiado Luis Zelaya, fuera efectiva para moldear la mentalidad de los hondureños, el PN no hubiera sacado el caudal electoral que lo sitúa como la primera fuerza política. La realidad electoral es esta, querer verla de otra manera es padecer de una miopía terminal que equivale a la ceguera.

Como la decencia política pudiera no parecer un factor importante para ganar puntos en el electorado, porque en un ambiente caldeado como el hondureño donde el que más grita e insulta es porque quiere tragar más pinol, la buena actitud de los aspirantes a designados por el movimiento La Esperanza de Honduras, Sagrario Prudoth, Diana Nohelia García y Marco Antonio Garay, tuvo escasa repercusión en los medios informativos, porque a decir verdad, los medios de comunicación nos hemos convertido en propaladores de los escándalos y los malos ejemplos, porque eso es lo que vende, es decir, cultiva más audiencias en todo sentido. Cuanto más peso tiene el escándalo y cuanto más se habla mal de una persona, sea verdad o no, se le dedica más espacios en los medios. Esto desde luego empobrece al país, porque terminamos siendo un oasis para el escándalo y el elogio a todo lo malo.

Sin embargo los efectos del actuar en forma decente en política no pasan del todo inadvertidos, porque como en el caso del mar y la arena, aunque el agua es la que ve la superficie y la arena permanece en el fondo, es esta última la que brilla de manera diáfana, aunque las aguas se enturbien. Una declaración pública, manifestada en forma valiente por estos tres compatriotas admirables, es el mayor baño de civismo que debería caer sobre toda la clase política del país, que tan necesario como bien merecido se lo tiene. Demás está decir que los ciudadanos Diana Nohelia García, Sagrario Prudoth y Marco Antonio Garay, no son soñadores como niños en Navidad, esperando el regalo de Santa Claus. Fueron precisos en su manifestación llena de decencia política y civismo del más puro.

Los tres saben que en las elecciones primarias hubo una expresión de los electores en las urnas que debe ser respetada, y eso lo compartimos plenamente con ellos, lo puedo testimoniar, yo ejercí el voto con mi familia, no es cierto que las urnas fueron rellenadas por un movimiento, porque en los centros de votación estaban representados los tres movimientos liberales. Tener la decencia para aceptar los resultados de las elecciones, como lo hicieron los aspirantes Marco Antonio Garay, Sagrario Prudoth y Diana García del movimiento “La Esperanza de Honduras”, es la mayor expresión de honestidad política que hemos visto en los últimos años. Reconforta que haya hondureños con un espíritu generoso con la decencia. Ante ellos nos descubrimos para felicitarlos con todo el respeto que se merecen.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 25 de marzo de 2021.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *