De Honduras a México

julio 3, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Les puedo asegurar que del México que conocimos en nuestra juventud al de ahora hay un mundo. Podemos decir que en aquel México que conocimos en los años 60 y 70 se vivía mejor, por lo menos muy festivo y más tranquilo, poca violencia y con una población muy receptiva a las personas que visitábamos su país. Una noche en el DF para los hondureños era como estar en el país de las maravillas, sobre todo aquellas noches artísticas inolvidables en el Teatro Blanquita, a tres cuadras al oriente del Palacio de Bellas Artes, el ambiente bullanguero de mariachis en la Plaza Garibaldi, donde descubrimos la calle que lleva el nombre de nuestro país. Hoy, no es que México sea peor, sino que ha caído en un bache profundo por el posicionamiento del crimen organizado que ha retado al Estado de Derecho de ese gran país.



Hoy la izquierda, con Andrés Manuel López Obrador, ha llegado al poder en México, lo que ha generado una incertidumbre en varios círculos, que con razón o sin ella, piensan que México entra a un cambio con las ideas oxidadas que pregona el nuevo presidente que no han dado resultados en otros países donde se han puesto en práctica. López Obrador ha ganado en unas elecciones extraordinarias, no solo por el resultado, sino porque por primera vez llega a la presidencia mexicana un dirigente histórico de la izquierda, cuyo único buen antecedente es que, cuando fue alcalde del DF, realizó una gestión aceptable. López Obrador ganó en medio de una histórica movilización de electores con varios candidatos independientes, y una campaña sacudida por la violencia en que murieron aspirantes políticos, periodistas y ciudadanos.

Algo impresionante es que el resultado fue aceptado de inmediato por los demás candidatos, lo que en otros momentos se negó a hacer López Obrador, las dos veces que fue derrotado, primero por Felipe Calderón y después por Enrique Peña Nieto. Esta es una verdadera novedad en el campo institucional mexicano, que el mismo López Obrador tiene que sopesar, porque a él sus adversarios lo legitimaron sin ninguna reticencia, mientras que él, como todo un mañoso populista, nunca aceptó sus dos derrotas.

Hay un aspecto muy importante que hay que tomar en cuenta: el sistema político mexicano tiene un período de transición demasiado largo, desde la elección del domingo 1 de julio hasta la toma de posesión el próximo 1 de diciembre, un largo lapso de cinco meses en que el actual presidente Peña Nieto ya no está autorizado para tomar grandes decisiones, y el presidente electo López Obrador tampoco puede hacer nada por no estar autorizado, mientras la población y la opinión pública se desesperarán por ver resultados que ni el uno ni el otro le pueden ofrecer, por ese limbo de cinco meses que es una laguna peligrosa, en que pueden nadar a su gusto los funcionarios corruptos que aprovechan ese período donde hay un vacío de poder.

López Obrador, que ha sido un político populista de izquierda, al pronunciar su discurso como vencedor en las elecciones ha expresado que no hará nada que han hecho otros presidentes izquierdistas: expropiación de bienes, nacionalización de empresas, que respetará a la empresa privada, que respetará la libertad de expresión, que no se peleará con EEUU y que respetará la inversión extranjera. Oyéndolo de esta manera en su discurso inicial, podríamos pensar que piensa gobernar de la forma más constructiva posible. Pero a los populistas de izquierda no se les puede creer lo que dicen, sobre todo en el caso de López Obrador, por el contundente resultado que obtuvo. Por este claro resultado, López Obrador está legitimado para hacer los cambios prometidos. Pero si pretende hacer estos cambios de manera personal, sin contar con los consensos que exige una sociedad tan contestataria como es la mexicana, le podría costar muy caro. Porque solo demostraría el estilo de la vieja izquierda del planeta, acostumbrada a los clichés oxidados, usando fórmulas que no han funcionado en otros países.

Ha dicho que no va a convertir su período en una revolución ni en una reedición de confrontaciones con los empresarios, con los opositores y demás sectores. Por su bien, y por el de México, ojalá que así sea, porque México es un país de instituciones serias y por muy votado que haya salido López Obrador, no se le permitirá hacer locuras al estilo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

México es un país inmensamente rico, tiene una base petrolera envidiable, tiene recursos en abundancia, explota el turismo en gran escala, y recibe una súper millonada de dólares en las remesas que giran más de 36 millones de mexicanos que viven en EEUU, aparte de que la industria tequilera le genera abundante divisas. López Obrador ganó en forma contundente, pero si quiere ganarse un sitial en la historia, debe contar con el consenso básico de los demás sectores y actuar como un mandatario prudente y sensato, que es lo que requiere México para avanzar y salir del embrollo en que lo metió el crimen organizado.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 3 de julio de 2018.

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