Cuando el periodismo es negativo

agosto 2, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Mi amigo Armando Euceda, en su espacio Diez al Diez, analizó esta semana junto a dos colegas con mucha experiencia en el oficio periodístico, Juan Ramón Durán y Miguel Martinez, la práctica periodística con visión negativa, que infortunadamente ha ganado espacio en muchos países, sin faltar Honduras. Hace ya varios años, el notable periodista estadounidense Dan Rather, incurrió en una falla inexcusable en un reportero estrella formado bajo la tutela del gran maestro del periodismo televisivo Walter Cronkite, que tuvo un ejercicio intachable por casi 45 años, al cabo de los cuales se retiró sin una mácula mayor que la de haberse atrevido a pronosticar tormentas de nieve que no cayeron, porque en esos años todavía no existía el satélite que enfocaba el tiempo. En marzo del 2005, Dan Rather se atrevió a asegurar, confiando en sus fuentes que nunca reveló, que el presidente George Bush hijo no había cumplido con la obligación de hacer el servicio militar, un deber inexcusable en EEUU.



Como Bush le demostrara con los archivos del Army (ejército de EEUU) el período en que hizo la plaza militar como piloto de la Reserva de la Fuerza Aérea de EEUU, Dan Rather, dando muestras de una soberbia extraordinaria, sin querer admitir su error, prefirió dejar su cargo en la cadena CBS y retirarse del periodismo televisivo, apagando una carrera brillante que le permitió entrar por varias décadas a millones de hogares norteamericanos. Colegas de tanta experiencia como la suya, le criticaron por su actitud negativa, porque haber reconocido su equivocación no le restaba ni su valentía ni su seriedad como periodista.

Los periodistas somos transmisores de noticias, a veces incurrimos en errores, unos más sensibles para la sociedad, que otros. Y en ese momento hacer la rectificación no nos quita los méritos que pudimos haber cosechado durante la carrera. No hacerlo, adoptar una postura de infalibles, es lo más negativo que como periodistas podemos cometer. A veces los periodistas queremos escudriñar hechos que son atinentes a los procesos que siguen los tribunales sobre situaciones que tienen que ver con el interés público y por la ambición de llevar las primicias que hacen ganar audiencia y figuración, terminamos contaminando las investigaciones y con nuestras intromisiones entorpecemos el trabajo de las instituciones.

El periodismo de investigación tiene un límite, que es el que permite llegar hasta donde no se roza con la ética y no estropear una investigación oficial. En EEUU, con el paso de los años se reveló que en el escándalo de Watergate, los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post revelaron cada detalle de la investigación del FBI, que evitó, al final, el juicio que hubiera enviado a prisión al presidente Richard Nixon, cuando este se anticipó a renunciar.

Todos estos antecedentes se acumulan en el expediente que la sociedad estadounidense ha denominado “periodismo negativo” que al tiempo que ha hecho sensacionales revelaciones, ha impedido en ocasiones que la ley cumpla su cometido, con lo que los culpables de un hecho solo son castigados por la vindicta pública, pero han escapado de la prisión.

El periodismo más negativo de los últimos tiempos es el que se practica en las redes sociales, donde la ventaja de ocultar la identidad permite a las personas descargar toda la ponzoña posible, sin asumir ninguna responsabilidad. Lo malo es que, hasta periodistas que trabajan en los medios, acuden ahora a las redes sociales para gozar del beneficio de la impunidad, repartiendo oprobios a diestra y siniestra. Ahora existen las turbas digitales, que en las redes sociales atacan a cualquiera que se atreve a criticar o a expresar una opinión contraria a la de su líder y de su partido, mayormente, los que sufren la fiebre de la ideología son los que atacan con insultos, mentiras y amenazas en las redes sociales.

Ha aparecido en esta era de la tecnología la violencia digital, practicada por personas encalambradas por la ideología que son expertos en perseguir, intimidar y destruir la dignidad de las personas, y como las redes sociales no permiten ninguna garantía para evitar esta clase de agresiones, el honor mancillado se convierte en una especie de muerte civil. El periodismo de redes sociales sin nombre y sin firma responsable, es lo menos serio que puede haber en el ejercicio y como traspasa el respeto a la ley, se vuelve un hecho criminal que queda favorecido con la impunidad que garantiza el anonimato.

Se puede incurrir en el periodismo negativo, pero sin quedar impune, cuando se da la cara frente al público; más todos cuantos quieren ultrajar y ofender sin tener que enfrentar los cargos establecidos por la ley, se ocultan en el periodismo de redes sociales. Si hay un periodismo negativo por donde se le mire, ese es el periodismo practicado desde las redes sociales por las turbas digitales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 2 de agosto de 2019.