Crímenes de odio

agosto 6, 2019

Estados Unidos, es un gran país. La mayor y más perfeccionada democracia de occidente. Su economía ocupa, el primer lugar del planeta. Y mientras otras se han situado en tal posición, durante un poco de tiempo y han caído, poco a poco, hasta palidecer, Estados Unidos  se mantiene encabezando el pelotón, “amenazada”  por China que quiere desplazarlo. Fuera de eso, no tiene sino, retos internos. El principal, ha sido desde el siglo XIX, el tema racial. Aunque forjada, bajo el principio de la libertad, fue una nación de granjeros blancos, grandes y medianos propietarios, orgullosos de su libertad para gobernarse y orar a Dios, en la manera que quisieran, siempre respetando a los demás. Pero, no ha podido hasta ahora, resolver el problema racial. Desde el principio, se imaginó como una nación blanca, dominada por los blancos, en donde todos los demás, siempre fueron considerados inferiores. Incluida la población original, a la cual exterminaron y ahora la mantienen en “reservas”. Su principal guerra civil, fue originada, por el tema racial. La esclavitud dividió a los Estados Unidos y estuvo a punto, en la década de los sesenta del siglo XIX, dividirla en dos naciones. Afortunadamente, la guerra la ganaron los norteños. Si la hubiesen ganado los sureños, Estados Unidos sería hoy un puñado de naciones como lo somos, desafortunadamente, en el resto del continente.

Y si a lo anterior, se agrega, el tema de la adquisición y portación de armas, como un derecho constitucional, la supremacía blanca, amenazada desde siempre por el crecimiento de las diferentes minorías que la han poblado, siguiente el ejemplo de los peregrinos de Mayflower, tenemos la explicación por la que es país de las matanzas.



Durante mucho tiempo, los líderes políticos vieron el odio racial y la politización del tema, como algo que debía evitarse. Pero ahora Trump, ha encontrado en el mismo, una veta electoral que, convenientemente explotada, le ha servido para ganar elecciones, especialmente entre aquella población electoral que le ha calado el mensaje que Estados Unidos,  se ha debilitado en la medida en que nuevos emigrantes llegaron a sus territorios, en búsqueda de asilo. El rechazo a los no blancos; la acumulación de responsabilidades a los inmigrantes de color y sin dinero que han llegado de todas partes y especialmente de Centroamérica en los últimos años, ha ido fermentando en forma de odio racial, cuya mayor expresión son las matanzas. Este fin de semana, en El Paso Texas y en Ohio, desquiciados, prevalidos que algo se debe hacer para detener a los invasores y aprovechando la facilidad para comprar armas, se han comprometido en la eliminación indiscriminada de personas, como fórmula para expresar su resistencia ante la invasión. La que, nunca ha sido tal – y mucho menos ahora – porque el pecado de los centroamericanos, es ser pobres; no que hayan  amenazado la existencia de los estados Unidos, país al que le dispensan un alto lugar, porque en él cifran el logro de sus sueños.

El lenguaje de odio, propiciado por Donald Trump, hijo de inmigrantes; pero millonario, ha calado en algunos sectores blancos pobres. Los que han perdido sus empleos, en la medida en que la automatización ha avanzado y ellos, descuidado su actualización, no han podido entender que no son reemplazados por los inmigrantes  pobres, sino que por maquinas. Como son blancos de escasa formación,  su furia y su frustración la dirigen hacia los pobres latinos especialmente, cuando estos más bien, llegan a hacer los trabajos que ellos, no quieren desempeñar. Desde recoger frutas, construir viviendas, limpiar hogares y oficinas, atender ancianos; hasta limpiar suciedades y servir en los restaurantes, los inmigrantes sustitutos, contribuyen con la economía de los Estados Unidos.

Por manera que, los políticos, encabezados por Trump,  han inventado un falso problema. Y muchos miembros de lo que se llaman supremacistas blancos, han emprendido acciones solitarias, contradictorias con  la ley y  la convivencia entre poblaciones que, al final todas son inmigrantes; pero que se discriminan, por razones económicas.

El ataque indiscriminado en El Paso, Texas, debe llamar la atención. Aunque China no les superara nunca,  dejaran de ser la nación, líder moral del mundo, en la medida en que basada en falsas superioridades raciales, comprometen la vida de sus ciudadanos, como está ocurriendo. El mismo Trump tiene que entender que su reelección, no vale un ápice de desprestigio para su nación que antes que su superioridad material y militar, ha sido grande por los ideales que motivaron a sus fundadores y  han orientado a los antecesores de Trump, al dirigir al mundo en la búsqueda de la libertad y la instauración de la democracia. China entonces, no tendrá que hacer nada para superar a Estados Unidos. Estos, se degradaran y se pondrán de rodillas, para cederle a esta otra gran nación, el poderío mundial y el liderazgo moral del planeta. Es una verdadera lastima.