Correspondencia centroamericana

noviembre 12, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La correlación o correspondencia que ha existido entre los países centroamericanos, desde que las cinco parcelas optaron por tener cada una su propio destino, se ha basado en el apoyo, especialmente en los momentos difíciles cuando la naturaleza nos pasa factura por los malos hábitos que hemos ido adoptando por una notoria falta de cultura, desafiando las creaciones naturales como el hecho de someter a nuestro territorio a una constante deforestación que conlleva volver frágil e inundable una gran parte de nuestro territorio. Excepto por Costa Rica, que por considerarse una nación que está muy por encima de los demás países del istmo prefiere caminar sola y no acompañar los esfuerzos integracionistas del resto para no tener que sufrir el atraso que nos sumerge a Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.



La caravana de camiones con ayuda enviada por el gobierno de El Salvador que preside Nayib Bukele, para mitigar en algo la situación de nuestros hermanos damnificados por la depresión tropical ETA, es parte de esa correspondencia que ha existido entre los países centroamericanos, particularmente entre los tres del Triángulo Norte. Al día siguiente que nos azotara la depresión ETA, el gobierno de Guatemala, por instrucciones del Presidente Giammattei, envió un contingente aéreo al valle de Sula para ayudar en labores de rescate. Posteriormente una caravana de camiones salvadoreños con ayuda diversa ingresó por la frontera de occidente con dirección al Valle de Sula, ayuda que por supuesto solo debemos responder con agradecimiento. Buscar las implicaciones que pudo tener el Presidente Bukele para enviar la ayuda a nuestros damnificados es como querer encontrarle tres patas al gato; una ayuda se recibe con agradecimiento porque como dice el dicho popular, es de gente bien nacida el ser bien agradecidos.

En el reciente pasado, cuando en El Salvador los movimientos sísmicos provocaron situaciones de angustia, nuestro país ha sido de los primeros en acudir en auxilio con ayuda y personal de rescate. Esta correlación de fraternidad y apoyo entre hondureños y salvadoreños data desde que ambos países se reconocieron como países hermanos, solo separados por las fronteras legales que establecen su respectiva soberanía. Por eso es que la interrupción abrupta surgida por el conflicto de 1969 entre Honduras y El Salvador, provocó una ola de extrañeza en el mundo entero, que hizo mover la atención en Europa especialmente, donde no concebían que dos pueblos hermanados por la historia, por tener las mismas costumbres, hablar con idéntico acento y haber mantenido una convivencia fraternal desde la independencia hasta ese momento, rompieran sus lazos de amistad y hermandad a causa de un partido de futbol, que como se ha explicado fue nada más la excusa de la guerra que tuvo otros motivos que no vale la pena conceptualizar, porque cuando hablamos de destacar la hermandad es cosa de necios persistir en recordar las verdaderas razones de aquel fatídico conflicto.

Sin embargo, no podemos dejar de apuntar una situación que nos parece necesario hacer; en materia de nobleza las sagradas escrituras recomiendan que lo que hagas con tu mano derecha, no tiene por qué saberlo tu mano izquierda, una expresión que con una figura filosófica hermosa nos dice que todo gesto de nobleza debe hacerse con la prudencia humana de no hacer aspavientos cuando se le hace un favor a otro. La nobleza del Presidente Bukele enviando ayuda a nuestros damnificados, en correspondencia a las veces que hemos sido los hondureños los que acudimos en auxilio de los salvadoreños, se hubiera elevado al summun de lo noble si la caravana no hubiera venido orquestada con un aparato publicitario que daba la impresión ser una especie de marcha triunfal, con gritos alegóricos a Bukele y denuestos para el gobernante hondureño.

La nobleza es asunto de virtud humana, el gesto de un gobierno, de una empresa o de una persona, se gana la mayor admiración si el alcance que se busca solamente es el de ayudar, no pensando en obtener reconocimientos ni aplausos, mucho menos hacer descalificaciones, cuando el gesto noble es espontáneo merecerá el recuerdo imperecedero y permanecerá inmarcesible en el corazón de los beneficiados y del resto de la población. El toque incesante de bocinas, la gritería orquestada coreando el nombre del Presidente Bukele y lanzando denuestos al gobernante de Honduras, hizo ver el gesto como si se tratara de una afrenta personal directa contra el colega con el que no se tiene una buena relación. Y si a esto le sumamos la actitud de un grupo de reporteros hondureños bobalicones, que se desviven por aprovecharse de todo aquello que tiene tinte escandaloso, la coreografía organizada por los bukelistas y aupada por estos tristes hondureños, le restó la grandeza de la sencillez y la humildad que debe caracterizar a todo gesto de ayuda, que debe llegar como un desprendimiento genuino, que no busca que se le corresponda con aplausos, ni con transmisiones trastornadas con griterías que parecían conformar una caravana política.

Por lo general, la nobleza obliga a corresponder con nobleza. Así entendíamos el gesto del presidente Bukele, porque cuando los hondureños hemos acudido en plan de ayuda a los hermanos salvadoreños, no organizamos caravanas ni apelamos a que medios estruendosos monten sus aparatos para no quitarle la parte noble al gesto de desprendimiento, y que sin embargo, a pesar de todo ese desaguisado cometido por los coreógrafos y los bobalicones, el gesto de Bukele es digno de ser agradecido por todos los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 12 de noviembre de 2020.

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