Contagio emocional

marzo 31, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En uno de los cuentos más temibles como reconocido del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, «El Cuervo», la historia se traza sobre razonamientos que desde el principio llevan al lector por la senda del miedo, de manera que a cada paso de la lectura el que no disfruta del temor, prefiere dejar de leer la obra, aunque para los que disfrutan esa emoción humana que es el pavor, “El Cuervo” es uno de los mejores cuentos del gran Edgar Allan Poe.



En los tiempos que estamos viviendo, cuando la pandemia cada vez se agiganta en el resto del mundo, mientras los chinos celebran victoriosos haber salido de la boca de ese monstruo microscópico que salió de uno de sus laboratorios en WUHAN, se está notando en muchas personas una dimensión psicológica que debe ser observada con cuidado. Los médicos por lo general están bien formados para resistir el impacto emocional que al resto de las personas nos produce la sangre, y como su práctica profesional para estudiar los males del cuerpo humano que están llamados a curar se hace sobre cadáveres, podría pensarse que los médicos al final son profesionales “deshumanizados” porque se acostumbran a trabajar al lado de la muerte.

No es corriente ver que un médico pierda el control, por lo menos así lo hemos creído siempre. Pero al ver este día al Dr. Carlos Umaña, del Seguro Social de SPS, descompuesto psicológicamente, al borde de la histeria, quejándose por haber sido abandonado por todos, por el gobierno, por los militares, policías y por casi todo el mundo, lo cual para el Dr. Umaña es como que a él y a sus colegas los hayan condenado a muerte. Entendemos que la preocupación del Dr. Umaña es por ver todos los días como la gente de SPS desatiende la ordenanza del toque de queda y se lanza a las calles. Y ante la impotencia de sacar de circulación a todos los imprudentes que se pasan por el arco del triunfo las restricciones del toque de queda, el Dr. Umaña se queja que los médicos cuando salen a realizar sus movimientos de protesta reciben palos de la policía. Pero hoy, cuando se necesita que los agentes del orden corran a palos a todos los tercos que andan desbocados en las calles, como lo hacen los policías en la India, los agentes policiales brillan por su ausencia. Esa es la impresión del Dr. Umaña, pero no es correcta, porque los policías y militares si andan patrullando, incluso deteniendo vehículos y conductores no autorizados para circular, pero como son miles los desobedientes que andan en las calles, ni con un millón de policías se podría poner en cintura a todos los tercos.

No es extraño que un médico pierda la compostura como hoy vimos al Dr. Umaña, puesto que a medida que avanza la pandemia en el país, también irán aflorando los sentimientos entre nosotros. El doctor se quejaba que los políticos no hacen nada en este momento, pero los políticos no están para poner orden, algunos, como vimos al diputado de LIBRE, «Chele» Castro, insultando a un pobre agente policial por el hecho de impedirle el paso porque así lo manda el toque de queda, son más proclives a crear el desorden. Los políticos están para hacer lo suyo que es la política, los médicos para vigilar la salud de la gente, y los policías están para guardar el orden, pero como los desobedientes que andan en las calles son tantos, no hay tanto policía para detener a tantos necios.

Lo que si pueden hacer los políticos es llamar a las puertas de la comunidad internacional, legislar medidas para enfrentar una crisis que según los analistas internacionales más capaces como Guy Sorman, tendrá consecuencias desde ahora a largo plazo. Esta pandemia desde ya se está vislumbrando que será de largo plazo, por lo que no deberíamos hacernos la ilusión que será cuestión de tres o cinco meses. No nos asustemos mucho, no caigamos en el pánico, pero esta peste cada vez se le está descubriendo más secretos. Primero se decía que solo afectaba a los viejos, y los jóvenes se relajaron, y ahora hay muchos jovencitos contagiados, incluso algunos ya fallecieron. Luego se decía que el virus no se mantenía en el aire y ya hay testimonios elocuentes que comprueban que al coronavirus también le encanta volar.

Puesto que el temor nos lleva al sobresalto, será normal que todos los hondureños, o cuando menos la gran mayoría, suframos de contagio emocional como le sucedió al Dr. Carlos Umaña, que por lo visto es un médico comprometido con su profesión y sus pacientes, pero no hace bien en exhibirse como lo hizo hoy, en medio de reclamaciones y lamentos que le hicieron perder la ecuanimidad, que es algo que los pacientes apreciamos en un médico igual que no nos gusta consultar a un médico melodramático que pareciera emocionarse cuando logra angustiar a los pacientes, llevándolos a creer que están al borde la muerte.

El contagio emocional es lo que lleva a muchas personas a lanzarse sin control a querer comprar todos los rollos del papel higiénico de los supermercados, y esto aunque no lo parezca puede ser tan peligroso o más que el propio contagio viral. Debemos procurar auto-regularnos en el aspecto emocional, y si bien podríamos sufrir un descontrol por el confinamiento prolongado, debemos leer e ilustrarnos para lograr modularlo y tener control. Con dispararnos en la forma como vimos a este reconocido médico no le haremos bien a nuestro organismo.

Si todos caemos víctimas de lo que los psicólogos llaman «contagio emocional» y que en la antigüedad los psiquiatras llamaban «osmosis», podríamos llegar a caer en la otra parte del círculo donde queda la locura.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 31 de marzo de 2020.

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