Construir un Estado de justicia

agosto 27, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Construir un Estado de justicia es el anhelo en una sociedad democrática para tener una nación sólida, en procura del ansiado progreso que beneficie a todos los habitantes. Un Estado de justicia es lo que hace que un país tenga seguridad jurídica y seguridad para los ciudadanos y sus bienes. Pero para conseguir este gran propósito los países que lo han logrado han tardado mucho tiempo y han debido pasar por innumerables procesos, entre los cuales ha habido guerras intestinas y hasta revoluciones. Los hondureños estamos ansiosos por crear un Estado de justicia, en medio de una guerra declarada a la corrupción, proceso al que se han sumado los diferentes sectores de la sociedad, comenzando por las organizaciones de la sociedad civil que están jugando un papel preponderante en esta lucha.



Lo que no debemos hacer los hondureños es volver una oportunidad perdida este momento extraordinario que vivimos, que nos puede convertir en una democracia ejemplar o volvernos una democracia malograda por la intensidad de la pasión con que quieren ver ejecutadas sus acciones estos sectores, que no siendo instituciones del Estado, se les reconoce que hacen un papel importante en su condición de coadyuvantes.

Lo que no deben ignorar es que, la pasión que manifiestan por hacer justicia, los podría llevar al error de creer que pueden suplantar a las instituciones, lo que los puede hacer incurrir en una posición ilegal, que no conviene, porque la sociedad los necesita, nada más que bien orientados y ubicados en su papel exacto en este momento histórico. No deben cometer el error histórico que a lo largo de la vida de la humanidad cometieron grandes personajes que, obsesionados con el ánimo de hacer justicia inmediata, pasaron a la historia como tiranos sanguinarios. Robespierre, una de las figuras de la revolución francesa, fue uno de ellos, que sembró el terror mandando a la guillotina a todos cuantos el creía que se oponían a la revolución. Miles de personas fueron a la guillotina porque Robespierre, aunque conocía el Derecho por ser abogado, no dio concesiones a todos los que defendían a los reyes. Robespierre fue un sanguinario, célebre por su frase lapidaria que condenó al Rey Luis XVI a la guillotina: “ Luis debe morir para que el país pueda seguir viviendo”. La historia lo absolvió en parte, pero sus crímenes inclinan una balanza negativa que lo ubica como un tirano sanguinario.

Honduras necesita crear un Estado de justicia, pero teniendo el cuidado de observar el debido proceso para no convertirnos en un “Estado de linchamiento”, que es contrario a la justicia, que es lo que ocurría en la antigua Inglaterra, cuando las leyes las aplicaban personas desbordadas por la pasión de hacer justicia a su manera. Es muy fácil pasar de la justicia al linchamiento jurídico, la historia nos remite al 15 de junio de 1215 en la época del Rey Juan I de Inglaterra, más conocido como ‘Juan Tierra’, cuando las leyes eran implacables contra todos aquellos que resultaban señalados por el dedo acusador de la sociedad. El reclamo de los ciudadanos, que amenazaba con impulsar una revolución, hizo que aquel rey, incorporara a la carta magna inglesa el “due process of law” traducible como el “debido proceso legal”, el principio por el cual el Estado debe respetar todos los derechos legales que posee una persona indiciada o señalada de cometer un delito.

El debido proceso es el principio jurídico procesal, según el cual toda persona tiene derecho a las garantías mínimas, tendientes a asegurar un resultado justo y equitativo dentro del proceso, a permitirle tener oportunidad de ser escuchado y hacer valer sus argumentos y pretensiones legítimas frente al juez. El debido proceso establece que el gobierno está subordinado a las leyes del país que protegen a las personas del Estado. Cuando el gobierno o sus órganos judiciales u operadores de justicia, no siguen exactamente el cumplimiento de las leyes, incurren en una violación del debido proceso, que los convierte en incumplidores del mandato de la ley.

En este sentido el debido proceso es un límite a las leyes y los procedimientos legales, que, cuando son apresurados por la presión de la calle y organizaciones sociales, lleva a los operadores de justicia a cometer tremendas injusticias, que son de difícil reparación, porque cuando se lleva a la cárcel injustamente a una persona, no hay honra que se pueda recuperar. De esto tenemos varios ejemplos en los últimos tiempos.

Toda persona señalada de cometer un delito, para la determinación de sus derechos en cualquier carácter, tiene derecho a las garantías del debido proceso que se encuentran consagradas para los países americanos en la convención americana sobre derechos humanos, en el pacto internacional de los derechos civiles y políticos de esa declaración.

Hacemos esta reflexión, porque viendo las ansias de algunos sectores de ponerle coto a la corrupción en Honduras, se puede caer por el deseo obsesivo de hacer justicia inmediata, como lo hizo Robespierre en la revolución francesa, en el cometimiento de muchos errores, errores garrafales, que después de ser cometidos, no hay como repararlos, porque una honra perdida no hay forma de recuperarla.

Tengamos cuidado, los hondureños bien nacidos queremos erradicar la corrupción, pero esto es un proceso que requiere tiempo, como tiempo requiere todo proceso legal contra una persona. Trabajemos por crear en Honduras un Estado de justicia, teniendo el máximo de cuidado de no convertirnos en un “Estado de linchamiento”.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 27 de agosto de 2018.

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