Futbolista brasileño fue el mayor “estafador” de toda la historia que nunca jugó un partido (FOTOS)

diciembre 28, 2018

No ser futbolista no le impidió jugar y cobrar en la elite del fútbol sudamericano durante casi dos décadas. Cómo lo hizo, es toda una historia.

Brasil

Esta es la surrealista y casi cómica historia de un joven brasileño que a través de su don de gentes y de una capacidad ingeniosa para resolver situaciones comprometidas llegó a “jugar” durante casi 20 años en la elite del fútbol brasileño, mexicano y francés.



¿Sera posible llegar a hacer carrera en el mundo del fútbol, sin ser futbolista, sin jugar ningún partido, y además cobrando por ello? Sí. Por difícil que parezca, sí.

El caso es que Carlos Henrique Raposo “Kaiser” (por su parecido con Franz Beckenbauer) tenía un don, y no era precisamente el del balón.

Sabía llevarse de maravilla con quien había que llevarse de “maravilla”. Y así, comenzaron sus relaciones de amistad con futbolistas que por aquel entonces hablamos de los años 80- estaban en lo más alto del fútbol brasileño.

Su primer contrato profesional fue en 1986, en el Botafogo. Todo, gracias a Mauricio, con quien había creado una amistad en la infancia, y que se había convertido en un ídolo en el club. El resumen de Henrique: cero partidos jugados. «Hacía algún movimiento raro en el entrenamiento, me tocaba el muslo, y me quedaba 20 días en el departamento médico. En esa época no existía la resonancia magnética. Cuando los días pasaban, tenía un dentista amigo que me daba un certificado de que tenía algún problema. Y así, pasaban los meses», explica.

Por eso, pese a no jugar, no tuvo ningún problema en firmar la temporada siguiente por el Flamengo. Ahí tenía otro gran amigo, Renato Gaúcho.

El que fuera jugador de la Roma y de la selección brasileña entre otros, y ahora entrenador, relata así su relación con Henrique. «Sé que Kaiser era un enemigo del balón. En el entrenamiento acordaba con un colega que le golpeara, para así marcharse a la enfermería». También cero minutos en el Flamengo.

Para contribuir a su fama, afirman en el Flamengo que llegaba a algunos entrenamientos con un enorme teléfono móvil, que entonces significaba gran status social, y hacía como que hablaba en inglés, afirmando que eran clubes europeos interesados en su fichaje.

Sus compañeros y cuerpo técnico le creían, hasta que un doctor que había vivido en Inglaterra le entendió, y explicó que la conversación no tenía ningún sentido. Le preguntaron, y descubrieron que el teléfono era en realidad un juguete.

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