Hondureño Salvador Moncada, el científico al que ‘robaron’ dos Premios Nobel

julio 11, 2019

Ésta es la historia del científico al que le negaron el Premio Nobel dos veces.

 

Honduras



El hondureño Sir. Salvador Moncada fue protagonista de los hallazgos que valieron los galardones de Medicina de 1982 y 1998 sin embargo la Academia sueca no se lo reconoció.

Salvador Enrique Moncada es un científico hondureño y naturalizado británico. Médico, miembro de The Royal Society, Royal College of Physicians y Academy of Medical Science

Salvador Moncada tuvo la suerte de nacer en una familia muy interesada en su formación académica y que, además, pudo dársela. Nació en Tegucigalpa, pero era muy pequeño cuando tuvieron que mudarse a El Salvador por un exilio político de su padre. Allí estudió primaria, secundaria y se graduó como médico en la Universidad de El Salvador.

Fue en ese momento, tres o cuatro días después de obtener el título de Medicina, cuando fue expulsado de El Salvador de nuevo a Honduras, en una suerte de intercambio macabro e intergeneracional de exilios políticos entre ambos países.

Moncada participó en un movimiento estudiantil que estuvo ligado a lo que se ha dado en llamar el Movimiento de Liberación de El Salvador.

Era el final de los años 60 y principios de los 70. Había mucha efervescencia política, mucha consciencia de los problemas y de la necesidad de un cambio.

Se percibía de forma clara la corrupción y la falta de futuro en la situación en la que se vivía. Eso motivó el proceso de politización, pero no sólo era un movimiento estudiantil, también fue una movilización popular que dio como resultado la organización de los movimientos políticos y posteriormente armados que lucharon durante tantos años por el cambio en El Salvador.

Apenas un año antes se había producido el conflicto armado entre Honduras y El Salvador que ha pasado a la historia como la Guerra del Fútbol, tras el relato contado por el maestro de periodistas Ryszard Kapuscinski.

Los combates duraron sólo cuatro días, pero terminaron por romper la ya enconada relación entre ambos países. Moncada sabía que sería diana de la represión por ser hondureño de nacimiento y por estar políticamente implicado, así que salió pronto del proceso político.

Él fue expulsado con su título de Medicina en la mano. «Tuve esa suerte», reconoce. Pero su familia, su esposa y su hija, como eran salvadoreñas, no podían ir a Honduras. Estuvieron separados durante meses. Entonces surgió una oportunidad para ir a continuar sus estudios en Inglaterra

Aterrizó en Londres en el año 1971 para hacer el posgrado en Farmacología en el Real Colegio de Cirujanos. Aún tuvo que esperar seis meses más para que llegara su familia -su esposa, la profesora de bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de El Salvador Dorys Lemus, y su única hija por aquel entonces, Claudia Regina.

A Moncada le han preguntado cientos, quizá miles de veces, si siente que le han robado el Premio Nobel. La respuesta es siempre la misma, elegante y evasiva: «Tuve la suerte de integrarme en un grupo de mucha calidad científica, y de participar desde muy temprano en investigación de muy buen nivel.

Y de ser parte en esa época muy temprana de uno de los descubrimientos más importantes que hemos realizado a lo largo de mi carrera, que es el descubrimiento de cómo la aspirina, y otros medicamentos parecidos a ella, funcionan para producir efectos analgésicos, antipiréticos, antiinflamatorios. Y también de su efecto secundario principal, que es el daño gástrico. Todo se explica por el mismo descubrimiento», dice discretamente.

El de Medicina fue para su maestro John Vane junto con Sune Bergström y Bengt I. Samuelsson.

Y había un consenso científico de que usted debió recoger el premio…

La cuestión del Nobel es algo que se ha discutido mucho. Yo siempre he dicho una cosa: el trabajo que yo he hecho durante toda mi vida de investigador está ahí para ser analizado. Yo estoy muy orgulloso del trabajo que he hecho.

El reconocimiento internacional que tengo es muy grande y estoy muy agradecido. Y el hecho de que la Academia Sueca haya decidido de una manera distinta es algo que sólo otros pueden analizar.

Su aportación no se quedó ahí. Suyo es también el descubrimiento del efecto protector del sistema cardiovascular de la aspirina en dosis bajas. Un hallazgo -en forma de un fármaco llamado Adiro- que usan a diario muchos pacientes por prescripción médica para prevenir la formación de trombos en las arterias.

Sin embargo, el destino le volvió a llevar por el mismo camino unos años después. En 1998 se repite la historia. Moncada fue el primero en descifrar el camino metabólico para la formación del óxido nítrico en el organismo. Y también de algunas de sus funciones en el cuerpo humano, como la regulación de la presión arterial, por ejemplo. Hasta entonces se pensaba que el óxido nítrico era sólo un contaminante ambiental, un producto de la lluvia ácida causada por los humos de fábricas y coches.

El trabajo de Moncada es la base del funcionamiento del que quizá es ya el vasodilatador más conocido por el público general: la Viagra.

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El acta del Premio Nobel de Medicina de 1998 reconocía a Robert F. Furchgott, Ferid Murad y Louis Ignarro «por descubrimientos relacionados con el óxido nítrico como una señal molecular en el sistema cardiovascular».