Confabulación burocrática

agosto 11, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La reprimenda pública que el entonces presidente Porfirio Lobo le lanzara a ese inmenso cuerpo de empleados y funcionarios del Estado, que administrativamente se conoce con el término de «burocracia», tuvo su origen en la ineficacia e incompetencia que ha sido la característica de esa clase social trabajadora que integra las planillas que paga mensualmente el gobierno. Algo malo le habrá hecho la burocracia al gobernante Porfirio Lobo como para sacarlo de sus casillas y gritarles a los cuatro vientos «maldita burocracia». Cuando un gerente de empresa o un jefe de oficina sienten que hay un vacío en el cumplimiento de obligaciones en los empleados a su cargo, sin poder establecer un estado de culpabilidad en ellos, el único castigo que le queda por aplicar es el reclamo, sea por escrito o verbal. El carácter de Pepe Lobo, siendo político y presidente del país, le daba la autoridad para dejar en cueros a esa empleomanía descuidada que no repara ni previene los errores, atenida a que al formar parte de la clientela política que trabajó en la campaña, le da el derecho inconculcable de trabajar en el gobierno sin tener la capacidad para el desempeño eficiente y correcto de las tareas.



Por la inoperancia o negligencia de la burocracia los países pierden mucho dinero, a veces por dejar de hacer una tarea con la precisión que amerita o por hacer algo muy  mal, en el caso de Honduras, tenemos una empleomanía oficial que por tradición ha sido una verdadera tragedia, porque además de incurrir en los vicios propios de la corrupción como pedir mordidas por realizar un trámite o exigir una comisión a los proveedores por comprarle o contratar un servicio, o por los descuidos, se convierten en una especie de drenaje que le han hecho perder a nuestro país grandes sumas de dinero.

La burocracia hondureña por lo general es mal calificada por los organismos internacionales y los representantes de países europeos, porque debido a su pobreza de ejecución nuestra nación ha perdido grandes cantidades en concepto de donaciones, especialmente en los ramos de Salud y Educación. En Salud, la burocracia ha sido incompetente y negligente, es en este ramo donde hemos perdido donaciones al no poder ejecutar programas esenciales como las campañas de vacunación y de salud en el tiempo estipulado por los organismos, que en los contratos condicionan que toda suma no ejecutada en el período comprendido en determinada fecha no será desembolsada.

Así que, la maldita burocracia que Pepe Lobo desnudó en su gobierno, sigue siendo la misma, cometiendo los mismos errores garrafales que dejan en entredicho a la administración pública, y lastimosamente exponen la pobreza del recurso humano que desempeña las tareas públicas de nuestro país. En la burocracia hay toros y toretes, para el caso en INVEST-H lo que había era un torazo que al final demostró que las tareas que hacía eran de gran cuantía, de grandes comisiones y desastres mayúsculos. El ex director de INVEST-H, Marco Bográn no era un burócrata cualquiera, era un señor burócrata que creía tener a Honduras a sus pies. Y si se percató de la tarea importante que el gobierno puso en sus manos, fue para su provecho personal, porque la estela que dejó a su paso por el Fondo del Milenio fue nula para Honduras, porque en todo su período Honduras no tuvo ninguna opción para recuperar ese importante programa de apoyo financiero. En cambio, en El Salvador, los funcionarios del organismo similar, lograron un nuevo compacto que le ha significado un espaldarazo en obras importantes de desarrollo, especialmente en infraestructura vial.

Aparte de este capítulo del Fondo del Milenio, en el que Honduras se fue en blanco por la ineficiencia de Marco Bográn, el que más ha lacerado la sensibilidad del país es la compra de 7 hospitales móviles, que ha resultado ser toda una obra de teatro en que la obra es la demostración en carne viva de la incompetencia del gestor. Haber admitido públicamente su tardanza para ordenar la compra de los hospitales es la confesión de Marco Bográn de su negligencia y absoluto desinterés por la salud de los hondureños, porque en ese momento ya se sabía que la pandemia venía cruzando el océano para instalarse en el continente americano. Uno se pregunta, si este funcionario alguna vez se preparó para asumir funciones tan importantes que le encomendó el gobierno y no sería extraño que dijera que entró a la función pública por hacerle un favor al gobierno. Porque hay burócratas que se jactan de su influencia que cuando alguien les reclama su dejadez y su inoperancia tienen la perfecta excusa de decir que el partido los colocó en un puesto que ni siquiera buscaron.

Esta es la desgracia de Honduras, tener haciendo trabajos y tareas de Estado a personas que no tienen el mínimo concepto de la función pública a la que llegan por esas cosas de la política hondureña. Por supuesto que en la burocracia hay honrosas excepciones, porque al otro lado de la moneda oscura de la administración hay otra cara, que aunque más pequeña es limpia y efectiva, allí es donde están los empleados y funcionarios que saben cumplir sus funciones de una manera efectiva y correcta.

Hoy, la inoperante burocracia se retrata en la compra de 250 mil kits de prueba para detectar el coronavirus, que por no verificar al momento de su entrega, resultó dinero perdido al no haberse empacado dentro de los envases que le garantizaran permanecer en la temperatura que conservara su estado de efectividad, por lo cual todo ese lote por el que se pagó un monto millonario es material inutilizable en perjuicio de los hondureños que están urgiendo más pruebas para conocer el tamaño del contagio en el país. Puede que exista culpa repartida entre quien vendió el producto y el comprador, porque ambos debieron cerciorarse que las pruebas venían en medio de la temperatura que se exige para conservarlas efectivas para obtener un resultado cierto y no falso.

El caso es que por cuestiones contractuales Honduras está condenada a perder cualquier reclamo si el vendedor demuestra que fue en nuestro país donde no se hizo el correspondiente protocolo para mantener el estado de las pruebas. Si esto fuera demostrado por el surtidor, la culpa del deterioro de los materiales deberá ser asumida por la entidad hondureña que realizó la compra. Vean ustedes si esto no es una tragedia, siendo que somos un país con pocos recursos. Cuando suceden casos como estos, podríamos creer que hay una confabulación en la burocracia para hacerse el propósito de hacer lo que le plazca, con el humor de no aceptar ninguna culpa, porque los burócratas están en el puesto porque así se los pidió el gobierno, y que mucho hacen en estar recibiendo críticas por hacer muy mal los mandados del Estado. Cuando los burócratas se ponen en este plan de altanería se convierten en una clase peligrosa, porque el sentirse protegidos por la élite política los convierte en una horda de individuos destructivos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 11 de agosto de 2020.

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