Con la seguridad no se debe jugar

marzo 12, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay asuntos delicados que tienen que ver con la seguridad y la vida de los hondureños con los que no se  debe jugar, porque una cosa es estar opinando sobre temas que aunque son trascendentales no requieren ni el conocimiento ni el manejo estratégico y sobre los cuales los tecnócratas, así como también los estudiosos y el resto de los ciudadanos pueden expresar sus opiniones, con el ánimo de que se corrijan ciertos detalles de las medidas adoptadas. Pero tratándose de la seguridad de los hondureños, no es cualquiera el que puede meter su cuchara cuando el gobierno, que es el timonel del Estado, adopta decisiones inmediatas para fortalecer los aparatos humanos con los cuales se enfrenta a las organizaciones delictivas.



En Honduras muchos quieren ver algo tan delicado como es la seguridad de las personas, como un asunto simple cuando es lo más complejo y peligroso que el gobierno está manejando en circunstancias verdaderamente apremiantes, enfrentándose a un verdadero conglomerado antisocial, numeroso en cantidad de integrantes de bandas y grupos, bien apertrechados en armas y municiones, articulados con el concepto de organizaciones, quizás tan bien o mejor equipados que las mismas fuerzas policiales, actuando con ánimo de enfrentar y derrotar a las autoridades, lo que equivale a una especie de guerra declarada.

Hay quienes tratan el asunto si fuera algo peregrino, como cuando al formarse la selección nacional, miles de hondureños actúan como si cada uno fuera el entrenador pidiendo a determinados jugadores, a cuales debe y cuales no debe convocarse al equipo; de uno y otro lado se escuchan las críticas y señalamientos en oposición a la medida del gobierno de integrar más elementos policiales en la lucha contra las organizaciones delictivas. Los argumentos se esgrimen en razón de lo que se logró, y de lo que no se ha obtenido en el campo de la seguridad, aduciendo que no es con mayor cantidad de elementos policiales como se combate la extorsión, como si esa fuera la única faceta delictiva que prevalece en este momento.

Las circunstancias de hace 10 años en materia de inseguridad, ni siquiera las de hace cinco años, se pueden comparar con las actuales, porque las acciones y actuaciones de la criminalidad van teniendo una disrupción alarmante a la par de la evolución tecnológica, que es aprovechada, igual que por la sociedad en general, por las escuelas, colegios y universidades, también por los elementos delictivos, que no se quedan atrás en el aprovechamiento de las tecnologías en contra de la seguridad de los ciudadanos. Tan bien comunicados están los policías como lo están los antisociales, y a veces mejor armados que las mismas autoridades.

Cuando, por cuestión de participación social, o con el ánimo de actuar como equilibradores sociales para evitar desmanes, excesos o desaciertos que el gobierno pudiera cometer en sus decisiones, algunos de nuestros más conspicuos profesionales se lanzan al ruedo opinando en contrario a lo que hace la autoridad para enfrentar al conglomerado antisocial, que no es nada pequeño y que actúa con una diversificación de acciones que atentan contra la seguridad y los bienes de la ciudadanía; esos distinguidos compatriotas, muy respetados en sus respectivos campos profesionales, pero que no son expertos ni en seguridad ni en estrategia, cometen una gran imprudencia que juega en favor de los sujetos que han hecho del crimen su modus vivendi y sin darse cuenta, actúan en contra del interés de la seguridad de los hondureños.

La lucha contra este conglomerado tan sui generis como peligroso no se puede medir empleando una aritmética simplista; lo que en el 20O7 o 2011 se manejó de una forma, no es aplicable al momento actual; el modus operandi de la criminalidad se va desarrollando a la velocidad con que avanza todo lo demás. El crimen no se duerme ni se estanca, aumenta, crece y se moderniza, en todo el mundo.

Sorprende que para enfrentar al crimen, hasta en la ONU hay discrepancias, porque apenas hace dos días, este organismo mundial pedía al gobierno de Honduras que incrementara la lucha contra el crimen organizado, y ayer, una funcionaria de Derechos Humanos de la misma ONU, instaba al gobierno hondureño a que proceda a desmilitarizar la policía, contradiciendo la tesis de aumentar la lucha contra la criminalidad.

Como pueden ver, el gobierno no puede quedar en medio de este fuego cruzado de opiniones, atendiendo a uno y a otro, en una lucha tan crucial como la que está librando en contra de los autores de la inseguridad. Lo que procede es que actúe de acuerdo a la urgencia que los momentos actuales exigen.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 12 de marzo de 2019.