Centroamérica se coloca como el potencial mercado de anfetaminas para las pandillas

julio 24, 2020

Al consumo y tráfico de drogas se suma la producción, dado que en Centroamérica se señala «como principales países productores de cannabis».

El Salvador

El índice de consumo de anfetaminas en Centroamérica es superior al registro global, lo que supone un potencial mercado que las pandillas pueden controlar en el futuro con sus redes de tráfico al menudeo, advirtió en una entrevista con Efe un experto de las Naciones Unidas.



De acuerdo con Juan Gómez Hecht, experto de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen para América Central y el Caribe (UNODC ROPAN), en esta región de América el porcentaje de prevalencia de consumidores de anfetaminas es del 1 %, superior al promedio global del 0,6 %.

Gómez apuntó que, de a acuerdo con el Informe Mundial de Drogas 2020, se estima que en Centroamérica «hay 310.000 consumidores de anfetaminas».

«Las pandillas todavía no se involucran plenamente en la distribución de éxtasis, anfetaminas y nuevas drogas psicoactivas, pero existe un elevado número de consumidores de estas substancias en la región centroamericana», agregó.

Apuntó que «esta situación podría hacer que, en un futuro, surja un potencial mercado de drogas controlado por las pandillas, sobre todo por el elevado nivel de lucro que genera esta actividad».

«Esta es una situación que tiene que ser monitoreada de cerca por las autoridades», advirtió.

PANDILLEROS Y «NARCOMENUDEO».

Las pandillas «controlan» en los países centroamericanos en los que tienen presencia el tráfico al menudeo de la marihuana y en el caso de El Salvador, donde predomina la Mara Salvatrucha (MS13) y el Barrio 18, la marihuana que distribuyen «proviene principalmente de Guatemala».

En los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, compuesto por El Salvador, Guatemala y Honduras, tienen presencia estas bandas, cuya principal fuente de ingresos son las extorsiones y el tráfico de drogas al menudeo.

«Las pandillas han tratado de ingresar al tráfico a gran escala de cocaína, pero hasta la fecha no lo han podido lograr», apuntó Gómez.

Indicó que entre las razones de esto se encuentra que «la mayoría de la cocaína que circula por el istmo centroamericano lo hace por la vía marítima y en el caso de El Salvador en aguas lejanas de su costa y las pandillas no tienen capacidad de operar en estas aguas».

La segunda es que el tráfico terrestre de esta droga «se lleva a cabo por redes de transportistas que trabajan para los poderosos carteles de droga mexicano».

Explicó que en el único país centroamericano que se reporta a las pandillas involucradas en el tráfico a gran escala de cocaína es en Honduras y que en El Salvador distribuyen internamente, mediante las redes de la MS13, la cocaína que es producida en Guatemala, que es de menor «calidad» que la elaborada en el sur del continente.

PANDILLAS Y COVID-19

Un estudio de la UNODC indica que las actividades de las pandillas salvadoreñas, ante la pandemia del COVID-19, «se han visto impactadas en una disminución considerable en su principal fuente de ingreso: la extorsión».

«Esta disminución era predecible al estar cerrados muchos de los negocios que extorsionaban y la disminución de la actividad económica del país», explicó Gómez.

Añadió que también influyó la «pérdida temporal de su control territorial» ante la imposición de un estado de excepción, el confinamiento de la población y la «mayor presencia» de las fuerzas de seguridad.

No obstante, estas bandas «se están adaptando» a la llamada «nueva normalidad», de acuerdo con Gómez, al ingeniarse «nuevas formas de exigir y cobrar la extorsión» e implementando en sus zonas de control «medidas de aislamiento social por la fuerza».

«En la medida en que la economía informal aumente, por los altos niveles de desempleo generado a consecuencia de la pandemia, se van a abrir oportunidades para que las maras y pandillas se expandan y fortalezcan», advirtió.

POR EFE