Campañas tóxicas

abril 5, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Son afortunados los países que pueden contar con personas que encarnen los valores sociales y políticos que necesitan predominar para asumir posiciones integradoras de los diferentes sectores de la sociedad; por desgracia Honduras no ha tenido la suerte en los últimos años de encontrar ciudadanos con esas características en estos momentos cruciales cuando hemos estado a punto de perdernos como país o de convertirnos negativamente en una nación amenazada por las garras de un orden antisocial poderoso, con suficientes recursos producto de los negocios ilícitos que se han venido practicando por algunos sectores.



Actualmente se está librando en Honduras una lucha que no tiene parangón, y aunque se crea que se está ganando, todavía no se pueden lanzar las campanas al vuelo, porque cuando lo político se mezcla para entorpecer los avances de la autoridad, hay pronósticos oscuros que indican que todo depende de las elecciones generales de noviembre, es decir, dependeremos de quien gane el poder para continuar con esa guerra no convencional o por el contrario, bajar la guardia por conveniencia o por los compromisos que algunos líderes puedan tener con los sectores del orden antisocial, de una o de otra forma.

El nivel tóxico de determinados candidatos habla de sus intenciones porque con un discurso que brota desde las vísceras del fanatismo, apartados de la crítica razonada, dan una exhibición de todo el sectarismo que están dispuestos a desplegar para cerrarle el paso a una política de acuerdos, más no de arreglos, política que es propia de una nación civilizada donde los dirigentes deben trabajar en pro de la solución de los grandes problemas y no para agravarlos.

Está planteada en la sociedad hondureña la urgente necesidad de combatir la corrupción, un flagelo que no es exclusivo de Honduras sino del mundo entero, pero que lo usan como bandera individuos que por sus antecedentes no merecen tomarla como consigna, porque cuando se les revisa sus acciones, incluso respecto a su propia familia, no les cabe por ningún lado abanderar una lucha que comienza por respetar a las personas que son lo más sagrado para todo ser humano. Está abundando en Honduras el discurso incívico que incita a la discordia a los hondureños y que responde a una estrategia desestabilizadora con el objetivo de provocar inestabilidad, en un tiempo complicado que exige la unidad de todos los sectores para poder enfrentar la crisis sanitaria creada por una pandemia que mantiene la incertidumbre en el mundo entero.

Al acudir en buena medida a las urnas para elegir candidatos y autoridades de los partidos políticos, los hondureños demostraron un valor aquilatado en patriotismo, porque en estas circunstancias no se esperaba una participación aceptable de la ciudadanía. No se debe cometer el errorazo de comparar elecciones anteriores con estas elecciones primarias en que por primera vez en la historia una buena cantidad de hondureños vencimos al temor a la pandemia y acudimos a las urnas sabiendo que un leve descuido podía llevarnos al contagio. Y sin embargo, los hondureños al pesar en la balanza el riesgo del contagio con el deber cívico, vemos con alegría que triunfó el segundo, es decir, la obligación de cumplirle a Honduras pudo más que el temor natural a la pandemia.

A pocas horas del cierre del proceso electoral las cifras registradas por el CNE confirman a los candidatos que resultaron preferidos por las mayorías de cada partido. Desde ese momento se han desatado campañas tóxicas que proceden de las vísceras del sectarismo más oscuro, que es aquel que no acepta la derrota, y que reclama la victoria de la manera más irracional, una actitud propia de los fascistas, caracterizados como arrebatadores profesionales que en un estado próximo a la histeria  desconocen la realidad y la verdad expresada en las urnas.

La voz desaforada de los tóxicos se vuelve amenazante para las libertades, porque dominados por un instinto de revancha irracional ante su impotencia por su fracaso en las urnas, no tienen pudor para aliarse con otros aspirantes que son adversos a su partido. Hablando específicamente, un líder liberal que se abrace con otro candidato adversario de su partido es un renegado y un tránsfuga que cae en la desgracia de la traición. Otra cosa serán los acuerdos al final de la jornada electoral de noviembre, que será el momento cuando los partidos deban arriar las banderas del sectarismo para pactar en acuerdos en beneficio de la nación.

Por ahora hay que pensar en el daño que nos ha infligido la pandemia del coronavirus, que ha dejado en suspenso la actividad de miles de pequeñas y medianas empresas con el consiguiente desempleo en perjuicio de miles de personas. En este escenario de crisis los hondureños quieren escuchar propuestas que tiendan a la reconstrucción de nuestra economía, que no solo ha sido devastada sino que necesita de reformas estructurales y de nuevos sectores productivos que generen riqueza y empleo. Pero, si los políticos no hablan de estas soluciones es porque están preparados más para la improductividad y la pobreza.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 5 de abril de 2021.

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