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Cajita de sorpresas

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La elección de Nayib Bukele, un tránsfuga del FMLN que buscó cabida en otros partidos hasta q​ue encontró el acomodo ideal en GANA, el partido del ex presidente Tony Saca, condenado a prisión por varios actos de corrupción, es otro eslabón en la cadena de mandatarios que se han ganado la simpatía de miles de personas que han perdido la fe en los partidos políticos, sumándose a esa multitud bulliciosa denominada “antisistema”. Estas personas pierden la razón y prefieren perderlo todo, incluso llegar a la insensatez de perder el país, con tal de no votar por ningún candidato de los partidos democráticos, que por las fallas de sus líderes que han caído en las garras de la corrupción, alimentan el espíritu contradictorio de estos ciudadanos.

Esta no es una explicación que busque justificar el apoyo a los partidos democráticos, solo que así sucedió en Cuba y Venezuela, y después en Nicaragua, donde la gente se enervó contra los dirigentes políticos y funcionarios corruptos que los gobernaban, pero terminaron eligiendo dictadores y tiranos, una medicina que les resultó más cara que la propia enfermedad que les ha costado mucha sangre. Entre los partidos y los dictadores, esos pueblos eligieron a tiranos, para después arrepentirse.

Nayib Bukele no es un marxista, es un político inescrupuloso y demagogo, que aprendió a nadar a la perfección en las aguas del populismo a ultranza, y que al nomas conocer el resultado apabullante con que le favorecieron los salvadoreños, ha lanzado las primeras señales de lo que se propone: “nunca más ARENA ni FMLN”, un grito similar al que lanzara Hugo Chávez, al sentenciar a la extinción a los partidos históricos venezolanos.

Bukele fue expulsado del FMLN al querer imponer sus sellos personales en un partido de estructuras marxistas, intentando imperar con un carácter impositivo sobre los ex comandantes que prefirieron mandarlo a volar antes que quedar bajo sus órdenes. Bukele aprovechó magistralmente ese momento para bañarse en la victimización y convertirse en un político de nuevo cuño, ante todo rebelde sin causa, dispuesto a desafiar todos los estamentos de su país, incluso desconocer la majestuosidad de la ley, llegando a la temeridad de ordenarle a los jueces en situaciones legales donde fue conminado a comparecer por actos irregulares que le imputan responsabilidad por mala administración durante fue alcalde de San Salvador.

Su expulsión del FMLN le resultó un golpe certero para conseguir dos efectos: primero, se convirtió en todo un personaje nacional y segundo, hizo que su expulsión se revirtiera en contra del FMLN, que igual que un boxeador alcanzado por un gancho fulminante, se tambaleó en los últimos dos años hasta caer noqueado el día de las elecciones. Bukele es un apostador empedernido en el juego de las redes sociales donde ha abusado al extremo delictivo de penetrar en los sitios de los periódicos que le criticaban sus actitudes políticas, para trastocarlos poniendo otros contenidos que le favorecían e injuriaba a otras personas.

Bukele es un político con enormes depósitos de inescrupulosidad, desafiante del ordenamiento jurídico, desconocedor de las reglas de la diplomacia y de remate es todo un inexperto en la materia administrativa gubernamental donde su experiencia en la pequeña alcaldía de Cuscatlán y en la alcaldía de San Salvador, dejó una huella de irregularidades que son perseguidas por el Ministerio Público salvadoreño. Incluso tiene fijado el 18 de febrero para comparecer en un juicio por injuria, difamación y calumnias que le entabló el efemelenista Eugenio Chicas, por el que Bukele pretendió ordenarle al juez que lo evacuara antes de las elecciones, pero el juez fijó el 18 de febrero para comparecer, quedando en los medios la impresión que al ganar la presidencia en forma contundente, no sería extraño que Bukele haga alarde de su poder para evadir la justicia.

Bukele no las tiene todas consigo, como en El Salvador los períodos de mando no coinciden, las elecciones presidenciales se realizan en fechas distintas a las elecciones de diputados y alcaldes. Por lo tanto, tendrá en contra a la mayoría parlamentaria que pertenece a ARENA y FMLN. Lo que se le viene a El Salvador es un período de gobierno en el limbo, que no podrá tomar grandes decisiones si Bukele no logra acuerdos con ARENA y FMLN.

Para los vecinos Guatemala y Honduras, las relaciones con Bukele son inciertas, porque el nuevo presidente salvadoreño no ha tenido buenas expresiones para ambos países y sus gobernantes, ignorando que El Salvador es parte de un contexto tripartito que depende de Honduras y Guatemala para poder optar a la cooperación en bloque que proviene de EEUU. Podría ser que Bukele, una vez electo presidente cambie su chip y decida caminar por la senda de la razón. Sin embargo, por las primeras señales que le vimos horas después de confirmarse su triunfo arrollador, creemos que le costará un mundo actuar con la cordura y la razón en la mano. Habrá que darle tiempo a Bukele, porque por ahora, lo que podemos deducir de su enigmática personalidad es que Bukele es todo una cajita de sorpresas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 4 de febrero de 2019.