¡Caballos salvajes!

junio 12, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Estos días que transcurren en medio de tanta crispación social, protagonizada por grupos que aspiran al poder, pretendiendo esconder sus ambiciones en la apariencia anodina de defender la salud y la educación de hondureños, no permite apreciar algunos acontecimientos que tienen un componente de felicidad, que deben ser conocidos por la ciudadanía hondureña, porque no todo es robo, no todo es corrupción, ni todo es odio entre hondureños. Sucede que al terminar la etapa de conciliación entre el ex diputado de LIBRE, Bartolo Fuentes y Jesús Mejía, funcionario del gobierno nacionalista, ambos cerraron el juicio dándose un apretón de manos acompañado de una sonrisa, luego que Mejía aceptara disculparse con Bartolo Fuentes, por una declaración que inculpaba al militante de LIBRE de ser traficante de migrantes hondureños. Como esta era una situación abigarrada, nada más fabricada a base de suposiciones por haber visto a Bartolo Fuentes acompañando a grupos de migrantes hondureños, se produjo la acción legal que Mejía no pudo sustanciar con pruebas, por lo que no le quedó más que pagar con la cortesía de la disculpa, que es lo que corresponde en estos casos, porque con la disculpa se gana en caballerosidad, además de que es la forma correcta de zanjar un reclamo cuando no se tienen los elementos fehacientes para sostener una afirmación.



Vemos este episodio de conciliación como una cápsula de felicidad que vale la pena destacar, porque desde el 2009 entre los hondureños se rompieron los hilos del tejido social, lo que nos hace aparecer como gente espantada, fácil de que se nos prenda la mecha para explotar por la mínima contrariedad. Se nos pasaron un par de días desde que vimos en los periódicos el estrechón de manos entre Bartolo Fuentes y Jesús Mejía, aunque nos hicimos el propósito de no dejar en el tintero, el asunto como algo intrascendente, porque tiene una capital importancia en tiempos en que, en diversas partes pudieran creer que los hondureños ya parecemos antropófagos, devorándonos unos con otros.

En lo personal, nos tocó vivir dos o tres episodios donde me impuse hacer prevalecer la razón y la cordura. Recién terminado el evento político del 2009, rompiendo la frialdad con compatriotas de pensamiento distinto al mío, pero con los cuales habíamos tenido convivencia en el campo de la comunicación, invité a desayunar a cuatro profesionales de reconocida militancia izquierdista, integrantes de CESPAD, una ONG que elabora diversos estudios de comportamiento, encabezados por el sociólogo Eugenio Sosa. Nos reunimos en un restaurante del Hotel Marriott y por más de dos horas compartimos un desayuno y una conversación de más de dos horas, en la que prevaleció la cordura y el respeto entre todos. Basamos la reunión en que, no obstante que nuestros pensamientos eran contrapuestos respecto a cómo debía ser Honduras, lo importante era que nos respetáramos en nuestra respectiva forma de pensar, y que toda discrepancia debíamos mantenerla de manera civilizada. Con Eugenio Sosa, las veces que nos encontramos hasta nos hacemos alguna broma.

En el ejercicio de la profesión nos tocó vivir un momento espinoso con Jaime Rosenthal, cuando nuestro colega Yuri Mora, siendo reportero de Abriendo Brecha, lanzó al aire una noticia que le fue proporcionada por el agregado de prensa de la embajada americana, Charles Bakotta, respecto a que, a tres personajes del país, entre ellos Jaime Rosenthal, les había sido cancelada la visa. Como la noticia no fue sustentada en cámara por Bakotta, este se salvó diciendo que habló “off the récord”, que en periodismo significa que queda a discreción del reportero dar a conocer algo que se le informa, pero sin que pueda citar la fuente. Jaime Rosenthal nos entabló una demanda que nos tocó enfrentar junto a Yuri Mora en el tribunal, y en la audiencia de conciliación, propuse que, como  de nada servía que nos disculpáramos con el Ing. Rosenthal, si quien había manifestado el asunto de la cancelación de la visa era Bakotta, lo procedente para satisfacción de don Jaime era que el juzgado citara a Bakotta para que dijera si era o no cierto lo que había expresado. Don Jaime aceptó la propuesta y el juzgado procedió a citar a Bakotta, pero siendo funcionario internacional se escudó en la inmunidad diplomática. Transcurriendo varios meses del asunto, solicitamos al juzgado el sobreseimiento del caso a nuestro favor, el juez le consultó a don Jaime Rosenthal si estaba de acuerdo y Rosenthal en forma muy caballerosa aceptó y el caso quedó cerrado. Pero esto último, reconocemos, fue posible, gracias al espíritu de concordia que prevaleció en Jaime Rosenthal en aquel momento.

Contar estos incidentes positivos, a maneras de cápsulas de felicidad, debe servirnos para reflexionar que los hondureños no debemos vivir eternamente enclaustrados en la confrontación histérica, cuando a todo se le busca maldad, haya o no, porque aunque Honduras dista de ser el país que era antes del 2009, cuando entre liberales y nacionalistas solo se disparaban flechas, deberíamos evitar estar dándonos culetazos y patadas, como si fuéramos caballos salvajes. Que los hondureños, el mayor enojo deberíamos expresarlo contra el subdesarrollo, y sacarnos la cólera, trabajando duro y uniendo esfuerzos para hacer posible que Honduras avance al desarrollo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 12 de junio de 2019.