Un boicot violento no es un paro

julio 26, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Desde que los empresarios del transporte comenzaron a ejecutar sus paros exigiendo una conquista económica de manera artificiosa, la presión que han practicado ha sido por medio de una protesta violenta que no solo dificulta la libre locomoción de vehículos y personas, sino que ha llegado a la agresión en contra de los particulares y vehículos del Estado. Cuando escuchamos a los empresarios del transporte, decir que el paro es una protesta pacífica, nos parece que se la creen, que convencen a las personas que cada bochinche que generan es lo más parecido a una misa de domingo. Y manejando sus pretensiones con esa óptica, no se dan cuenta que las tempestades que han sembrado con las paralizaciones de calles y carreteras, que afectan a miles de personas al no poder desarrollar sus actividades, les está haciendo llover sobre mojado, al grado que los paros se han vuelto tan impopulares como nocivos, porque nadie, al que le impiden movilizarse para ganarse la vida puede estar de acuerdo con el método de los empresarios transportistas.



Lo expresado este jueves en el Foro Canal 10 por el señor Hugo Maldonado, presidente del Comité de Defensa de los Derechos Humanos, recoge lo que maneja la ciudadanía cuerda, al quejarse de los perjuicios de que son víctimas las personas que subsisten gracias a su quehacer diario, que durante varios días no han podido realizar, quedando en precariedad el sustento de su familia. Decía don Hugo Maldonado del CODEH que las acciones de los empresarios del transporte constituyen un chantaje contra el gobierno y contra el mismo pueblo usuario, una expresión dura pero que no se aparta de la verdad y de la realidad, porque al protestar de manera violenta en las calles y asumiendo en la mesa de conversaciones posiciones radicales, denota que los empresarios del transporte se consideran con tanto poder como para incendiar el país.

Lo que practican los empresarios del transporte no es un paro común y corriente, es un boicot violento más contra la población que contra el gobierno. Porque el boicot de los transportistas descarga toda su furia contra las personas que necesitan desplazarse para realizar sus actividades con las que se ganan el sustento de su familia. Y que los transportistas se conviertan en sus enemigos, en el plan de presionar al gobierno, boicoteándoles su derecho a movilizarse para ganarse la vida, convierte el paro en lo más impopular y nocivo entre la población.

Esto es algo que deben sopesar los empresarios del transporte, entre los que conocemos a personas que han estado vinculados a la política, en uno y otro partido, para que no cometan el gravísimo error de vulnerar sus propios intereses al embriagarse con  el empecinamiento. El boicot, que no es paro, y que están llevando a cabo con la fuerza que les dan los grupos radicales violentos, vulnera el sagrado principio constitucional de la libertad de locomoción, que permite que las personas se ganen la vida, porque como hemos dicho, no se puede reclamar un derecho, afectando el derecho de los demás.

No ver esta situación por el estado mental de empecinamiento en que han caído los más reconocidos empresarios del transporte, no les ayuda a encontrar una salida que les permita recibir algo de oxígeno, en lugar de exponerse a la asfixia que los puede llevar al ahogamiento. Recuerden que el peor de los conflictos es aquel que se alarga en el tiempo, en que los que más llevan  las perder son los más dependientes. Y en este caso, no se olviden los empresarios del transporte, que en materia de servicios públicos, el gobierno es algo así como la cocinera de la casa, que cuando los comensales se le sublevan por el mal sabor del guiso, llevan las de perder, porque una vez enojada la cocinera, no habrá para ellos ni pan, ni tortillas ni frijoles.

Se les olvida que el gobierno en cualquier momento puede liberalizar el transporte público, y una vez hecho esto, el negocio del transporte se les achicará, se volverá más angosto y reducido porque entre más competencia las ganancias resultan más pequeñas. Los transportistas deben bajar el tono de la golilla, porque hasta ahora el gobierno ha tenido con ellos un comportamiento moderado, les ha explicado con sinceridad que la reducción al precio del combustible que piden llevaría a desajustar el presupuesto de la nación, dejando incumplidas obligaciones fundamentales en educación y salud.

Por lo demás, creemos que el Ministerio de Seguridad no permitirá la toma de calles y carreteras, porque la ley les impone como autoridad la obligación de garantizarles a las personas la libre locomoción. Y hasta ahora hemos visto a una policía muy prudente y hasta complaciente, permitiendo que los transportistas bloqueen las calles y avenidas, pero ante la tozudez vendrá la acción policial, y entonces los empresarios transportistas se convencerán que cuando la autoridad se decida a mantener el orden y la libre locomoción, no tendrán ninguna oportunidad de ganar su apuesta violenta. Y se darán cuenta que de inmediato deben volver a la cordura, respetando la libertad de locomoción de los demás, prosiguiendo sus presiones en la mesa y no en la calle.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 26 de julio de 2018.

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