¡Bendita lluvia!

abril 9, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Bien decía el gran poeta Juan Ramón Jiménez, el mismo autor del célebre poema “Reir llorando”, cuando le tocó cantarle a la lluvia: “llueve sobre el campo verde, ¡qué paz! El agua se abre, y la yerba de abril es de pálidos diamantes, se apaga el sol y la huerta en el valle es más olorosa, más idílica que antes, llueve y los pinares se alegran, aunque todo está gris, melancólico y fragante, y en el ocaso surgen las vagas claridades que vuelven las malvas y las rosas amarillas, de sedas y de cristales. Oh, las lluvias en el campo verde, que paz, en el aire vienen aromas mojados de violetas otoñales”.



Nadie, salvo el más tarado e irracional de los humanos puede hablar mal de la lluvia, aún en los momentos cuando el agua por la abundancia de sus descargas se convierte en una amenaza, porque el arrebato ambicioso del hombre lo hace posicionarse en sitios vulnerables donde el paso del agua provoca daños. Al llegar la época lluviosa, sea que esté provocada por algún fenómeno meteorológico o porque la temporada así lo ha decidido, como sea que llegue hay que saludarla con el mejor de los beneplácitos con que se debe dar la bienvenida a este líquido maravilloso que determina la vida de todos los seres animados de la superficie terrestre.

Nos ha llegado en momentos que la ansiábamos más que de costumbre, porque las enormes bocanadas del humo maloliente que expiden los bosques incendiados nos han estado asfixiando y solo la bendita lluvia podía salvarnos de esta especie de dragón que escupe fuego y ceniza. Llega una vez más la lluvia de abril, y vendrán las lluvias de mayo, y seguirán las de junio, julio, agosto y septiembre, y ojalá que siga lloviendo lo que resta del año, porque la lluvia en el fondo no hace daño, la lluvia trae la vida, somos las personas las que no creamos las condiciones para aprovechar las aguas lluvias que, al margen del consumo humano, tiene miles de utilidades, por lo cual el agua lluvia se vuelve un elemento altamente significativo y vital para el mantenimiento de los cultivos. No habrían campos agrícolas si no existiera la lluvia, no habría como producir alimentos si no hubiera lluvias. No hubiera vida en el planeta sin las lluvias.

Puede que, lo más grave de la lluvia es cuando por su abundancia produce situaciones difíciles, pero si las personas nos preparáramos para aprovecharla, como aprendieron los egipcios al domeñar su caudaloso río Nilo en tiempos lluviosos, el accionar de las aguas abundantes lo pondríamos a nuestro favor, y así no tendríamos que ver las lluvias como una amenaza, sino como una salvación. Si prevenidos por los anuncios meteorológicos, nuestros compatriotas que venden sus mercancías y sus productos en los mercados de la capital, se preocuparan por no lanzar basura y desperdicios a los drenajes de aguas lluvias, no tendrían que lamentar las inundaciones de sus puestos de venta y ver dañadas sus instalaciones ni echados a perder sus inventarios.

Todo es asunto de prevenir, las lluvias no llegan intencionalmente a hacernos daño, el perjuicio lo ocasionan accidentalmente porque las personas no nos preparamos para la época lluviosa, en que hay riesgo si no se está preparado para que las lluvias con su poder bienhechor sobre los campos labrantíos, sobre las huertas, y sobre todo elemento natural, humano, animal y vegetal, que mueren sin la presencia de las lluvias, nos extendiera todos sus beneficios si nos preparáramos para aprovecharla.

Por eso, cuando en medio de los ardientes días de abril, el agua se desgaja de las nubes y llega para enriquecernos el espíritu y alegrar la madre tierra, los humanos deberíamos entonar un himno especial para cantarle a la lluvia nuestros mejores agradecimientos: lluvia, bendita lluvia, ¿qué sería del mundo sin tu maravillosa presencia? Maravilloso ciclo que hace precipitar las aguas lluvias desde el cielo, la existencia en esta tierra hondureña no sería la misa si no llegaran las lluvias para regar los suelos donde se siembran los granos y las frutas con las que nos alimentamos.

Contaba el extinto gran líder liberal Modesto Rodas Alvarado, que después de sembrar 200 manzanas de maíz en su hacienda de Los Prados en Choluteca, juntaba a los más de 100 mozos que habían labrado la tierra para depositar la semilla, juntos se arrodillaban y hacían una oración al cielo para implorar por la bendita lluvia. Era el rito cristiano con que aquel recordado político y sus agricultores invocaban al divino arquitecto del universo, para que les enviara las lluvias sobre aquel extenso predio sembrado de maíz, del que seis meses después cosecharían miles de cargas de ese maravilloso grano del que se fabrican las tortillas.

Por eso, como decía el poeta Jiménez, “otra vez huele el campo, otra vez nos llega la vida, con la venida de la lluvia. ¡Lluvia, bendita lluvia!”…

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 9 de abril de 2019.