Bastardía política

febrero 20, 2017

A la población hondureña hay que aclararle dos conceptos distintos: uno es que los políticos asuman un estado de oposición al gobierno, porque mientras están en la llanura es concebible que se opongan a aquellas  medidas y disposiciones oficiales  que podrían afectar el interés general. Pero otra cosa es  que emprendan una oposición por el prurito de hacerlo contra pasos fundamentales que el país está dando en el campo del combate a la corrupción y la impunidad. Para el caso, adoptar una oposición feroz contra el trabajo que está realizando la MACCIH es un acto de bastardía política, porque esta misión está llevando a cabo un trabajo histórico que marca un parteaguas en Honduras, que hará que Honduras sea vista con una marca histórica: antes de la Maccih y después que llegó la Maccih.

La llegada de la Maccih es una especie de bautismo que  marca a Honduras  de ahora en adelante para no compartir migas ni  con la corrupción ni con la impunidad. Exigir que la Maccih arroje resultados en los pocos meses que lleva, en los cuales empleó algún tiempo para instalarse, es una mezquindad que llega a los niveles de la miseria humana. Con esta clase de oposición no se puede esperar ecuanimidad en los planteamientos, porque usar la tribuna política para torpedear los pasos positivos que se están dando en Honduras,  es un acto de bastardía política, producto de la indecencia de meterse en el papel de opositor para condenar a su manera todo aquello que se hace en procura de instaurar en Honduras un estado de adecentamiento nacional. No es asunto de disputar el poder por disputarlo, cuando hay acciones verdaderamente relevantes como el hecho de tener una misión de la OEA con el objetivo específico de potenciar nuestras instituciones en el combate contra la corrupción y la impunidad, lo que debe valorarse es la magnitud del objetivo.



Es la primera vez que un organismo de tanta trascendencia como la OEA se involucra trabajando junto a nuestras principales instituciones operadoras de justicia para combatir la corrupción y la impunidad. Tratar de desacreditarla desde un inicio con insinuaciones perversas, de que su presencia no está dando resultados, sabiendo que la persecución de los dos flagelos va de la mano con el debido proceso que establecen las normas del derecho, es un acto de extraña desesperación que solo corresponde a los enemigos de Honduras.

Los miembros de la Maccih no han venido a Honduras con poses de superhéroes, hasta ahora no han adoptado posiciones extremas que los hicieran aparecer que están por encima del orden jurídico hondureño. La Maccih llegó en el momento en que nuestra democracia parecía haber llegado a sus estertores, por la cantidad de casos de  corrupción acumulados  sin resolverse, lo que hacía que nuestro país transpirara impunidad ante la inoperancia de la clase política y de las mismas instituciones.  Y el asunto no se resolvía solo reconociendo el problema sin que la sociedad y sus dirigentes tomaran la iniciativa para enfrentar los dos males.

Tampoco se resolvía poniendo el grito en el cielo ni elevando el listón de la moralidad con las opiniones de mundo y Raymundo. El asunto requería decisión y voluntad política, y se hizo, y ante el reclamo de la sociedad las autoridades dieron el paso y pidieron el apoyo de la OEA. Hay que reconocerlo, el gobierno escuchó las exigencias éticas de la sociedad, lo cual era necesario, y acudió  a pedir el apoyo  del foro continental más importante. Y de allí surgió la Maccih.

La misión está trabajando intensamente, pero su trabajo no es asunto de meses, llevará mucho tiempo de inmensa dedicación para empezar a ofrecer resultados, que no deben estar manchados con imprecisiones que señale como culpables a quienes no lo son y en cambio deje en libertad a los que de verdad hayan cometido los desafueros, los robos y los demás delitos. La Maccih no se puede dar el lujo de cometer errores, recordemos bien que los políticos más señalados porque sus acciones y sus hechos los delatan, andan con la amenaza a flor de labio, advirtiendo que entablarán demandas contra todos aquellos que se atrevan a mencionarlos. Estos políticos que se consideran más honrados que la madre Teresa de Calcula,  son la arrogancia en estado químicamente puro.

No es nada extraño que quienes dejan escapar con cierta sorna su crítica a la Maccih, haciéndola aparecer como un organismo de lujo que no da resultados, desacreditándola,   en el fondo es porque están deseosos   que la misión se vaya del país, y vaya usted a saber porqué, pero por algo será. De lo que estamos seguros es que esos críticos de la Maccih no son buenos hondureños, son políticos inhumanos que pasan por honrados, pero con una doble moral que los invalida por la bastardía política de que hacen gala. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 20 de febrero de 2017.

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