Augurios de sequía en el sur

enero 21, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

A finales de los años 90 mientras acompañábamos al ministro de Educación, abogado Ramón Cálix Figueroa, a una reunión con el gabinete educativo del Banco Mundial en Washington, para tratar asuntos concernientes al Programa Hondureño de Educación Comunitaria (PROHECO), al finalizar la jornada de trabajo en el BM, decidimos visitar el Museo Smithsoniano de la capital de EEUU, un referente de la historia de la humanidad, para conocer más de la historia antigua de nuestro país. Lo que creíamos sería un paseo rutinario de un par de horas se convirtió en una extensa visita que nos ocupó por casi 6 horas para poder leer los datos sobre la historia antigua de Honduras. Y uno de los aspectos que nos llamó profundamente la atención fueron las condiciones climáticas imperantes en nuestro país hace más de 22 mil años.



Vimos el mapa climático hondureño, regionalizado, desde entonces el clima de la región norte era cálido y lluvioso a la vez y con temperaturas altas; la región central tenía un clima variado, siendo la parte centro occidental más seca y calurosa, la propiamente parte central que hoy es la capital, con clima más fresco y la parte centro oriental era más húmeda y propensa a las lluvias, pero nuestra región del sur desde entonces era intensamente calurosa y seca. Con el ministro Cálix Figueroa nos preguntábamos que tan creíbles eran esos datos que se remontaban 22 mil años atrás. Las explicaciones constaban al pie del mapa, eran datos avalados por estudios científicos dirigidos por las instituciones especializadas en el estudio de la historia del tiempo y los climas del planeta desde que se tiene noción del nacimiento de la humanidad.

Los tiempos han evolucionado igual que las naciones, y el estado del tiempo y el clima han tenido desde entonces una constante de cambios dentro de las variables que se han dado en el planeta por las conductas de los habitantes en los diferentes países, y en la medida que la revolución industrial se llenó de maquinarias que demandaban las fábricas para aumentar sus metas de producción, más humos y más gases fueron lanzados al espacio, y cuando las ganaderías de diferentes especies se multiplicaron en millones de cabezas, los gases de sus excrementos se convirtieron junto a todos los demás gases en una bomba gigantesca que torpedeó la atmósfera, provocando un agujero en la capa de ozono por donde empezaron a penetrar sustancias y elementos del espacio sideral que estaban bloqueados por la atmósfera, que a manera de un muro de contención formado por la inmensidad del aire, nos protegía a los habitantes del planeta.

Por ese agujero en la capa de ozono, penetraron elementos que modificaron el clima en la Tierra, más los malos hábitos de los humanos que agravaron las condiciones del planeta, nos deja un clima con cambios abruptos como los que están experimentando todos los países. Pero, en el caso de Honduras, en los registros históricos que existen en el Museo Smithsoniano de Washington, el clima sigue siendo igual que hace 22 mil años. Y la región más propensa a la sequía inclemente es la zona sur de nuestro país, donde lo que predomina históricamente es el calor y las sequías.

Debe formularse una política especial para atender en forma institucional esta predominancia de sequías en nuestra zona sur, por lo que amerita un plan para el aprovechamiento de aguas, sean hidrográficas naturales, o por captación y preservación de aguas lluvias, para los diferentes usos en tiempos de sequía.

Hay que salir de las penosas improvisaciones, la historia nos dice con claridad que la zona sur siempre ha sido y siempre será zona de sequías, por lo tanto, ya no hay razón para esperar que el clima será benigno alguna vez, y será cuando San Isidro Labrador quite el sol y ponga el agua que los sureños tendrán lluvias abundantes para poder bañarse todos los días y sembrar lo que se les ocurra. Esto no debe ser tratado con mentalidad especulativa como si viviéramos en la era de Trucutú en la edad de piedra, esto solo pasa en los países que viven bajo la monarquía de la improvisación.

Si desde hace 22 mil años la zona sur es una región donde el régimen de lluvias es escaso por lo que prevalecen las sequías, para que nuestros habitantes sureños puedan vivir de la agricultura y tener ganado robusto en carne y leche, hay que propiciar las condiciones para recolectar aguas, y para eso es necesario formular un plan con la asistencia y asesoría de los países que nacieron en los desiertos y han aprendido a sobrevivir y a progresar con la razonable cantidad de agua que pueden captar para los distintos usos.

Lo que no debemos soportar los hondureños es seguir viviendo con la inveterada costumbre de enfrentar los problemas con improvisaciones, que nos exhiben como un reinado de ineficiencia e incompetencia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 21 de enero 2020.